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Imagen principal del artículo: Usted manda, téngalo claro

Usted manda, téngalo claro

Dice Pilar Cisneros que se le cayeron “todos los argumentos a la oposición porque resulta que vivimos en un país dictatorial… Oigame, en las dictaduras no pasa lo que pasó hoy…

¿Hubo gases? No.

¿Hubo persecución? No.

¿Hubo insultos? No.

¿Les impidieron ir a la Plaza de la Democracia? No.

…la peor afrenta de (sic.) la democracia fueron aquellos que corearon ‘fuera Chaves’ y ‘Fuera Laura’,

¿Por qué? Si le gusta tanto la democracia,

¿Cómo fue que eligieron a Chaves y a Laura? ¿No fue en Democracia?

¿No fue por una arrolladora cantidad de votos?

Entonces, ¿cómo se atreven a gritar ‘Fuera Chaves’ y ‘Fuera Laura’?

Para mí, esa es la peor afrenta contra la democracia y ese es el peor insulto que esos que nos dicen ‘dictadores’ se atreven a hacer en una plaza pública.

¡Perdón! ¿Están respetando la democracia? No, no, no y no.

Entonces estoy feliz: se le cayeron todos los argumentos [a la oposición]”.

No vivimos en una dictadura, pero el autoritarismo es su antesala y su modus operandi.

Cisneros hace dos movimientos claramente autoritarios. Primero, convierte derechos constitucionales en concesiones del Gobierno: considera una cortesía del Gobierno que el jueves no se gaseara a nadie por participar en una reunión pacífica y pretende que agradezcamos que se haya respetado un derecho constitucional —la libertad de reunión—. Confunde las cosas.

Segundo, convierte una victoria electoral en una obligación de obediencia para todos. “¿Cómo se atreven a gritar ‘Fuera Chaves’ y ‘Fuera Laura’?”, pregunta indignada. Se atreven porque son ciudadanos que piden un cambio y, al hacerlo, ejercen su derecho constitucional a la libertad de expresión.

Pero hay algo aún más importante. Todos somos el soberano, usted y yo incluidos. Somos nosotros quienes ponemos a los gobiernos, quienes podemos exigir que se vayan y quienes les pedimos cuentas; a ellos les corresponde rendirlas. Llevamos dos gobiernos —el de Chaves y el de Fernández, hoy sentados en el mismo gabinete— con las mismas estrategias: hacer creer que todo ciudadano necesita rendirles pleitesía. Quieren que los ciudadanos confundan la direccionalidad del poder. Entonces, tengamos claro que estas son algunas reglas del juego democrático:

  • El poder en democracia va del pueblo al Gobierno, no al contrario.
  • Toda democracia, sin excepción, tiene Gobierno y oposición.
  • Aun quienes no votaron por el ganador siguen conservando todos sus derechos.
  • Ganar por mayoría no otorga ningún derecho sobre la minoría.
  • Quienes sí votaron por él pueden cambiar de opinión y viceversa.
  • La mayoría significa tener legitimidad para gobernar; no es permiso para dominar.
  • Se gobierna también para quienes votaron en contra, para quienes no votaron, para quienes no se sintieron representados por ninguna opción y para quienes ni siquiera podían votar.
  • La democracia es dinámica: cambian las opiniones, las alianzas y las mayorías. Esa incertidumbre obliga a negociar con quienes piensan distinto.

Pedir que Rodrigo Chaves salga del Gobierno es pedir la destitución o la renuncia de un ministro nombrado por la presidenta. No es desconocer una elección popular. El artículo 9 de la Constitución establece que el Gobierno es popular, representativo, participativo, alternativo y responsable, y que lo ejercen el pueblo y tres Poderes distintos e independientes. El artículo 11 recuerda que los funcionarios públicos son simples depositarios de la autoridad. Depositar autoridad en alguien no significa entregarle el país, por lo que es legítimo pedir un cambio.

La frase más antidemocrática del jueves no fue “Fuera Chaves” ni “Fuera Laura”, sino “¿Cómo se atreven?”. ¿Y cómo no, si en democracia la ciudadanía siempre tiene derecho a atreverse y a hacerlo sin miedo? Un “no” es absolutamente legítimo en democracia y, cuando el poder tiene ínfulas autoritarias, puede volverse revolucionario (Saramago en Ensayo sobre la lucidez). Queda claro el talante hiperautoritario de Cisneros, que entiende la democracia como obediencia y así se la predica a las bases. No le crea. No se deje confundir. Usted es el soberano, no la presidencia anfisbena, que con sus dos cabezas exige esa obediencia al país. Usted manda, téngalo claro.