Referencia del BCCR

Tipo de cambio

Compra

...

Venta

...

Presentado por
Logo Coopealianza
Imagen principal del artículo: La huella japonesa en el derecho a la salud

La huella japonesa en el derecho a la salud

Más allá de los tratados, las cenas y las fotografías diplomáticas, existen muchas otras formas de medir la amistad entre dos países. Algunas no aparecen en los discursos oficiales con demasiada frecuencia, y muchas otras veces tampoco encuentran interacción masiva en redes sociales.

Hay ocasiones en las que la amistad entre naciones puede verse en un lugar mucho más sencillo y mucho más humano: en los latidos del corazón de una persona que necesitaba un examen, en las manos de alguien que recupera su movilidad después de una rehabilitación o en la tranquilidad de una familia que ya no tiene que viajar durante horas para que uno de los suyos pueda recibir atención médica.

Desde hace décadas, la tierra del sol naciente tiene una cooperación con nuestro país que ha trascendido con creces las formalidades diplomáticas, centrándose en acciones reales que han preservado y salvado cientos de vidas. Equipos, infraestructura, capacitación y recursos para comunidades con una vulnerabilidad lejana a la comodidad josefina han sido algunas de las acciones en las que el Gobierno japonés ha trabajado junto a nuestro país.

Desde Pérez Zeledón hasta la lejanía de Ciudad Neily, pasando por Osa y Golfito, la cooperación japonesa ha encontrado una de las razones más nobles para existir: acercar las posibilidades de la medicina a quienes viven lejos del ruido de la Gran Área Metropolitana.

Para el Hospital Tomás Casas se destinaron aproximadamente $90.909 para adquirir un microscopio quirúrgico y un equipo láser. En Golfito, otros $88.063 permitieron comprar 13 equipos fisioterapéuticos.

Y lo importante de esto no es exclusivamente lo innovadores que son los equipos, sino la dimensión de lo que evitan.

Evitan que una persona tenga que abandonar su comunidad para recibir un tratamiento en San José porque no lo tienen en Pérez. Evitan que una madre de Ciudad Neily tenga que viajar cientos de kilómetros con su hijo para acceder a un equipo exclusivo del Hospital México. Evitan que la distancia geográfica también sea una distancia sanitaria y una desigualdad en el derecho a la salud.

Durante la pandemia, Japón también estuvo ahí.

Japón realizó una donación de alrededor de $3 millones para financiar equipo médico, como monitores de signos vitales, camas hospitalarias y equipos portátiles de rayos X. El objetivo principal era fortalecer la capacidad de la CCSS en medio de la crisis sanitaria, salvando miles de vidas.

Lo bello de la situación es que dicho equipo no se quedó solamente en San José. El equipo también llegó a Cañas, San Vito, Upala y Los Chiles. Ahí es donde se respeta y se hace valer la dignidad humana sin distinción: ese equipo llegó al corazón de toda Costa Rica.

Pero la historia no queda allí.

En agosto del presente año, la Embajada de Japón hizo una donación de un electrocardiógrafo, una camilla eléctrica y un láser terapéutico de alta intensidad para el Hogar de Ancianos de Palmar Sur, valorados en alrededor de $31.000, para atender problemas relacionados con la hipertensión y complicaciones cardiacas, además de brindar terapias físicas.

Justamente de ahí parte la palabra amistad, porque rara vez se escucha sobre cooperación internacional ajena a la grandeza mediática de Norteamérica, pero acá hay acción real en comunidades históricamente vulnerables y alejadas. Qué importante es ver cuando dos países tienen la capacidad de trabajar en conjunto con la finalidad de darles más posibilidades a las vidas de personas que muchas veces se vieron carentes de ayuda.

Qué lindo es reconocerlo.

Qué lindo pensar que, más allá de la distancia que nos separa, existe un puente que une Costa Rica con Tokio, uno que va mucho más allá de los grandes edificios de La Sabana, que atraviesa nuestras angostas carreteras y bellísimas montañas, uno que llega hasta el corazón de una adulta mayor en Golfito que añoraba el tratamiento de la cadera que llevaba necesitando desde hacía años.

Qué lindo ver que esa puede ser la cara más sincera de una amistad entre naciones, una que ayuda en silencio, pero con todo el corazón.