Tengo amigas que me escuchan cuando digo que lo mejor que me pasó fue ser mamá y ellas vuelven la mirada hacia otro lado. Para ellas no fue así.
La mujer que puede y cuyo cuerpo se lo permite da vida. Produce vida y luego la sostiene. Mientras se sostiene a sí misma. Mientras se materna y se rematerna. Si lo logra. Hay mujeres que no pueden, que no les sale, que sufren depresión por la presión que implica maternar. No todas las historias de mujeres madres son de lágrimas de emoción. Muchas son de un inexplicable dolor, vergüenza y desamor. Porque no cumplir con el molde de la mamá que nos vende el imaginario colectivo y comercial que ronda estos días da miedo.
Para algunas, el embarazo no fue bonito, no se sintió como una experiencia de creación, sino como una pesadilla, y puedo ver cómo la sociedad las invalida y las invisibiliza. Se habla poco de ese dolor de la mujer cuando la maternidad no es su objetivo o cuando la experiencia dista mucho de lo que esperaba.
A las puertas del Día de la Madre, hay muchas cosas de las que hablar sobre las mujeres que no son mamás o que son madres y no se sienten realizadas por ello. La sociedad las señala y deben lidiar con su propio dolor por no encajar. No por casualidad existe una frase que dice: “La maternidad es elegida o no será”.
En estos tiempos ya deberíamos dejar de señalar tan duro a aquellas mujeres que eligen un camino diferente o que, incluso, en el camino se arrepienten. Porque sí, hay mujeres arrepentidas de haberse convertido en madres y no está mal decirlo. Son cosas que pasan y, aun así, continúan con su labor, aunque la vivan de una manera diferente.
Quizá leer esto no es lo esperado en una fecha como esta. Lo más común sería que contara sobre mi experiencia, que relatara cuánto me cambió la vida desde que me convertí en mamá. Y lo he hecho antes. Yo lo viví diferente y lo disfruté desde mi privilegio, pero cuando las condiciones, los traumas, las circunstancias médicas y otro montón de factores hacen que muchas mujeres sufran depresión posparto o una profunda desilusión frente a la maternidad tal como la espera la sociedad, la foto cambia.
Es un silencio que hace que los ojos se llenen de lágrimas. Hay culpa y señalamiento. La mayoría lleva años en terapia tratando de superar ese dolor y la culpa que les provoca haberse sentido así. Y existen tantos factores involucrados: médicos, químicos, genéticos, emocionales y circunstanciales. Ninguna necesita llevar una etiqueta pegada en la frente que explique por qué atravesó por eso. Pero las secuelas pueden durar años y afectar a los niños y niñas de esas historias, y eso duele.
Entonces, las vitrinas y las redes sociales se llenan de mensajes del Día de la Madre que dicen que ellas lo merecen todo, que nos dieron la vida, que son el pilar de la familia, que no hay ninguna que se compare. ¿Y qué pasa cuando se trata de una mamá que no encaja en ninguna de esas formas tradicionales de entender la maternidad? Les duele.
Hago un llamado a la reflexión. La maternidad no debería ser utilizada para vender más.
Sí, está bien reconocer esa figura, pero sin romantizar lo que muchas veces no es posible sostener. Es mejor hacerlo desde un lugar más inclusivo, más humano y, por supuesto, más real. Un lugar que no discrimine a ninguna mujer y que no idealice una experiencia que, como cualquier otra en la vida, puede vivirse de maneras muy distintas.
