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La lectura profunda: el superpoder que estamos perdiendo

Cuando pensamos en hacer ejercicio, inmediatamente imaginamos beneficios para el cuerpo: músculos más fuertes, mejor salud cardiovascular, mayor resistencia.

Pocas veces pensamos que el cerebro también necesita entrenamiento. Y que uno de los ejercicios más completos que existen sigue siendo uno de los más antiguos: leer en papel.

Durante décadas promovimos la lectura porque ampliaba el conocimiento, enriquecía el vocabulario o mejoraba la ortografía. Hoy la neurociencia demuestra que sus beneficios van mucho más allá. Leer cambia físicamente el cerebro. No es una metáfora. Es ciencia.

La neurocientífica Maryanne Wolf, una de las mayores investigadoras del cerebro lector, explica que la lectura profunda desarrolla redes neuronales relacionadas con la memoria, la comprensión, la empatía, el pensamiento crítico y la capacidad de analizar información compleja. Cada vez que leemos con atención, el cerebro establece conexiones que fortalecen la manera en que comprendemos el mundo.

El neurocientífico Stanislas Dehaene llega a una conclusión similar: aprender a leer reorganiza el cerebro y potencia habilidades que utilizamos posteriormente para aprender, resolver problemas y tomar decisiones. Quizás por eso deberíamos dejar de ver la lectura únicamente como un pasatiempo o una actividad académica. Leer también es salud cerebral.

Vivimos rodeados de estímulos que premian la rapidez y la gratificación inmediata. Cambiamos constantemente de una aplicación a otra, respondemos notificaciones y consumimos información fragmentada durante gran parte del día.

En ese contexto, la lectura profunda —especialmente cuando se realiza con un libro en papel y sin interrupciones— representa algo extraordinario.

Leer es uno de los pocos ejercicios que obliga al cerebro a hacer algo que la vida digital le exige cada vez menos: permanecer.

Permanecer en una historia.

Permanecer en una idea.

Permanecer el tiempo suficiente para comprender antes de emitir una opinión.

La psiquiatra Marian Rojas Estapé explica que vivimos en una cultura donde predominan la gratificación inmediata y la hiperestimulación, factores que dificultan la concentración sostenida. Recuperar espacios de atención profunda no solo reduce el estrés, sino que también fortalece funciones cognitivas esenciales para nuestra vida diaria.

Por su parte, la investigadora Amishi Jha demuestra que la atención funciona como un músculo. Aquello que entrenamos se fortalece.

Y leer es, precisamente, uno de los mejores entrenamientos para desarrollar esa capacidad. No solamente porque mejora la concentración. También fortalece la memoria, la comprensión lectora, la imaginación, la creatividad y el pensamiento crítico. Quizás por eso vale la pena hacernos algunas preguntas:

  • ¿Puede leer veinte minutos seguidos sin revisar el celular?
  • ¿Recuerda con facilidad el contenido del último libro que terminó?
  • ¿Cuando tiene unos minutos libres busca un libro o automáticamente toma el teléfono?

No son preguntas para sentir culpa. Son una invitación a observar nuestros hábitos. Porque el cerebro cambia con aquello que practica.

Cada página leída fortalece circuitos neuronales, cada momento de concentración ejercita nuestra atención y cada libro terminado desarrolla capacidades que utilizaremos durante toda la vida.

En una época en la que la inteligencia artificial responde preguntas en segundos y la información está al alcance de todos, quizás la verdadera diferencia ya no será quién tenga más datos. Será quién conserve la capacidad de comprenderlos, analizarlos y transformarlos en criterio propio.

Por eso, hoy leer ya no es solamente una actividad cultural. Es una inversión en nuestra salud cognitiva. Una forma de entrenar el cerebro para comprender antes de reaccionar, reflexionar antes de opinar y pensar con profundidad en una época que premia la velocidad.

Tal vez no podamos controlar todos los estímulos que compiten por nuestra atención, pero sí podemos decidir cómo entrenamos nuestro cerebro. Y quizá una de las decisiones más inteligentes siga siendo abrir un libro.