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La inteligencia artificial necesita un tratado mundial antes de que sea demasiado tarde

No soy científico ni experto en inteligencia artificial. Soy un ciudadano que observa con atención lo que está ocurriendo y que se pregunta algo muy sencillo: ¿estamos preparados para controlar una tecnología que avanza mucho más rápido que nuestras leyes?

La inteligencia artificial ya dejó de ser una promesa del futuro. Está aquí. Es capaz de escribir, programar, analizar grandes cantidades de información, crear imágenes, resolver problemas complejos y ayudar en áreas como la medicina y la investigación científica.

Y probablemente esto apenas comienza.

Precisamente por eso considero necesario que las Naciones Unidas impulsen un Protocolo Mundial para la Seguridad de la Inteligencia Artificial.

No propongo detener la inteligencia artificial. Tampoco prohibirla. Al contrario: debemos permitir que continúe desarrollándose y que sus beneficios lleguen a la humanidad. Pero una tecnología con capacidades cada vez mayores necesita reglas proporcionales a esas capacidades.

Un protocolo internacional podría establecer estándares mínimos de seguridad para los sistemas avanzados de IA; mecanismos independientes de supervisión; procedimientos para informar incidentes graves; cooperación entre países; y obligaciones especiales para los sistemas que puedan representar riesgos extraordinarios.

La razón es sencilla: la inteligencia artificial no conoce fronteras.

Un sistema desarrollado en un país puede ser utilizado en otro. Una falla grave puede tener consecuencias internacionales. Y, si algún día llegamos a crear sistemas con capacidades muy superiores a las actuales, sería peligroso que cada nación actuara por su cuenta y con reglas completamente diferentes.

La humanidad ya ha creado instituciones internacionales para enfrentar problemas que ningún país puede resolver por sí solo. La seguridad de la inteligencia artificial podría convertirse en uno de esos desafíos.

Costa Rica también tiene algo que aportar. No necesitamos ser una potencia tecnológica para participar en esta conversación. Los países pequeños también pueden presentar ideas, promover acuerdos y recordar que detrás de toda innovación existen personas y sociedades que deben ser protegidas.

Mi propuesta es preventiva: no esperemos a que ocurra un accidente de grandes proporciones para comenzar a establecer las reglas.

La inteligencia artificial puede convertirse en una de las herramientas más extraordinarias creadas por nuestra especie. Pero, precisamente porque puede ser extraordinaria, debemos asegurarnos de que su desarrollo permanezca acompañado de responsabilidad humana.

El futuro de la inteligencia artificial no debería decidirse solamente en los laboratorios de las grandes empresas tecnológicas ni exclusivamente por los gobiernos más poderosos.

Debería existir una conversación mundial. Y esa conversación debería comenzar ahora.

Porque cuando hablamos de la seguridad de la inteligencia artificial, en última instancia, no estamos hablando solamente de máquinas. Estamos hablando de nuestro futuro.