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Costa Rica quiere municipalidades más conectadas con el mundo…pero ¿tiene el Estado la capacidad para sostener esa apuesta?

Mientras el país fortalece alianzas internacionales, la mayoría de los gobiernos municipales siguen enfrentando brechas de gestión, recursos y autonomía que frenan su capacidad real de actuar dentro y fuera del territorio.

Aunque en el papel —o, bueno, en lo digital— Costa Rica se proyecta como un referente regional en diplomacia local, cooperación descentralizada e internacionalización municipal, resulta interesante observar lo que ocurre más a fondo: una realidad interna que muestra un panorama mucho menos alentador. La mayoría de los gobiernos locales siguen operando con capacidades limitadas, recursos insuficientes y una estructura institucional que no termina de responder a las necesidades del territorio.

Costa Rica vive una paradoja que ya no cabe bajo la alfombra.

La descentralización se debate entre la ambición externa y la fragilidad interna. Y, a ver, no podemos ignorar que Costa Rica lleva años exponiéndose en el marco internacional como referente de modernización, competitividad y diplomacia, pero todavía no ha resuelto los problemas básicos que impiden que las municipalidades funcionen como verdaderos actores de desarrollo. Se podría decir que la internacionalización avanza, sí… pero con la carreta medio jalada.

La evidencia reciente lo confirma. En julio de 2025, UNA Comunica publicó un informe que evaluó la gestión municipal en Costa Rica y los resultados fueron contundentes: la mayoría de los gobiernos locales obtuvo una nota deficiente en distintas dimensiones de su gestión. En otras palabras, el diagnóstico es claro y preocupante. De hecho, si se observa la calificación general, en una escala de 1 a 10, el país alcanza apenas un 3,1, según el Modelo Ciudades Inteligentes SCL (Smart Cities Latam). Un resultado así no solo revela debilidades técnicas; revela una brecha estructural que condiciona cualquier intento de internacionalización municipal.

Esto no significa que las municipalidades no trabajen; significa que trabajan con lo que tienen, y lo que tienen no siempre es suficiente. La brecha entre responsabilidades y capacidades se ha vuelto demasiado grande para pasar desapercibida.

A esto se suma otro fenómeno: la internacionalización municipal no ocurre de manera homogénea. Un pequeño grupo de municipalidades, las que cuentan con equipos técnicos, continuidad administrativa y cierta estabilidad financiera, ha logrado consolidar estrategias internacionales sostenidas. Curridabat, San José, Montes de Oca, Liberia y Desamparados son ejemplos de gobiernos locales que han sabido articular gobernanza territorial, comunicación estratégica y cooperación internacional. Pero la mayoría no tiene unidades de cooperación, no cuenta con personal especializado ni posee recursos para sostener relaciones internacionales más allá de proyectos puntuales.

Y debemos ser totalmente francos, en palabras de esta simple escritora: muchas municipalidades hacen milagros con muy poco. Pero los milagros no alcanzan para sostener una política internacional.

La consecuencia es clara: Costa Rica está internacionalizando solo a una parte del país, mientras la otra queda rezagada. Y ese rezago no es menor. Son las municipalidades más pequeñas, rurales o con menor capacidad fiscal las que enfrentan los desafíos más urgentes: infraestructura deteriorada, limitaciones en gestión ambiental, presión migratoria y falta de herramientas para enfrentar riesgos climáticos. Son, justamente, las que más necesitan cooperación internacional, pero las que menos pueden sostenerla.

El país necesita preguntarse con honestidad: ¿qué sentido tiene impulsar la diplomacia local si las municipalidades no tienen las condiciones mínimas para sostenerla? ¿De qué sirve firmar convenios internacionales si no hay equipos técnicos para ejecutarlos? ¿Cómo puede una municipalidad participar en redes globales si ni siquiera logra cumplir estándares básicos de gestión interna?

La respuesta no es abandonar la internacionalización. Al contrario, debería fortalecerse, pero desde una base institucional sólida. La diplomacia local puede ser una herramienta poderosa para atraer cooperación, compartir conocimiento, impulsar innovación y enfrentar desafíos transnacionales. Pero solo funciona cuando nace de instituciones fuertes.

En un momento en el que la ciudadanía exige resultados concretos y no discursos, la descentralización pendiente ya no es un tema técnico; es un tema político, social y democrático. Costa Rica tiene la oportunidad de liderar la diplomacia local en la región, pero primero debe fortalecerse a sí misma. Solo entonces la internacionalización municipal será creíble, sostenible y verdaderamente transformadora.