
La firma del convenio se realizó el pasado 12 de agosto, durante el Cybersec Summit 2026, y permitirá desarrollar acciones conjuntas de capacitación, formación y evaluación de capacidades.
La Universidad Nacional (UNA) y el Cybersec Cluster firmaron un convenio para fortalecer la formación de talento especializado en ciberseguridad, y avanzar en la creación de un espacio de entrenamiento donde estudiantes y profesionales puedan enfrentarse a escenarios simulados de ciberataques.
Uno de los principales proyectos de esta alianza será la creación de un cyber range, un entorno controlado en el que se podrán recrear incidentes de ciberseguridad y poner a prueba los conocimientos y la capacidad de respuesta de los participantes en condiciones cercanas a situaciones reales.
Silvia Argüello, vicerrectora de Investigación de la UNA, explicó que el proyecto trasciende el ámbito universitario y busca convertirse en un servicio para el país y la región.
Vamos a tener una serie de acciones conjuntas para formar y fortalecer capacidades en nuestros estudiantes, pero también en nuestros profesionales. La meta es poder contar con un centro controlado donde se dan ciberataques simulados para capacitar, formar y evaluar".
Esta es una de las acciones impulsadas por el Laboratorio de Investigación, Desarrollo e Innovación en Ciberseguridad (LABCIBE-UNA), con sede en Nicoya
El centro estará ubicado en Liberia, como parte de las acciones impulsadas por el Laboratorio de Investigación, Desarrollo e Innovación en Ciberseguridad (LABCIBE-UNA), con sede en Nicoya, desde donde también se imparte de manera virtual una maestría en ciberseguridad.
Carolina Taborda, gerente general de Cybersec Cluster para Costa Rica y República Dominicana, dijo que el convenio es parte de los esfuerzos por articular distintos sectores alrededor de una necesidad común.
Esta firma significa para nosotros una muestra más de cómo el ecosistema colabora con una visión país para crear capacidades. Lo que estamos buscando es crear ese entorno de simulación y aprendizaje para desarrollar las capacidades y el talento que Costa Rica necesita para la digitalización segura”.
Para este año se prevé realizar talleres dirigidos a estudiantes, docentes y personas en puestos de liderazgo de organizaciones públicas y privadas. En noviembre también está programada una competencia en la que profesionales del área podrán entrenarse y demostrar sus capacidades.
Talento para un entorno que cambia
Previo a la firma se realizó el conversatorio El talento como infraestructura crítica: construyendo la nueva fuerza laboral para la ciberseguridad y las tecnologías emergentes, en el cual participaron Jorge Herrera Murillo, rector de la UNA y presidente de Conare; Joseph Xatruch, CTM Chief Architect de IBM Cybersecurity Services, y Ankur Rawat, CTO de CRDF Global.
Herrera planteó que la velocidad con que cambia el mercado laboral obliga a las universidades a revisar sus procesos de formación y la manera en que se relacionan con las empresas y otros sectores. “Las universidades tenemos que comprender que la dinámica del mundo del trabajo ha cambiado y se transforma a un ritmo acelerado. Ya no solo tenemos la responsabilidad de formar recurso humano calificado, sino que tenemos que cambiar los procesos que hay alrededor de esta misión”, comentó.
Esa transformación, explicó, requiere anticipar las necesidades del mercado, flexibilizar la oferta académica y fortalecer la relación entre la academia y los sectores productivos. Como ejemplo mencionó las microcredenciales, que permiten certificar competencias específicas y complementar la formación universitaria. “Una microcredencial no son dos académicos desde un escritorio sentados pensando en sacar cualquier curso, sino que tiene que ser producto de un trabajo conjunto en donde se detecta una necesidad”, afirmó Herrera.
La vinculación con otros sectores también debe alcanzar la investigación universitaria. “El conocimiento, si se genera en las universidades y queda guardado en artículos científicos o queda guardado en tesis, es un conocimiento que pierde el valor social”, dijo el rector. Su aspiración, agregó, es que Costa Rica logre dinamizar la relación entre academia e industria mediante agendas de investigación y trabajo conjunto.
De la teoría a la simulación
Joseph Xatruch, de IBM Cybersecurity Services, puso el énfasis en el desafío de preparar a los profesionales para responder ante situaciones reales. Conocer la teoría, comentó, no necesariamente significa estar preparado para reaccionar ante un incidente de seguridad que exige decisiones inmediatas. “Las personas estudian bastante, conocen la teoría, pero nunca se han enfrentado a la realidad”, dijo Xatruch. Por eso destacó la importancia de incorporar simulaciones y ejercicios prácticos que permitan entrenar la respuesta antes de enfrentar un incidente real.
Ankur Rawat, CTO de CRDF Global, coincidió en la necesidad de articular universidades, empresas, Gobierno y otras organizaciones. A su criterio, una de las fortalezas de Costa Rica ha sido avanzar hacia un ecosistema y no quedarse en programas de capacitación aislados.
Rawat recordó el ataque de ransomware que sufrió el país en 2022 y señaló que, cuatro años después, Costa Rica ha desarrollado capacidades que pueden servir como referencia para otros países. “Lo que estamos construyendo es un ecosistema real. No estamos construyendo programas de capacitación desconectados”, comentó.
Para Rawat, la participación de la academia, las empresas tecnológicas y otras instituciones también permite dar continuidad a estos esfuerzos conforme cambian las tecnologías y aparecen nuevas amenazas.
Herrera sostuvo que esta articulación debe darse en ambas vías: las universidades necesitan acercarse a los sectores productivos, pero estos también deben abrir espacios de diálogo con la academia para identificar las competencias que demandan. “Si no existen esos mecanismos en donde podamos identificar competencias, no vamos a poder desarrollar esos elementos para generarle al sector exactamente el tipo de talento que necesita”, puntualizó.

