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Imagen principal del artículo: Áreas protegidas en Costa Rica

Áreas protegidas en Costa Rica

Un día de estos conversaba con un colega y amigo y le decía que me siento abrumado con lo que pasa en el mundo y, principalmente, en Costa Rica; en concreto, con la conservación de los recursos naturales. En los últimos 50 años, Costa Rica se ha distinguido por la creación de áreas protegidas y por la conservación de los recursos naturales, que ha venido utilizando como la principal atracción para turistas e inversionistas de todo el mundo. Desde finales de la década de los 80, al visitante se le comenzó a vender la idea de que éramos un país verde, cuya prioridad era la conservación de la flora y la fauna.

Lamentablemente, con el tiempo nos hemos dado cuenta de que el gobierno anterior y el presente no han sido consecuentes con esa prédica. Quienes hemos trabajado en la investigación y conservación de los recursos naturales hemos notado la falta de concordancia entre lo que se dice y lo que se hace. ¿No les da vergüenza a los políticos que dirigen este país hablar de conservación y hacer propaganda internacional sobre los recursos naturales y cómo los protegemos si, por otro lado, hacen lo contrario?

Nuestras áreas protegidas están abandonadas, sin presupuesto, sin suficientes guardaparques, pero cada vez con más turistas visitándolas. Mi querido amigo, el Dr. Mario Boza Loria (QdDG), decía que nuestro país estaba estafando a los turistas, pues les cobraba una entrada y las condiciones que les ofrecían las áreas protegidas eran un chiste. La más reciente muestra de estas contradicciones fue el aumento del número de visitantes al Parque Nacional Manuel Antonio y a la estación Sirena, en el Parque Nacional Corcovado. Manuel Antonio aumentó la cantidad de visitantes por presión de empresarios turísticos, sin respaldo de estudios que aseguren la protección de las plantas y los animales. Corcovado también fijó un aumento en el número de visitantes sin estudios serios que lo justifiquen y en medio de una crisis provocada por el manejo de aguas negras en Sirena.

Parece que prevalece la idea de que los recursos naturales se cuidan solos y que ninguna actividad humana los afecta. Se tiende a pensar que nuestras áreas protegidas son solo reservorios de plantas, animales y agua, pero, en realidad, son más que eso: son fuentes de recursos que determinan nuestra calidad de vida. Nuestras áreas silvestres protegidas han sobrevivido gracias a un esfuerzo extraordinario de algunos funcionarios, ONG y, sobre todo, a la mística, pasión y dedicación de los guardaparques, que viven día a día el deterioro de las áreas en las que trabajan, con muy poco personal, sin equipo, sin gasolina y sin los recursos mínimos para vivir decentemente en el campo.

Se maneja una doble moral respecto a los recursos naturales, pues, en el fondo, no los vemos como recursos esenciales para nuestra propia calidad de vida, sino como productores de bienes que pueden cambiar según las necesidades humanas y económicas del momento. Hace unos años, el Dr. Daniel Janzen, reconocido ecólogo mundial, nos advertía que “Costa Rica había perdido su energía por la conservación”. ¡Tenía toda la razón! No estamos haciendo lo suficiente para mantener y conservar nuestras áreas silvestres protegidas, fuente de recursos imprescindibles para nuestra vida en un futuro cercano. Hemos perdido el liderazgo y la orientación en la conservación de los recursos naturales.

¿No sería mejor si fuéramos consecuentes con el discurso de que somos un país verde, que respeta los recursos naturales, y nos convirtiéramos en un ejemplo real de lo que se debe hacer para mitigar el efecto del cambio climático global y mejorar la calidad de vida del ser humano en este planeta? Nuestra riqueza no está en el oro, el petróleo o cualquier bien material pasajero, sino en los recursos naturales que hemos cuidado a medias en los últimos años.

Costa Rica ha hecho un gran esfuerzo en la conservación de los recursos naturales; pedimos a nuestros gobernantes que dejen de lado el doble discurso y sean firmes en la conservación. Debemos ser consecuentes y recuperar el liderazgo en este campo, tomando conciencia de que lo estamos haciendo por nosotros, por nuestros hijos y por la vida en el planeta.