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¿Y si la solución al tráfico estuviera en los ríos?

Hace unos días estaba viendo Google Maps. No buscaba una dirección. Estaba tratando de entender San José. Entre calles, edificios, urbanizaciones y carreteras, algo empezó a llamar mi atención: los ríos.

Desde arriba se ven distintos. No como obstáculos, sino como líneas que atraviesan la ciudad y, de alguna manera, conectan lugares que normalmente vemos separados. Entonces recordé una conversación con Juan, un gran amigo venezolano, sobre la propuesta de Rutas Naturbanas.

Juan me había dicho algo que en ese momento parecía una observación sencilla:

“En Google se puede apreciar el corredor que forman los ríos.”

Volví a mirar el mapa y pensé: ¿y si esos corredores pudieran convertirse también en corredores de movilidad? La pregunta me llevó a otra, mucho más importante:

¿Y si para resolver el tráfico primero tuviéramos que hacer ciudad?

El tráfico también se construye

Durante años hemos tratado el tráfico como si fuera solamente un problema de carreteras. Más carriles. Más pasos elevados. Más intercambios. Más semáforos.

Todo eso puede ser necesario. Pero hay una pregunta anterior:

¿Dónde vive la gente y dónde trabaja?

Porque nadie sale de su casa en la mañana con el propósito de generar tráfico. Sale porque tiene que llegar a algún lugar: al trabajo, a la escuela, a una universidad, a un hospital, a un comercio o a un centro de servicios.

El tráfico es, en buena medida, la consecuencia de las distancias entre esos lugares y de la forma en que hemos decidido conectarlos. Por eso creo que Costa Rica necesita ampliar la conversación. No solo tenemos que gestionar la movilidad. Tenemos que gestionar cómo hacemos ciudad.

Pavas podría ser nuestro laboratorio

Pensemos en Pavas. Con más de 83.000 habitantes, Pavas fue el distrito más poblado del país según las estimaciones distritales del INEC para 2022.

Pero Pavas no está lejos de la ciudad. Está frente a algunos de los principales polos urbanos, empresariales y de servicios de la Gran Área Metropolitana. Nunciatura. La Sabana. Escazú. Santa Ana. Desde Google Maps, la proximidad es evidente. Desde la calle, muchas veces no.

Entre esos lugares aparecen ríos, carreteras, vías ferroviarias, pendientes, urbanizaciones, muros y espacios donde simplemente se interrumpe la posibilidad de caminar o andar en bicicleta. La ciudad ya está ahí.

El problema es que muchas veces la vemos como piezas separadas. Pavas por un lado. Nunciatura por otro. La Sabana por otro. Escazú y Santa Ana más adelante. ¿Y si empezáramos a verlas como partes de un mismo sistema urbano?

El río como corredor

Aquí es donde Rutas Naturbanas adquiere una dimensión distinta. Normalmente pensamos en un río como un elemento ambiental que debemos proteger. Y debemos hacerlo. Pero un río también puede ser un corredor natural que atraviesa la ciudad.

Un espacio que, donde las condiciones lo permitan, puede ayudar a conectar barrios, parques, transporte público, centros de empleo y servicios sin depender exclusivamente de las grandes carreteras.

Por supuesto, no significa poner una acera junto a cada río. Hay topografía, propiedad, inundaciones, estabilidad de terrenos, infraestructura, puentes y seguridad que resolver. Habrá lugares donde se necesitarán senderos; otros requerirán puentes, cruces, iluminación o conexiones con ciclovías y transporte público.

Y habrá otros donde lo correcto será preservar. Pero la idea fundamental es poderosa: los ríos pueden formar parte de la infraestructura de movilidad de la ciudad.

Caminar también es transporte

Hay una diferencia importante entre caminar por recreación y caminar para llegar a algún lugar. Caminar un domingo por un sendero es recreación. Poder caminar de la casa al trabajo, a la escuela, a un restaurante, a un parque o a una estación de transporte es infraestructura.

Y si queremos reducir nuestra dependencia del automóvil, necesitamos construir esa infraestructura.

No se trata de declarar una guerra contra el carro. El automóvil seguirá siendo necesario para muchas personas y muchos viajes. La verdadera meta debería ser otra:

  • Que usar el carro sea una elección y no la única alternativa.
  • No necesitamos que todos dejen el carro.
  • Necesitamos que suficientes personas tengan una alternativa suficientemente buena para que el sistema funcione mejor.

También hacemos ciudad cuando desarrollamos

Aquí la conversación toca directamente al desarrollo inmobiliario. Durante mucho tiempo hemos evaluado los proyectos por sus metros cuadrados, densidad, parqueos, amenidades y rentabilidad.

Pero deberíamos agregar otra pregunta:

¿Con qué parte de la ciudad conecta este proyecto?

Un edificio puede ser exitoso comercialmente y, al mismo tiempo, aumentar la dependencia del automóvil si sus residentes necesitan manejar para absolutamente todo. Cada vivienda que construimos sin conexión fortalece el carrocentrismo. Por eso, cada nuevo proyecto debería preguntarse también qué tiene alrededor.

  • ¿Hay transporte público?
  • ¿Hay aceras?
  • ¿Hay parques?
  • ¿Hay escuelas?
  • ¿Hay comercio?
  • ¿Hay empleo?
  • ¿Hay una ruta segura para caminar o andar en bicicleta?
  • ¿Puedo llegar a algún lugar importante sin encender el carro?

En otras palabras:

¿Qué tan caminable es mi vida desde aquí?

Esa podría convertirse en una de las preguntas más importantes del desarrollo urbano de las próximas décadas.

Hacer ciudad es conectar

San José no necesita inventar una ciudad desde cero. La ciudad ya existe. Tenemos barrios, empresas, universidades, hospitales, parques, centros comerciales, zonas residenciales y centros de empleo.

Lo que muchas veces nos falta es conectarlos. Y ahí Rutas Naturbanas puede ser mucho más que un proyecto de recreación.

Puede ser parte de una red de movilidad urbana, una red que conecte comunidades con estaciones de transporte, barrios con centros de empleo, viviendas con servicios, Pavas con Nunciatura, Nunciatura con La Sabana, La Sabana con otros corredores urbanos y esos corredores, eventualmente, con Escazú y Santa Ana.

No necesariamente como una sola ruta continua, sino como una red de conexiones que permita que la ciudad funcione como ciudad.

Quizás estamos haciendo la pregunta equivocada

Durante años hemos preguntado:

¿Cómo hacemos para que haya menos tráfico?

Tal vez deberíamos preguntar:

¿Cómo hacemos para que las personas tengan que desplazarse menos en carro?

La diferencia es enorme. La primera pregunta nos lleva principalmente a construir capacidad vial. La segunda nos obliga a pensar en vivienda, empleo, transporte público, espacio público, parques, comercio, densidad y movilidad activa.

Nos obliga a pensar dónde queremos que la gente viva y dónde queremos que pueda trabajar.

Y, sobre todo, cómo conectamos ambos lugares. Eso es hacer ciudad.

Volvamos al mapa

Por eso aquella frase de Juan se me quedó dando vueltas:

“En Google se puede apreciar el corredor que forman los ríos.”

Quizás el problema no es que los corredores no existan. Quizás el problema es que no hemos aprendido a verlos. Desde abajo vemos una calle, un río, una urbanización, una carretera. Desde arriba podemos empezar a ver una red.

Y cuando uno mira San José de esa manera, aparecen posibilidades:

  • Pavas deja de ser simplemente un lugar de donde salen miles de personas todos los días.
  • Puede convertirse en una puerta de conexión.
  • Los ríos dejan de ser únicamente límites naturales; pueden convertirse, donde sea técnica y ambientalmente viable, en corredores de movilidad.

Pueden convertirse en piezas de una ciudad más conectada.

Tal vez esa sea la conversación que necesitamos. Porque resolver el tráfico no necesariamente significa mover más carros.

Significa mover mejor a las personas. Y, para hacerlo, necesitamos dejar de pensar solamente en cómo nos movemos por la ciudad. Necesitamos empezar a pensar en cómo hacemos ciudad.

Ahora que lo pienso, tengo pendiente continuar aquella conversación con Juan. Pero la próxima vez le voy a proponer algo diferente: que nos juntemos en un café al que podamos llegar caminando. Quizás, mientras tomamos el café, encontremos la próxima conexión que le hace falta a San José. O, mejor dicho, el próximo lugar donde podamos empezar a hacer ciudad.