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Libro rescata casi cinco décadas de historia de las ferias científicas estudiantiles en Costa Rica

La obra de Johnnatan Monge reúne experiencias y testimonios sobre el impacto de las ferias de ciencia y tecnología en generaciones de estudiantes y su aporte al desarrollo de vocaciones científicas.

Lo que comenzó como un proyecto escolar para miles de estudiantes costarricenses se convirtió, para muchos, en su primer acercamiento a la investigación científica y, en algunos casos, en el punto de partida de una vocación profesional.

Esta historia es recopilada por Johnnatan Andrés Monge Sandoval, profesor del Departamento de STEAM de Yorkín School y exdirector de la Feria Nacional de Ciencia y Tecnología entre 2010 y 2013, en un nuevo libro presentado recientemente en la Asamblea Legislativa, en el marco del Mes de la Ciencia y la Tecnología.

De acuerdo con Monge, “muchos de los actores iniciales ya han fallecido y muchos de los recuerdos que dejaron estaban dispersos en documentos. Sentí que era importante rescatar esa memoria y ponerla a disposición de las nuevas generaciones”.

Casi cinco décadas de historia

El autor explica que, aunque la primera Feria Nacional se celebró en 1987, sus antecedentes se remontan a finales de la década de 1970, cuando la Universidad de Costa Rica comenzó a impulsar iniciativas para fomentar el interés científico entre estudiantes de secundaria.

Con el paso de los años, el modelo se amplió. En 1993 incorporó la educación primaria y, en 1995, la educación preescolar, con lo que se extendió el acceso a experiencias de investigación científica desde edades tempranas.

Además, detalla que la experiencia costarricense también trascendió las fronteras nacionales y sirvió de referencia para iniciativas similares en otros países de América Latina. Generaciones de estudiantes han representado a Costa Rica en ferias internacionales realizadas en México, Estados Unidos, Brasil y España, entre otros países.

Innovación estudiantil con impacto social

El libro reúne historias de estudiantes que llevaron problemas cotidianos al ámbito de la investigación y desarrollaron propuestas con aplicaciones concretas.

Entre ellas se encuentran los proyectos de Luis Gerardo León, de Bagaces, y Cristian Núñez, de Limón, quienes participaron en la Feria Nacional con propuestas relacionadas con la movilidad de personas con parálisis y alternativas al combustible tradicional.

También destaca la historia de Marco Ávalos, ganador de la primera Feria Nacional, quien años después desarrolló el Planetario Aventura, un proyecto que continúa evolucionando casi cuatro décadas después.

“Lo que él aprendió de esta primera feria lo ha llevado a vivir casi 40 años en seguir aprendiendo, en seguir innovando”, señala Monge.

Para el autor, el principal valor de estos procesos va más allá de la formación de futuros científicos. Las ferias permiten que los estudiantes desarrollen habilidades como investigar, formular preguntas, trabajar en equipo y buscar soluciones, competencias que pueden aplicar independientemente de la profesión que posteriormente elijan.

Retos de la educación STEAM

Monge considera que la educación científica debe preparar a los estudiantes para enfrentar problemas desde diferentes perspectivas, en lugar de limitarse a enseñar métodos únicos para encontrar soluciones.

La educación en STEAM no es un proceso de receta. Es un proceso en el que la adaptabilidad del estudiante para encontrar diferentes caminos y solucionar un problema es más importante que enseñar una receta".

En ese sentido, plantea que Costa Rica tiene el desafío de prestar mayor atención al talento que surge desde las aulas y a las ideas que desarrollan las nuevas generaciones:

Escuchar la voz del futuro es un gran reto para nosotros”.