Existe entre Francia y Costa Rica una relación singular, fundada en una larga historia de amistad, en valores compartidos y en una misma voluntad de defender un orden internacional basado en el derecho, el diálogo y la cooperación. Esta relación es hoy particularmente densa y dinámica. También está llamada a tomar una nueva dimensión, al servicio de nuestros conciudadanos.
Vivimos un momento de profunda transformación del mundo. La brutalidad y el cuestionamiento del orden internacional, la imprevisibilidad creciente, el retorno de los conflictos y la tentación de la ley del más fuerte debilitan los equilibrios que han permitido, desde hace décadas, construir un espacio de cooperación y progreso. En este contexto, los países que comparten los mismos valores no pueden contentarse con constatar estas evoluciones: deben trabajar más unidos.
Francia y Costa Rica tienen precisamente esta responsabilidad. Compartimos una misma confianza en el multilateralismo, en la fuerza del derecho internacional y en la capacidad de las Naciones Unidas para aportar respuestas colectivas a las crisis que atraviesa nuestro mundo. En un contexto internacional marcado por el retorno de la guerra y por el cuestionamiento de principios esenciales, tenemos una responsabilidad particular: la de hacer escuchar una voz a favor de la paz, de la resolución pacífica de los diferendos y del respeto del derecho internacional.
Igualmente, la cooperación entre nuestros dos países es natural cuando se trata de proteger nuestro planeta. Francia y Costa Rica fueron, en 2025, los dos países copresidentes de la 3.ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Océano, organizada en Niza. Esta conferencia constituyó un momento clave de movilización internacional a favor de la protección y del manejo sostenible de los océanos.
Los eventos climáticos recientes nos recuerdan con fuerza la urgencia de actuar. Europa ha vivido este año episodios de calor excepcionales, mientras que Costa Rica se enfrenta a los efectos de un fenómeno de El Niño particularmente marcado. Preservar la biodiversidad, los océanos y los recursos hídricos, luchar contra el cambio climático, acelerar la descarbonización de nuestras economías: son tantas las prioridades en las que, juntas, Francia y Costa Rica pueden y deben hacer más. Nuestra cooperación debe permitir de ahora en adelante transformar nuestras ambiciones comunes en proyectos concretos, movilizando a los poderes públicos, a los investigadores, a los inversionistas y a las empresas.
En este sentido, deseo situar la dimensión económica de mi visita a Costa Rica.
La alianza entre Costa Rica, Francia y la Unión Europea es sólida. Se basa en valores, pero también en reglas, compromisos e instrumentos que dan a nuestras relaciones económicas un marco duradero y previsible. El acuerdo de asociación entre la Unión Europea y América Central es un instrumento eficaz; constituye a este respecto una base esencial para desarrollar nuestros intercambios y nuestras inversiones.
En un mundo donde la incertidumbre se ha convertido en un factor económico mayor, esta previsibilidad es una fortaleza. Francia y la Unión Europea son socios fiables con los que Costa Rica puede contar, al igual que sabemos que podemos contar con Costa Rica. Para las empresas y los inversionistas, esta confianza, la estabilidad del marco jurídico y la capacidad de proyectar las iniciativas a largo plazo constituyen argumentos determinantes.
Costa Rica lo ha entendido desde hace varios años y ha hecho de la atractividad de su territorio y de la acogida de las inversiones extranjeras directas una prioridad de su política económica. La nueva administración se inscribe en esta dinámica. Puede apoyarse en ventajas considerables: la estabilidad política e institucional, el respeto al Estado de derecho, un entorno económico y social favorable, una mano de obra calificada, así como universidades y centros de investigación reconocidos.
Para una empresa que busca invertir a nivel internacional, estos factores son esenciales. Permiten proyectarse en el tiempo, reclutar y formar talentos, innovar y desarrollar actividades en un entorno de confianza.
Francia desea participar plenamente en esta dinámica. Como lo demostró el Foro Empresarial sobre la Ciudad Sostenible que se celebró en San José los días 1 y 2 de junio, nuestras empresas disponen de una experiencia reconocida mundialmente en ámbitos que corresponden directamente a las necesidades y ambiciones de Costa Rica: movilidad urbana y ferroviaria, transporte público, gestión y valorización de residuos, tratamiento y gestión del agua, energías renovables, eficiencia energética, infraestructuras digitales y tecnologías ambientales.
Esta presencia económica ya se traduce sobre el terreno. Vinci Aéroports opera el aeropuerto internacional de Liberia; Teleperformance y Newrest se encuentran entre los empleadores franceses más importantes del país, con más de 2 000 empleos directos entre ambos. El grupo martiniqués GBH reforzó su arraigo en 2024 y 2025 al asumir un actor mayor del alquiler de vehículos y concesiones automotrices, mientras que JCDecaux, Essilor, Decathlon y Schneider Electric confirman, cada uno en su sector, la diversidad de este compromiso. El número de exportadores franceses presentes en el mercado costarricense continúa aumentando año tras año.
Nuestras empresas también están involucradas en los grandes proyectos que diseñarán la Costa Rica del mañana: el tren eléctrico urbano de San José; el proyecto de teleférico urbano de Desamparados; y la modernización de Puerto Caldera. Los grandes grupos franceses, así como las medianas y las pequeñas empresas, están listos para responder a las licitaciones, establecer alianzas con los actores costarricenses e invertir más en el país. Pueden aportar tecnologías, financiamiento, competencias y una experiencia a largo plazo.
La reciente presentación del Plan Nacional de Desarrollo y de Inversión Pública para el periodo 2027-2030 constituye a este respecto una etapa importante. Las ambiciones mostradas por Costa Rica en materia de infraestructuras, modernización e inversión abren numerosas posibilidades de cooperación. Francia y sus empresas están listas para responder a ellas.
Esta dinámica se apoya, finalmente, en una sólida cooperación financiera. El grupo AFD está comprometido con Costa Rica desde 2019, junto a Proparco desde 2011, con más de 560 millones de euros en préstamos movilizados en apoyo al Plan Nacional de Descarbonización del país. Esta acción, orientada especialmente hacia la electricidad y la gestión del agua, en coordinación con el Banco Europeo de Inversiones y el Banco Centroamericano de Integración Económica, abre perspectivas concretas para nuestras empresas de servicios y equipamiento en los próximos años.
Esta ambición no es la de una relación comercial en un solo sentido. Queremos construir con Costa Rica alianzas mutuamente beneficiosas, creadoras de valor, empleo, innovación y competencias locales. Este es el sentido de nuestra concepción de una diplomacia económica moderna: acompañar a nuestras empresas y al mismo tiempo contribuir a las prioridades de desarrollo de nuestros socios.
En un mundo más incierto, la confianza se convierte en un valor estratégico. Francia, Costa Rica y la Unión Europea tienen algo valioso que ofrecer: relaciones basadas en la fiabilidad, la previsibilidad, el respeto de los compromisos y una visión a largo plazo.
