Vivimos en una época en la que la tecnología ha transformado nuestra forma de aprender, trabajar y relacionarnos. Sin embargo, mientras los avances nos facilitan muchas tareas, también nos enfrentan a un desafío cada vez más evidente: el sedentarismo, el aislamiento y el deterioro de nuestra salud física y mental.
Hoy vemos a niños, niñas y jóvenes dedicando gran parte de su tiempo frente a una pantalla. Los dispositivos electrónicos se han convertido en compañeros permanentes, desplazando el juego al aire libre, el deporte y la convivencia con otras personas. Esta realidad nos obliga a preguntarnos: ¿qué tipo de sociedad estamos construyendo y qué legado queremos dejar a las nuevas generaciones?
La respuesta no pasa por rechazar la tecnología, sino por encontrar un equilibrio. Es indispensable llegar a escuelas y colegios con programas que promuevan la actividad física, la recreación y la creación de comunidades. Fomentar hábitos saludables desde la infancia significa sembrar bienestar antes de que aparezca la enfermedad.
Los datos son claros: cada vez hay más personas con obesidad, hipertensión arterial y diabetes. Son enfermedades que, en muchos casos, pueden prevenirse mediante estilos de vida saludables. El sedentarismo se ha convertido en uno de los grandes enemigos de nuestra salud y, silenciosamente, está cobrando una factura cada vez más alta.
Pero esta realidad no afecta únicamente a los más jóvenes. Los adultos también vivimos atrapados en el estrés, las presas, las largas jornadas laborales y el ritmo acelerado del día a día. Muchas veces optamos por la comida rápida porque creemos que no tenemos tiempo para cocinar o hacer ejercicio. Sin darnos cuenta, vamos relegando nuestro bienestar hasta que la enfermedad aparece.
Precisamente por eso nace el propósito del programa Vive Bien. Más que una estrategia de promoción de la salud, representa una invitación a recuperar el tiempo para nosotros mismos y para nuestras comunidades. Dentro de su proyección hacia 2027, el programa busca acercarse a los cantones, organizar ferias de salud, impulsar espacios recreativos y brindar herramientas que permitan a las personas adoptar hábitos saludables de una manera sencilla y accesible.
Porque cuando alguien dice que no tiene tiempo para cuidar su salud, el reto es acercar las oportunidades hasta donde esa persona vive, estudia o trabaja. La prevención no puede depender únicamente de la voluntad individual; también requiere comunidades organizadas, instituciones comprometidas y espacios que faciliten el cambio.
Vive Bien, como iniciativa de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), refleja una visión que va más allá de atender la enfermedad. Su mayor apuesta es prevenirla, promoviendo una mejor calidad de vida para toda la población. Invertir en prevención no solo reduce el impacto de las enfermedades crónicas, sino que fortalece el tejido social y construye comunidades más saludables y solidarias.
Los medios de comunicación también desempeñan un papel fundamental en este esfuerzo. Cada espacio dedicado a hablar de salud y prevención puede convertirse en una oportunidad para inspirar cambios. Si cada lector comparte un mensaje, motiva a su familia o participa en una actividad comunitaria, estaremos multiplicando el impacto positivo.
La salud no se construye únicamente en un consultorio o en un hospital. Se construye en las escuelas, en los parques, en los hogares, en los barrios y en cada decisión cotidiana. El futuro del país dependerá de nuestra capacidad para entender que prevenir siempre será mejor que curar. Y ese camino comienza hoy, con pequeñas acciones que, sumadas, pueden transformar la vida de miles de personas.
