Hace 20 años escribí en La Nación acerca de la vivencia excepcional de poder estudiar un postgrado en sostenibilidad en un país como Alemania, gracias a una beca de su gobierno, tras haber sido formada al 100% por el sistema público de educación de nuestro país.
Ha pasado mucho tiempo y quisiera compartirles mis reflexiones y aprendizajes trabajando en este mundo de la sostenibilidad: gerenciando programas de sostenibilidad en empresas, enseñando en la maestría de sostenibilidad de una universidad pública, apoyando a empresas a ser más sostenibles, colaborando ad honorem en organizaciones no gubernamentales de restauración de corales y de reintroducción de especies como la lapa roja y verde, y apoyando instituciones de impacto social.
Antes de entrar al tema que motiva este artículo, el Proyecto Bahía Papagayo, quiero compartir tres principios que son el marco desde el cual juzgo cualquier iniciativa de desarrollo:
1. Respeto a la institucionalidad y al Estado de derecho
Las sociedades que progresan, prosperan en donde existen paz y justicia, tienen en común la legalidad y el respeto por la ley. Los mecanismos para discutirla, crearla y mejorarla deben ser participativos, plurales y democráticos. No existe la sostenibilidad sin esta base común.
Esto incluye hacer lo correcto cuando nadie observa y a pesar de los costos asociados. Se trata de autorrespeto y de respeto por los demás.
El desarrollo sostenible es posible y lo he visto suceder. Cientos de iniciativas han logrado conciliar la protección de los ecosistemas, la participación comunitaria, el empleo y la existencia de empresas. La medición precisa de ese impacto y la rendición de cuentas son clave, aunque los avances no siempre sean perfectos, pero sí significativos.
2. Son más las personas dispuestas al bien, y se encuentran en ambos lados de la acera
En este camino de aprendizaje que es la vida, y dentro de la imperfección propia, me he topado con excelentes líderes con virtudes que añoramos hoy más que nunca: búsqueda genuina del bien común, conocimiento, ecuanimidad, educación y apertura a escuchar. Con ellos comparto la pasión por crear un mundo mejor, a pesar de nuestras diferencias.
También me he topado con gente que, a cambio de notoriedad y poder, estropea vidas con sus ideas estrechas, su egoísmo, su deshonestidad y su falta de empatía. Me temo que veremos mucho más de esto hasta que una nueva conciencia emerja luego del caos.
3. Evolucionar hacia la cooperación
Desde todo punto de vista, la cooperación es el camino más inteligente para alcanzar el bienestar común. Lamentablemente estamos en una década oscura donde se posiciona en todas las vitrinas justo lo contrario: “yo primero”, “los otros son enemigos”; una toxicidad que alimenta los miedos.
Mi posición sobre el Proyecto Bahía Papagayo
Comienzo por lo más importante para que me lean con todos los elementos sobre la mesa: trabajé de cerca con el modelo del Polo Turístico Golfo de Papagayo como gerenta de sostenibilidad de una concesión y como consultora. Ambos trabajos ya finalizaron, y nadie me paga por escribir este artículo. Lo hago porque mi experiencia me permite hablar del caso.
He visitado el proyecto en múltiples ocasiones, revisé los documentos de los permisos y los planes de gestión, recorrí las concesiones, participé en reuniones con los legítimos vecinos de las zonas de influencia y entrevisté a las partes interesadas internas y externas. Cada vez me convenzo más de que este proyecto tiene viabilidad ambiental y social para llevarse a cabo.
La mala prensa que se le ha hecho no solo es injusta, sino inexacta. Las concesiones no se encuentran frente a la playa, no invaden zonas protegidas ni de retiro, y no existe un solo manglar dentro de ellas. El Plan Maestro elaborado por el ICT para esta zona no contempla ningún campo de golf. El proyecto no desplaza comunidades, por el contrario, y, muy importante, no talaría un bosque.
Estas concesiones fueron antiguas fincas ganaderas. No lo digo yo: lo dicen los mismos pobladores a quienes escuché de primera mano, lo dicen los reportes de las instituciones que han verificado en sitio lo declarado una y otra vez —nueve veces—, y lo dicen los profesionales con fe pública que entrevisté. Espero que pronto la verdad prevalezca.
Con esto no afirmo que este ni ningún otro proyecto esté exento de impactos ambientales. Todo lo que hacemos, me incluyo, y los incluyo a ustedes, afecta al medio ambiente, en mayor o menor grado. Ojalá los seres humanos no tuviéramos que dejar huella al construir casas, carreteras, hospitales, escuelas, aeropuertos, naves industriales o comunidades.
Soy la primera en reconocerlo, y por eso trabajo en programas de biodiversidad y negocios; mis colegas conocen mi profundo amor y respeto por la flora y la fauna. Las leyes, la técnica y la responsabilidad social exigen aplicar medidas de protección y compensación; y cuando estas resultan insuficientes, las medidas de restauración son hoy parte de la gestión de la sostenibilidad, como ocurre en este proyecto.
La Ley del Polo Turístico impone una lista de requisitos mucho más estrictos que los habituales en cualquier otro proyecto: densidad de construcción máxima del 30%, iluminación limitada para no afectar especies, alturas máximas de 14 metros, colores que se mimeticen con la flora, plantas de tratamiento de aguas, reúso del efluente para riego, manejo riguroso de residuos, control de la erosión —fundamental para proteger los corales que viven en la bahía— y límites de velocidad dentro de las calles, entre muchos otros.
Reforestaciones, programas de restauración de corales, inventarios de flora y fauna, diseño e instalación de pasos de fauna, gestión de residuos, involucramiento de la comunidad, educación ambiental, voluntariados y programas de desarrollo de capacidades: son muchísimas las iniciativas que se contemplan, si tan solo las personas se tomaran el tiempo de estudiar el caso con apertura.
Respeto la libertad de expresión y me encanta el activismo cuando se basa en información correcta; pero en este caso, se equivocaron. Invito a mis colegas a que me acompañen y revisen el proyecto conmigo.
He visto funcionar el modelo del Polo, y por eso me duele que se pueda hacer tanto bien a la comunidad y a decenas de personas, a través del empleo directo e indirecto, y con respeto por los seres vivos que comparten el territorio y que ese potencial quede empañado por una discusión sin comprobación.
