Para Centroamérica y el Caribe, el organismo proyecta temperaturas superiores a lo normal y, especialmente en el sur de la región, menos lluvias de las habituales.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que el actual episodio de El Niño continúe fortaleciéndose durante los próximos meses hasta alcanzar una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. Para Centroamérica, ese escenario viene acompañado de mayores probabilidades de temperaturas superiores a lo normal y, especialmente en el sur de la región, de precipitaciones por debajo de los niveles habituales.
Los pronósticos de los Centros Mundiales de Producción de la OMM sitúan en prácticamente el 100 % la probabilidad de que El Niño persista entre septiembre y noviembre de 2026 y entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. Los modelos coinciden además en que el fenómeno continuará intensificándose antes de alcanzar su punto máximo hacia finales de este año.
Para Centroamérica y el Caribe, la actualización climática mundial de la OMM proyecta probabilidades de entre el 70 % y el 80 % de registrar temperaturas por encima de lo normal durante el trimestre comprendido entre septiembre y noviembre, con un alto nivel de coincidencia entre los distintos sistemas de predicción.

Sur de Centroamérica presenta señales de menos lluvias
El panorama de las precipitaciones también coloca a la región entre las zonas que podrían experimentar efectos asociados con El Niño. La OMM señala que el sur de Centroamérica y el Caribe presentan una mayor probabilidad de lluvias por debajo de lo normal entre septiembre y noviembre.
La OMM señala que esa tendencia ya se observó durante los últimos meses. El análisis de las condiciones registradas entre mayo y julio de 2026 encontró temperaturas superiores a lo normal en Centroamérica y el Caribe, mientras que en el sur de Centroamérica predominaron anomalías negativas de precipitación. La organización considera que esos patrones son coherentes con la respuesta atmosférica asociada al desarrollo de El Niño.
La OMM advierte, sin embargo, que un episodio muy fuerte de El Niño no produce automáticamente los mismos efectos en todos los países. Las condiciones de los océanos Atlántico e Índico, así como otros factores climáticos regionales, pueden reforzar, debilitar o modificar sus consecuencias, por lo que los pronósticos nacionales deben apoyarse en la información de los servicios meteorológicos de cada país.

Pacífico ecuatorial continúa calentándose
La intensificación del fenómeno responde al rápido calentamiento del Pacífico ecuatorial central y oriental. El índice Niño 3.4 pasó de una anomalía de +0,9 °C en mayo a +2 °C en julio, mientras que entre finales de julio y mediados de agosto los registros semanales oscilaron entre aproximadamente +2,2 °C y +2,6 °C.
El índice Niño 3.4 mide cuánto se calientan o enfrían, respecto de lo normal, las aguas de una zona clave del Pacífico ecuatorial utilizada para monitorear la evolución de El Niño y La Niña.
Bajo la superficie del océano, la OMM detectó una acumulación todavía mayor de calor. En algunas zonas, las temperaturas subsuperficiales llegaron a superar en más de 8 °C los valores habituales. Los modelos multimodales proyectan que la anomalía media podría alcanzar alrededor de +3,6 °C durante septiembre-noviembre, con una trayectoria de intensificación que alcanzaría su máximo entre noviembre y diciembre.
La secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, advirtió que el fortalecimiento del fenómeno aumenta los riesgos para comunidades y economías expuestas a eventos extremos.
Pese a su nombre aparentemente inofensivo, El Niño tiene el potencial de asestar un duro golpe a comunidades y economías de todo el mundo. Somos testigos de las perturbaciones y la devastación que causan sequías e inundaciones y, según las previsiones, estos efectos se agravarán a medida que se intensifique El Niño”.
Saulo agregó:
Este episodio excepcional de El Niño exige medidas de preparación y respuesta excepcionales. En 50 años de historia de la OMM nunca antes habíamos emprendido una movilización tan importante junto con los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales (SMHN), quienes encabezan el suministro de pronósticos y servicios para salvar vidas y proteger medios de subsistencia”.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, señaló que “el fenómeno de El Niño está adquiriendo enormes proporciones ante nuestros ojos. La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se adentra en aguas desconocidas, aguas que se están calentando”.
La temperatura de la superficie del mar es cada vez más alta, las temperaturas no dejan de subir y el mundo se encuentra ya en la zona de peligro de los fenómenos meteorológicos extremos. Estamos ahora en una carrera contrarreloj entre los riesgos crecientes y nuestro compromiso de emprender acciones para hacer frente al clima y proteger a las personas. Y es una carrera que no podemos perder”.
La OMM recalcó que El Niño constituye un fenómeno climático natural y no está causado por el cambio climático, aunque ocurre actualmente en un contexto de temperaturas globales y oceánicas elevadas. La organización prevé que la influencia del episodio sobre el clima continúe durante 2027, incluso después de que el calentamiento del Pacífico alcance su máximo.
