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Imagen principal del artículo: La pertinencia cultural como parte esencial de la atención en salud

La pertinencia cultural como parte esencial de la atención en salud

¿Cuántos pueblos indígenas existen en Costa Rica?

¿Puede usted nombrarlos?

¿Sabe ubicar sus territorios en un mapa?

Si las respuestas no son inmediatas, no se preocupe; le aseguro que forma parte de la mayoría. Y más allá de conocer las respuestas, es interesante preguntarnos por qué, en un país que reconoce a sus pueblos indígenas como parte fundamental de su historia y patrimonio, sabemos tan poco sobre ellos. Este desconocimiento no es un tema menor. Lo que no conocemos difícilmente lo podemos entender, y eso que no entendemos fácilmente lo convertimos en estereotipo.

Con frecuencia escuchamos hablar de “los indígenas” como si se tratara de un solo pueblo, con una única cultura, una única forma de entender el mundo y una misma manera de relacionarse con la salud y la enfermedad. Sin embargo, cada pueblo tiene su propia historia, lengua, territorio, tradiciones y formas de comprender la vida. Pueden compartir elementos de su cosmovisión y enfrentar problemáticas similares, pero eso no los convierte en un grupo homogéneo.

La historia y la realidad contemporánea de los pueblos originarios han tenido un espacio limitado en nuestra educación, y ese vacío de conocimiento nos acompaña a lo largo de la vida. Incluso quienes trabajamos en salud podemos llegar a encontrarnos con una familia indígena sin tener las herramientas necesarias para comprender plenamente su contexto.

Y entonces sucede algo paradójico: esperamos que una persona que llega desde un territorio indígena se adapte a nuestro consultorio u hospital, a nuestro lenguaje, a nuestros horarios, a nuestra comida y a nuestra manera de entender la enfermedad, sin detenernos a pensar cuánto de ese sistema ha sido diseñado pensando en personas con realidades muy diferentes. La pertinencia cultural comienza precisamente cuando nos hacemos esa pregunta.

No todas las personas viven, interpretan o enfrentan la enfermedad de la misma manera. Para una familia indígena, una hospitalización puede significar mucho más que trasladarse a un centro asistencial. Puede implicar recorrer grandes distancias, alejarse de su comunidad, dejar atrás responsabilidades familiares, enfrentar barreras lingüísticas y desenvolverse dentro de un sistema cuyas reglas pueden ser completamente ajenas. También puede significar encontrarse con profesionales que desconocen su cultura y que, sin intención de hacerlo, interpretan determinadas prácticas desde sus propios referentes. Por eso, la pertinencia cultural no consiste simplemente en “conocer las costumbres indígenas”. Implica estar dispuestos a preguntar, escuchar, aprender y reconocer que nuestro conocimiento no es el único conocimiento existente.

Esto adquiere una relevancia especial en el trabajo que hacemos en el Hospital Nacional de Niños (HNN). Cada niño indígena que atendemos trae en su cuerpo mucho más que una enfermedad. Trae una familia, una comunidad, un territorio, una historia y una manera particular de comprender lo que está sucediendo. Por eso necesitamos conocer mejor a quienes estamos atendiendo. Desde la Comisión de Asuntos Indígenas Hospitalarios del HNN se han impulsado esfuerzos para transformar ese conocimiento en evidencia. Estamos procurando obtener información sobre los pacientes indígenas atendidos en el hospital para conocer de cuáles pueblos y territorios provienen, cuáles son sus principales motivos de ingreso y en qué servicios reciben atención. Estos datos pueden enseñarnos dónde debemos concentrar nuestros esfuerzos, identificar tendencias que abran oportunidades para prevenir enfermedades y contribuir a una mejor planificación de los recursos hospitalarios y de los servicios de apoyo que requieren estas familias. Nuestra participación en ferias de salud, organizadas por hospitales y áreas de salud directamente en territorios indígenas, tiene la intención de sensibilizar al personal hospitalario para que logren dimensionar de mejor manera todas las circunstancias que deben tener en consideración al momento de atender a personas de estos pueblos.

La pertinencia cultural nos obliga a cuestionar un modelo de atención que durante mucho tiempo ha colocado al conocimiento biomédico como el único referente válido para comprender la enfermedad, mientras posiciona al profesional como quien posee las respuestas y al paciente como quien debe recibirlas. El valor de la medicina basada en evidencia se aumenta mediante el diálogo, reconociendo que la experiencia de las personas, sus comunidades y sus saberes también forman parte del contexto en el que ocurre la atención. Para hacer esto necesitamos llenarnos de la humildad que nos permita reconocer que no lo sabemos todo, que algunas de nuestras prácticas pueden estar generando barreras que nunca hemos identificado, que tenemos nuestras propias falencias y que debemos buscar cómo mejorar.

Lo más probable es que el verdadero cambio empieza cuando dejamos de preguntarnos cómo hacer que el paciente se adapte al sistema y empezamos a preguntarnos qué necesita cambiar en nuestro sistema para atender mejor al paciente que tenemos al frente. Cuando una familia indígena cruza las puertas de un hospital, no deja su cultura afuera y reconocerla debe ser parte de nuestra responsabilidad. Porque la pertinencia cultural no busca que atendamos de manera diferente a las personas por pertenecer a un pueblo indígena. Busca que seamos capaces de ofrecer una atención equitativa, respetuosa y verdaderamente humana dentro del contexto de cada individuo.