Este mes de setiembre, en el marco del Día Internacional de la Prevención del Suicidio, queremos hacer una pausa para reconocer a quienes, desde sus oficinas, escritorios o conversaciones de pasillo, acompañan historias que muchas veces permanecen ocultas detrás de una sonrisa, de un silencio o de un “estoy bien”.
A ustedes, profesionales en Orientación, gracias.
Gracias por escuchar cuando alguien necesita ser escuchado. Por preguntar cuando otros quizá prefieren no hacerlo. Por mirar más allá de una conducta y tratar de comprender qué hay detrás de ella. Por acompañar el dolor, la incertidumbre, la tristeza y también esos momentos en los que la persona siente que ya no hay salida, que no encuentra razones para continuar.
Cada puerta de una oficina de Orientación se convierte en una oportunidad, en un refugio y en un camino hacia la esperanza.
Una puerta que alguien cruza buscando ayuda y detrás de la cual encuentra una persona dispuesta a escuchar sin juzgar. Una puerta que brinda acompañamiento, protección y un espacio para pedir ayuda, y que puede marcar el inicio de un sendero diferente.
Ustedes hacen prevención cuando sensibilizan, cuando derriban mitos, reconocen señales y crean espacios de diálogo y escucha sobre lo que sentimos, haciendo que aquello que muchas veces pesa en silencio pueda ser comprendido y acompañado.
Y hacen mucho más que eso: ayudan a las personas a recordar que una crisis es temporal, que no define toda su historia y que un momento de dolor no tiene por qué ser el final de su camino.
Quizá nunca sepan cuánto significó aquella conversación, aquella pregunta, aquella llamada, aquel seguimiento o, simplemente, haber estado allí. Pero detrás de muchas de esas acciones hay algo profundamente humano: la posibilidad de que alguien vuelva a sentirse acompañado, que pueda encontrar nuevos motivos, nuevas posibilidades y formas de darle sentido a su vida.
Por eso, hoy queremos reconocer su trabajo y decirles:
Gracias por abrir puertas.
Gracias por escuchar.
Gracias por acompañar.
Gracias por sostener y dar esperanza.
Que este mes de setiembre nos recuerde que prevenir el suicidio también es construir ilusión, promover nuevos comienzos, fortalecer vínculos y acompañar a las personas a descubrir que todavía hay mucho por recorrer.
Porque una puerta abierta puede ser el primer paso para volver a creer, reflexionar, tomar decisiones, buscar soluciones y reordenar el camino.
A todas y todos los profesionales en Orientación: gracias por ser, cada día, parte de ese pasaje hacia la esperanza.
