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Imagen principal del artículo: Participación ciudadana, el motor que aviva nuestra democracia
Foto: Charla informativa sobre el SNFJ en Feria de la Salud de Valle La Estrella en Limón, setiembre de 2024.

Participación ciudadana, el motor que aviva nuestra democracia

Como su nombre lo indica, la participación ciudadana implica acción, incidencia, articulación y unión. Desde que se modificó el artículo 9 de la Constitución Política de Costa Rica en 2003, las personas que habitamos este territorio contamos con un maravilloso derecho, pero, al mismo tiempo, con un gran deber que nos invita a formarnos y ejercer como verdaderas artífices de nuestra democracia. El artículo señala:

El Gobierno de la República es popular, representativo, participativo, alternativo y responsable. Lo ejercen el pueblo y tres Poderes distintos e independientes entre sí. El Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.”

A partir de este artículo, el Estado de derecho costarricense tiene en sus manos dos ingredientes fundamentales en materia del derecho a participar: por un lado, la iniciativa, motivación y conocimiento de la población para el ejercicio de este derecho y, por otra parte, la apertura de la institucionalidad pública para garantizar y acoger dicha participación de manera real y con verdadero impacto.

Tal y como lo definió desde 2004 el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la democracia de la ciudadanía no se reduce a las elecciones, sino que va más allá, lo cual implica el ejercicio pleno de los derechos civiles, políticos, económicos y sociales:

Se trata de discutir cómo se puede avanzar hacia una ciudadanía integral, lo que supone poner en el centro a la política como forma de que el ciudadano y más precisamente la comunidad de ciudadanos, pueda participar en decisiones sustanciales.”

Para América Latina y el Caribe, esto conlleva desafíos significativos. La Encuesta sobre Confianza de la OCDE en esta región, estudio que tiene por objetivo medir, analizar y comprender los niveles de confianza de la población en sus gobiernos, evaluando factores diarios e institucionales que impulsan o debilitan esa percepción, señaló en su informe más reciente que casi la mitad de las personas encuestadas (48%) expresaron una baja o falta de confianza en el Gobierno.

Precisamente, entre las sugerencias de este organismo internacional para que las instituciones públicas fortalezcan la confianza se encuentran aumentar la representación y la diversidad dentro del sector público, facilitar que las personas usuarias interpongan recursos ante posibles casos de discriminación y comunicar de manera transparente las iniciativas de integridad pública.

Otro aspecto clave que señala la OCDE en este informe es la necesidad de mejorar la forma y el tiempo de respuesta a la población, lo que puede incidir en la confianza ciudadana:

Para mejorar la capacidad de respuesta, los gobiernos de la región podrían hacer un seguimiento de los indicadores de desempeño de los servicios y aumentar los esfuerzos para generar mecanismos de retroalimentación eficaces que conecten directamente los insumos de los ciudadanos con los procesos de toma de decisiones, garantizando así mejoras visibles de los servicios basadas en las sugerencias públicas.”

Los mecanismos y espacios reales de participación en la gestión pública, que lleven a la incidencia ciudadana y a la interacción permanente, fortalecen la democracia, a la vez que propician la transformación de las sociedades latinoamericanas.

El esfuerzo liderado por el Poder Judicial de Costa Rica desde 2015, con la aprobación de la Política de Participación Ciudadana, cuyo seguimiento está a cargo de la Comisión Nacional para el Mejoramiento de la Administración de Justicia (Conamaj), pretende respetar y fomentar este derecho constitucional.

Con más de diez años de experiencia, se han consolidado espacios institucionales tales como las rendiciones de cuentas participativas de la Defensa Pública y el Ministerio Público, la apertura de conjuntos de datos abiertos e información pública, la cocreación de políticas públicas institucionales, los encuentros comunitarios y el diálogo directo en las Tardes de Café Policial del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), mecanismos de acceso a la justicia como la red de personas facilitadoras judiciales en todo el país, la colaboración local y permanente en las comisiones de personas usuarias y las redes de apoyo de justicia restaurativa.

En su Informe sobre Democracia y Desarrollo 2026, el PNUD hace un llamado a reimaginar la democracia y sugiere el establecimiento de focos de intervención prioritarios mediante procesos políticos en los que la injerencia de distintos actores resulta determinante. Para este organismo:

un punto de partida es la convocatoria a diálogos nacionales amplios, intencionales y multiactor que permitan discutir cómo reconectar los vértices del triángulo democracia, Estado y desarrollo.”

El ejercicio de la participación ciudadana es permanentemente dinámico, como se señaló anteriormente. Conamaj conoce esta característica y, durante estos años, ha dado pasos para promover dentro del Poder Judicial una gestión efectiva hasta alcanzar incidencia ciudadana.

La participación ciudadana no es un acto accesorio de la democracia, sino uno de sus pilares esenciales. El compromiso judicial con su fortalecimiento es firme y desde esta Comisión se continuará impulsando espacios de diálogo, escucha e incidencia con una perspectiva de derechos humanos y de protección de los derechos fundamentales.

Solo una ciudadanía activa, informada y comprometida puede contribuir a que las decisiones institucionales respondan verdaderamente al interés público. Fortalecer esta cultura de participación implica asumir una responsabilidad compartida en la construcción de una democracia más transparente, inclusiva y legítima, donde el bien común prevalezca sobre los intereses particulares y la colaboración entre instituciones y ciudadanía se convierta en el camino para consolidar una sociedad más justa.