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ChatGPT no es un oráculo: es un sparring para pensar mejor

—ChatGPT, ¿debería abrir una nueva sucursal?

—La apertura podría ampliar el mercado, incrementar las ventas y fortalecer la presencia de tu empresa.

—Entonces, ¿conviene hacerlo?

—Dependerá de la demanda, la inversión, los costos y tu capacidad de gestión.

El empresario mira la pantalla. La respuesta suena razonable, aunque no le permitió avanzar. Esperaba una definición y recibió un manual. El problema fue el lugar asignado a la herramienta: le preguntó como a un oráculo cuando podría utilizarla como sparring intelectual.

La tentación de recibir una respuesta

Quien conduce una pyme vive rodeado de decisiones y urgencias. Una herramienta que contesta en segundos puede ser recibida como un alivio. La tentación consiste en preguntar, copiar la respuesta y considerar resuelto el asunto. ChatGPT escribe con claridad y seguridad, aunque puede basarse en información incompleta, supuestos equivocados o una lectura superficial. Una respuesta bien redactada difícilmente equivalga a una buena decisión.

Dos empresas con ventas semejantes pueden encontrarse en situaciones distintas según sus márgenes, endeudamiento, dependencia del dueño o capacidades del equipo. Si ChatGPT recibe una descripción general, devolverá una respuesta general que sonará inteligente sin resultar útil.

El sparring no pelea por nosotros

En el boxeo, el sparring ayuda al deportista a prepararse: lo enfrenta y expone sus puntos vulnerables. Nunca sube al ring el día de la pelea. La herramienta puede cuestionar una idea, proponer escenarios y detectar contradicciones, mientras decide quien conoce la empresa y convivirá con las consecuencias.

Un empresario que desea abrir una sucursal podría explicar la situación, los números disponibles, las capacidades del equipo y las razones de su entusiasmo. Después podría pedirle: “Cuestiona mi decisión como si fueras un director financiero prudente. Identifica los supuestos que doy por ciertos, señala qué información falta y construye tres escenarios en los cuales la apertura podría fracasar.”

Discutir antes de decidir

En muchas pymes, ciertas ideas llegan a la reunión prácticamente aprobadas. Cuando el dueño habla con entusiasmo, los colaboradores interpretan que la decisión ya fue tomada. Algunos acompañan por confianza y otros callan para evitar una discusión inútil. La empresa termina confundiendo consenso con ausencia de objeciones.

ChatGPT ofrece un espacio previo para probar una propuesta. El empresario puede pedirle que asuma la posición de un cliente desconfiado, un gerente desbordado o un socio preocupado por la caja. La práctica no reemplaza la conversación, aunque permite llegar con mayor apertura y mejores preguntas.

Ante un nuevo sistema de gestión, podría solicitar: “Presenta los argumentos más sólidos de quienes se resistirán y ayúdame a comprender qué intentan proteger”. Tal vez descubra que anticipan una pérdida de autonomía, la exposición de errores o la desaparición de conocimientos que les daban reconocimiento. Comprender esas preocupaciones mejora la implementación.

La primera respuesta es apenas el comienzo

Una utilización pobre de ChatGPT termina con la primera respuesta. Una utilización estratégica comienza allí. Conviene preguntarle sobre qué supuestos construyó su conclusión, qué datos podrían modificarla y cuáles son los argumentos contrarios. También puede pedírsele que distinga hechos, interpretaciones e hipótesis. El valor aparece en la conversación, no en la obediencia.

Si un empresario considera que un gerente “no está a la altura”, la herramienta puede ayudarlo a separar resultados insuficientes, responsabilidades mal definidas, falta de recursos, escasa autoridad y expectativas nunca conversadas. Decidir la continuidad del gerente seguirá exigiendo conocimiento directo y responsabilidad, aunque la IA habrá evitado que una impresión se transforme en sentencia.

Un interlocutor que necesita buena información

El sparring será tan útil como la situación que le presentemos. Las preguntas vagas producen respuestas previsibles; el contexto abre intercambios más profundos. Conviene explicar qué se intenta decidir, cuáles son las restricciones, quiénes participan y qué riesgos preocupan. También debemos aclarar el papel de la herramienta: crítico, cliente, asesor financiero, gerente experimentado o integrante independiente de un comité de dirección.

Aportar contexto no significa compartir información confidencial sin cuidado. Los nombres pueden sustituirse, los datos sensibles agruparse y algunos documentos permanecer fuera de cualquier plataforma. Pensar mejor con IA exige criterio profesional.

La IA también puede confrontar nuestras certezas

Muchos empresarios utilizan ChatGPT para respaldar lo que ya decidieron. Formulan la pregunta de una manera que orienta la respuesta y presentan el resultado como una confirmación objetiva. Así refuerzan el sesgo en lugar de reducirlo.

Un ejercicio más honesto consiste en pedirle que intente demostrar que nuestra interpretación podría estar equivocada. Si creemos que las ventas cayeron por el mercado, podemos solicitar explicaciones alternativas. Si pensamos que un hijo no está preparado para conducir, podemos preguntar cuánto de esa evaluación se apoya en evidencias y cuánto proviene de nuestra dificultad para ceder autoridad.

La herramienta no conocerá la verdad por hacer ese ejercicio. Su aporte consiste en ampliar el campo de observación y volver visibles explicaciones que nuestra experiencia, preferencias o temores habían dejado fuera.

Pensar acompañado sin entregar el pensamiento

El uso estratégico de ChatGPT consiste menos en preguntarle qué hacer que en utilizarlo para comprender mejor aquello que estamos por hacer. Puede ayudarnos a ensayar conversaciones difíciles, comparar escenarios, anticipar objeciones y descubrir preguntas que todavía no habíamos formulado.

La experiencia del empresario conserva un lugar irremplazable. Allí viven el conocimiento de las personas, la historia de la organización y las heridas familiares. La IA aporta velocidad y distancia; el empresario aporta contexto, criterio y responsabilidad.

Cuando esas capacidades se combinan, la IA deja de ser una máquina de respuestas y se convierte en compañera de entrenamiento. Algunas veces ayudará a ordenar una idea; otras obligará a defenderla, modificarla o abandonarla. El objetivo no debería ser que ChatGPT piense por nosotros, sino que ninguna decisión importante llegue al ring sin haber recibido algunos buenos golpes.