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¿Qué significa realmente liderar hoy?

Durante mucho tiempo asociamos el liderazgo con la capacidad de tener respuestas, tomar decisiones y decirle a un equipo hacia dónde debía ir. Pero las organizaciones han cambiado.

Hoy trabajamos en entornos mucho más dinámicos, con estructuras menos rígidas, procesos de transformación constantes y una tecnología, especialmente la inteligencia artificial, que está modificando rápidamente nuestra manera de trabajar. En este escenario, probablemente una de las mayores capacidades de un líder ya no sea resolver toda la incertidumbre, sino aprender a navegarla junto con su equipo.

Y esa idea cambia bastante nuestra forma de entender el liderazgo.

Una organización no es una máquina

Una organización se parece mucho más a un organismo vivo que a una máquina compuesta por piezas que simplemente ejecutan tareas. Está formada por personas que conversan, toman decisiones, colaboran, se equivocan, aprenden y construyen relaciones. La calidad de esas interacciones puede generar algo mucho más poderoso: inteligencia colectiva.

Por eso, al analizar una organización, hay tres dimensiones que no deberíamos separar: estructura, cultura y personas. La estructura determina quién hace qué, quién toma decisiones y cómo circula la información. La cultura se manifiesta en aquello que ocurre incluso cuando nadie está supervisando. Y las personas experimentan las consecuencias de ambas.

Aquí aparece una pregunta importante para quienes tenemos responsabilidades de liderazgo: ¿qué tipo de entorno estamos creando para que las personas puedan hacer bien su trabajo?

Liderar es conectar

Quizá esta sea una de las definiciones de liderazgo que más sentido tiene en las organizaciones actuales, donde el líder funciona como un puente.

Conecta la estrategia de la organización con lo que las personas hacen todos los días, las necesidades del negocio con las de quienes forman parte de él y las decisiones del presente con la organización que queremos construir en el futuro.

Eso significa que liderar no puede reducirse a asignar tareas. Planificar significa orientar; organizar, distribuir adecuadamente recursos y responsabilidades; dirigir implica influir, comunicar, escuchar y acompañar; y controlar debería entenderse como seguimiento para aprender y mejorar, no simplemente como vigilancia.

El líder también construye el clima emocional

Muchas veces hablamos de estrategia, indicadores, productividad y resultados, pero olvidamos otra variable que influye todos los días en el desempeño de los equipos: el estado emocional de la organización.

La forma en que un líder reacciona ante un problema, escucha una idea, enfrenta un error o responde cuando algo no sale según lo esperado transmite un mensaje al resto del equipo. Puede generar confianza o temor, incentivar conversaciones o silencios y facilitar la colaboración o provocar que cada persona simplemente intente protegerse.

Por eso cobra tanta relevancia la seguridad psicológica: construir espacios donde las personas puedan hablar, preguntar e incluso equivocarse sin miedo.

Al final, el liderazgo se demuestra en lo cotidiano

Probablemente el liderazgo no se demuestra en una presentación sobre valores corporativos. Se demuestra cuando un colaborador comete un error, cuando debemos dar feedback, cuando alguien cuestiona una decisión, cuando tenemos que comunicar algo difícil o cuando un equipo atraviesa incertidumbre.

Las conversaciones difíciles pueden convertirse, precisamente, en algunos de los momentos que más definen la calidad de un líder.

Por eso me quedo con una idea sencilla: Liderar no consiste únicamente en conseguir que las personas hagan cosas. Consiste en construir las condiciones para que las personas puedan aportar, aprender, decidir y crecer mientras avanzamos hacia un objetivo común.

Y quizá por eso el liderazgo nunca termina de aprenderse. Porque no es simplemente un talento con el que algunas personas nacen. Es una práctica que desarrollamos todos los días.