El día en que una persona o algún familiar cercano recibe la noticia de que ha iniciado con una condición que le acompañará por el resto de su vida es un instante que no se olvida y que, cada vez que se recuerda, hace un nudo en la garganta. Mi hija Paula fue diagnosticada a los 4 años con diabetes tipo 1. Por su edad, ella no entendió lo que sucedía y debo confesar que nosotros tampoco.
“Diabetes” fue una palabra nueva. No sabíamos qué significaría para ella ni qué habría que hacer de ese día en adelante.
Son muchas preguntas, algunas sin respuesta. ¿Qué va a pasar cuando vaya al kínder, a la escuela, al colegio? ¿Cuando vaya a un cumpleaños y le den confites? ¿Alguien la aceptará como novia con esta condición? ¿Podrá tener bebés?
Algo tan sencillo como la dinámica de las reuniones familiares se vuelve complicado. “A esta hora no puede comer”, “llegamos tarde porque se le bajó el azúcar” son frases que empezaron a sonar en nuestra dinámica cotidiana.
En el proceso hubo muchos cambios: de alimentación, horarios estrictos, estar pendientes de ella incluso durante las noches por miedo a una hipoglucemia. Tuvimos que aprender a inyectarla, a medirle la glucemia y a saber cuándo y por qué hacerlo.
Es un mundo nuevo que hay que afrontar de la noche a la mañana, aunque nadie te haya preparado para eso. Pero hay que aceptarlo, vivir el duelo por haber perdido un estilo de vida y volver a aceptar esa nueva realidad día a día.
Hoy, 27 años después, puedo decir que sí se puede vivir con diabetes y cumplir nuestros proyectos de vida. Mi hija Paula actualmente vive cada etapa de su vida con normalidad y se desempeña, de manera exitosa, como doctora en nutrición y educadora en diabetes, carreras que la han llevado a dar conferencias en todo el mundo. Además, está casada y espera a su primer bebé.
Es cierto que vivir con cualquier tipo de diabetes significa disciplina, educación, constancia, resiliencia, fuerza, ánimo, paciencia y muchas cosas más para lograr un buen manejo de la condición. Pero también es cierto que, con el acompañamiento familiar y la atención oportuna de profesionales de la salud, se puede llevar una vida saludable y plena.
Después de todos estos años, esos momentos tristes que marcaron el inicio de esta aventura también nos han traído buenas experiencias y testimonios que impactan la vida de otras personas con situaciones similares.
En nuestra vida, Dios siempre tuvo un excelente plan y fue, precisamente, impactar la vida de otras personas gracias a nuestra historia. Mi familia y yo logramos fundar una empresa que fabrica productos sin azúcar y una asociación para apoyar a personas que viven con diabetes, todo esto con el objetivo de contribuir con su bienestar y acompañarlas en su proceso con esta condición.
Para la Asociación DíaVida, la misión es crear una opinión confiable sobre lo que significa vivir con diabetes, porque ya tenemos 21 años de confirmar que, con educación continua, acompañamiento, tratamiento y medicamentos adecuados, se pueden alcanzar las metas y romper cualquier barrera que se ponga por delante.
Hoy seguimos aprendiendo y luchando para que cada persona, así como Paula, pueda alcanzar sus metas, sin importar la edad que tenga ni si ese diagnóstico llega cuando menos lo esperaba.
