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Imagen principal del artículo: El sin sabor de una comerciante cartaginesa
Foto: Facebook @munidecartago

El sin sabor de una comerciante cartaginesa

Cómo duele sentir y vivir en carne propia que tu provincia y tu país entero están cambiando el rumbo de la paz por uno de odio e irrespeto. Toda la vida he sido de Cartago centro y nunca antes, en mis 38 años de vida, había presenciado lo que ocurrió el pasado lunes 14 de setiembre, empezando con el cierre de negocios, cuya comunicación fue la peor que he visto porque, básicamente, fue nula. A los comercios que estábamos dentro del perímetro de cierre y que pagamos responsablemente nuestras patentes nunca se nos comunicó formalmente el cierre. Aquí sigo esperando.

La mayoría nos dimos cuenta, como yo, a través de redes sociales y noticieros, y el “teléfono chocho” que se hizo después del primer comunicado nos dejó todavía más confundidos, para que al final indicaran que se instaba a realizar cierres voluntarios, cosa que cabe resaltar nunca había pasado en Cartago un 14 de setiembre.

Por el respectivo cierre “voluntario” tuve más tiempo para participar en la faroleada desde las 4 p. m., hora en la que empecé a ver toda clase de atrocidades: un perímetro totalmente bloqueado 100 metros a la redonda del parque, el ingreso restringido con cédula en físico y revisión policial de faroles. En pocas palabras, si su farol no era de su agrado, sencillo: no entraba. Vi personalmente a un par de mujeres con faroles que decían “Libertad y democracia” y “Sepamos ser libres, no siervos menguados”, palabras propias de nuestro Himno Nacional, a quienes no les permitieron pasar y les indicaron que sus mensajes eran ofensivos.

Y esto que les cuento era solamente para ingresar a las calles aledañas al parque. Para ingresar propiamente al parque había otro control policial, que vi tiempo después porque, al haber llegado temprano, entré por otro lado. Pude documentar que el arroz con pollo ya no era arroz con pollo, sino cantonés, papas tostadas, fresco y una bandera. Eso sí, no para todos los costarricenses, sino solamente para quienes venían bajándose de alguno de los buses contratados por el oficialismo. Personas de otras provincias, como Guanacaste, Limón y Alajuela, fueron algunas de las que escuché mencionar cuando les preguntaban el nombre y en cuál bus venían antes de darles el cantonés. Esto duele verlo. Jugar con el hambre de la gente es todo lo que no está bien.

Este control policial estaba permitiendo únicamente la entrada a chavistas y, por eso, pude presenciar cómo la Policía sacó a un muchacho que ya iba directo a la perrera, sin siquiera haber alterado el orden público. Este muchacho se libró de ser arrestado por la presión social generada por la comunidad opositora al tener grabaciones en vivo de lo ocurrido.

Quienes estuvimos el 14 de setiembre en la Plaza Mayor manifestándonos pacíficamente tuvimos que agruparnos frente al Almacén El Rey, separados de los chavistas por policías y barandas, y “aguantar” que, mientras nosotros cantábamos el Himno Nacional, el otro bando lanzara botellas y toda clase de insultos hacia nosotros.

Para usted, señor, que nos gritaba toda clase de improperios que no vale la pena repetir y que, simultáneamente, les decía a un par de niños que nosotros le damos la espalda a Costa Rica y que la queremos convertir en Cuba o Venezuela, espero que nunca se arrepienta de su decisión.

Para nuestros gobernantes: Cartago no olvida y, si hay algo que nos caracteriza, es la resiliencia y el arduo trabajo que tenemos inculcados como sociedad. Y para todos los demás, los invito a seguir construyendo patria y a no darnos por vencidos.