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Mayoría de estadounidenses respalda límites a nuevos centros de datos por su impacto ambiental

La preocupación por los efectos ambientales de la inteligencia artificial aumentó en el último año y alcanza también a una parte importante de los republicanos.

La preocupación de los estadounidenses por el impacto ambiental de la inteligencia artificial (IA) aumentó durante el último año, mientras una mayoría de la población respalda imponer límites a la construcción de nuevos centros de datos y exigir que estas instalaciones utilicen fuentes de energía limpia.

Una encuesta del Centro de Investigación de Asuntos Públicos de The Associated Press-NORC y el Instituto de Política Energética de la Universidad de Chicago determinó que el 53% de los adultos estadounidenses está muy o extremadamente preocupado por los efectos ambientales de la IA, frente al 41% que respondió de esa manera en 2025. Además, el 78% manifestó al menos algún grado de preocupación.

El cambio resulta particularmente pronunciado entre los estadounidenses de entre 18 y 29 años: el porcentaje que expresa una preocupación elevada pasó del 38% en 2025 al 60% este año. Asimismo, el 47% de los encuestados considera ahora que la inteligencia artificial perjudicará al ambiente más de lo que lo beneficiará, frente al 33% registrado un año atrás.

La inquietud presenta diferencias políticas, aunque alcanza a los distintos grupos. Cerca de dos tercios de los demócratas dijeron estar muy o extremadamente preocupados por las consecuencias ambientales de la IA, frente a aproximadamente la mitad de los independientes y cuatro de cada diez republicanos. Entre los demócratas, el nivel de preocupación rondaba la mitad de los consultados en 2025.

Las diferencias disminuyen cuando la consulta se concentra específicamente en los centros de datos. Cerca de seis de cada diez estadounidenses respaldan limitar la cantidad de nuevas instalaciones que pueden construirse y la medida cuenta con apoyo mayoritario tanto entre demócratas como entre republicanos, según los resultados divulgados este miércoles.

Los centros de datos albergan los servidores y procesadores necesarios para ejecutar servicios digitales y desarrollar modelos de inteligencia artificial. La expansión de esta tecnología aumentó las necesidades de infraestructura y electricidad: la Agencia Internacional de Energía calculó que el consumo eléctrico mundial de los centros de datos creció un 17% durante 2025 y proyecta que podría pasar de unos 485 teravatios hora ese año a cerca de 950 teravatios hora en 2030.

En Estados Unidos, el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley calcula que estas instalaciones podrían representar alrededor del 11,8% de todo el consumo eléctrico del país en 2030, aunque sus escenarios contemplan un rango de entre 9,5% y 15,3%. El cálculo considera, entre otros factores, el crecimiento de los servidores especializados utilizados para inteligencia artificial.

La expansión también está modificando la ubicación de esta infraestructura. Estados Unidos cuenta con más de 3.000 centros de datos operativos y más de 1.500 adicionales en distintas etapas de desarrollo. Aunque el 87% de las instalaciones existentes se encuentra en zonas urbanas, el 67% de las proyectadas está en zonas rurales, de acuerdo con un análisis publicado en abril por el Pew Research Center.

La encuesta mostró que una mayoría de estadounidenses también expresa una elevada preocupación por el posible efecto de estos proyectos sobre las tarifas de electricidad y el suministro de agua. Los centros necesitan electricidad para operar sus equipos y, dependiendo del sistema utilizado, grandes cantidades de agua para refrigerarlos, por lo que su impacto puede concentrarse en las comunidades donde se instalan.

Fengqi You, ingeniero de sistemas energéticos de la Universidad Cornell, explicó a AP que el consumo de agua de los centros de datos resulta “modesto a nivel nacional, pero potencialmente decisivo a nivel local”. Una instalación de gran tamaño, agregó, puede ejercer una presión considerable sobre los recursos disponibles en municipios pequeños.

La preocupación también se refleja en las fuentes utilizadas para abastecer estas instalaciones. Cerca de dos tercios de los adultos estadounidenses apoyan exigir que los centros de datos utilicen energía limpia, como la solar o la eólica. La medida recibe el respaldo de aproximadamente ocho de cada diez demócratas y del 56% de los republicanos.

El Gobierno del presidente Donald Trump mantiene, en contraste, una política orientada a acelerar la expansión de la infraestructura estadounidense de inteligencia artificial. Su plan de acción sobre IA contempla agilizar permisos para centros de datos, instalaciones de fabricación de semiconductores y proyectos energéticos, además de habilitar terrenos federales para parte de esa infraestructura. La administración sostiene que estas medidas resultan necesarias para competir tecnológicamente con China.

En julio, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos también emitió una directriz que amplió las posibilidades de que los centros de datos operen con instalaciones propias de generación eléctrica que no estén conectadas a la red pública. Paralelamente, la Casa Blanca impulsó un compromiso mediante el cual desarrolladores y empresas asumieron financiar la generación y la infraestructura eléctrica que necesiten sus proyectos, con el objetivo declarado de evitar que esos costos recaigan sobre otros consumidores.

Pese a las preocupaciones, una parte de la población también identifica beneficios. Cerca de una cuarta parte de los estadounidenses considera que los centros de datos aportan mucho al avance tecnológico y alrededor de dos de cada diez opinan lo mismo sobre la creación de empleo. Los republicanos muestran una valoración más positiva de esos beneficios que los demócratas, aunque tres de cada diez republicanos consideran que estas instalaciones aportan poco o nada a la infraestructura y al empleo.

La encuesta consultó a 3.424 adultos entre el 7 y el 24 de julio de 2026 mediante una combinación del panel probabilístico AmeriSpeak de NORC y paneles en línea. El estudio tiene un margen de error de más o menos 2,2 puntos porcentuales.