En Costa Rica, hablar de pequeñas y medianas empresas es hablar de una parte esencial de nuestra economía. Las pymes representan la gran mayoría del tejido empresarial y tienen un papel fundamental en la generación de empleo, la actividad productiva y el desarrollo económico.
Sin embargo, hay una precisión que merece atención: cuando hablamos de una PYME, no siempre estamos hablando de lo mismo.
El término es ampliamente conocido por su relación con el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), que establece una clasificación empresarial para identificar a las micro, pequeñas y medianas empresas y facilitar su acceso a programas de apoyo, financiamiento y otras políticas públicas.
Pero existe otro uso del término en el ámbito contable. La Norma de Contabilidad NIIF para las pymes, una norma internacional adoptada en Costa Rica, utiliza el concepto de pequeñas y medianas entidades para determinar qué empresas pueden utilizar este marco para preparar y presentar su información financiera.
La diferencia es importante porque una clasificación empresarial y un marco contable cumplen funciones distintas.
Una empresa puede estar clasificada como PYME ante el MEIC y, al mismo tiempo, debe analizar si reúne las condiciones para aplicar la Norma de Contabilidad NIIF para las pymes. De igual manera, una empresa que no cuenta con una certificación como PYME ante el MEIC podría cumplir con las condiciones establecidas por la normativa contable para utilizar este marco.
Esto significa que el “Sello Pyme” y la aplicación de la Norma de Contabilidad NIIF para las Pymes no son dos pasos de un mismo proceso ni uno determina automáticamente al otro. Cada uno responde a una finalidad diferente.
La distinción adquiere mayor relevancia cuando observamos el peso que tienen estas empresas en nuestra economía. De acuerdo con el Índice de Políticas para Pymes: América Latina y el Caribe 2024, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), las Pymes representan el 99,5% de las empresas de la región.
Ese dato nos recuerda que no estamos hablando de un grupo reducido de empresas, sino de la estructura empresarial predominante en América Latina. Por ello, es necesario que las empresas registren, revelen y presenten su información financiera bajo un marco contable.
¿Dónde está entonces la diferencia?
Podemos resumirla de una manera sencilla.
El MEIC utiliza determinados criterios para clasificar una empresa como micro, pequeña o mediana, con el propósito de identificarla dentro de las políticas públicas dirigidas a este sector.
La Norma de Contabilidad NIIF para las pymes, por su parte, establece un marco contable para determinadas entidades. Entre los aspectos que considera está que la entidad no tenga obligación pública de rendir cuentas, además de sus propias características y de la forma en que utiliza y presenta su información financiera.
Este último criterio merece una explicación. Cuando la norma habla de una entidad con obligación pública de rendir cuentas, se refiere principalmente a situaciones específicas, como aquellas en las que sus instrumentos de deuda o patrimonio se negocian en un mercado público, o aquellas entidades que mantienen activos de terceros en calidad fiduciaria como una de sus actividades principales.
Por tanto, no se trata de determinar si una empresa debe rendir cuentas en términos generales, sino de establecer si reúne las condiciones para utilizar un determinado marco de información financiera.
La importancia de no confundir los conceptos
Una de las principales consecuencias de mezclar ambas definiciones es asumir que tener o no tener la condición de PYME ante el MEIC determina automáticamente el tratamiento contable de una empresa.
No es así.
La aplicación de la Norma de Contabilidad NIIF para las pymes requiere analizar las características particulares de cada entidad y las disposiciones contables que correspondan. Del mismo modo, contar con una certificación de PYME emitida por el MEIC no significa, por sí solo, que una empresa deba aplicar automáticamente este estándar.
La labor contable exige precisamente realizar esa diferenciación y determinar cuál es el marco normativo que corresponde en cada caso.
En este sentido, la claridad conceptual no es un asunto menor. Saber qué significa PYME en cada contexto ayuda a evitar interpretaciones equivocadas y permite que las empresas, sus propietarios, administradores y usuarios de la información financiera conozcan mejor sus responsabilidades y el marco que les corresponde.
El objetivo no es escoger entre una definición y otra. Ambas cumplen una función necesaria. El reto está en entender que una clasificación empresarial y un tratamiento contable son asuntos diferentes, aunque compartan una misma palabra.
En tiempos en los que las empresas necesitan información financiera confiable para tomar decisiones, acceder a financiamiento, relacionarse con proveedores y clientes y cumplir con sus obligaciones, tener claridad sobre las reglas aplicables es también una forma de fortalecer la transparencia y la confianza.
