Somos un país que normalmente es conocido por sus hermosas playas, sus bosques abundantes, su pueblo amigable y el famoso pura vida; un país que, desde la abolición del Ejército, es conocido como un referente de la paz mundial y fiel defensor de los derechos humanos. “La democracia más estable de América Latina”, nos llaman. Esta lucha constante por la defensa de los derechos y la solución pacífica de los conflictos nos permitió proyectarnos como una nación que no se caracteriza por su fuerza militar, sino por sus valores y principios. Pero ¿qué pasa en el país y con su nueva política exterior? ¿Será que los derechos humanos ya no son tan relevantes o simplemente estamos renovando nuestra imagen ante el mundo? Para entrar en contexto, es necesario analizar la respuesta del Gobierno de Costa Rica ante los conflictos mundiales y cómo podría afectar la imagen del país y de su pueblo.
Uno de los conflictos que más llama la atención a nivel mundial es el de Israel con sus países vecinos. ¿Y por qué Israel y no Rusia o Irán? El motivo es sencillo: desde el inicio de las hostilidades, Costa Rica condenó los ataques cometidos por Rusia e Irán, colocándose a favor del derecho internacional y la defensa de los derechos humanos. Debido a eso, las relaciones diplomáticas con ambas naciones son muy limitadas. En cambio, con Israel sucede todo lo contrario. A pesar de que la ofensiva de la nación hebrea inició a causa de un atentado terrorista, esta sobrepasó los límites de la autodefensa para ser considerada como un posible genocidio en contra del pueblo palestino.
Precisamente por eso, es importante analizar la posición de Costa Rica ante el conflicto en Gaza, no porque se exija que tome una posición a favor de alguna de las partes, sino porque es necesario que el Gobierno siga y respete los valores y principios que durante décadas nos han caracterizado. Las decisiones recientes nos hacen plantearnos una pregunta incómoda: ¿Costa Rica actúa de acuerdo con sus principios o adapta su posición según sus intereses internacionales? Y es que, a pesar de que distintas investigaciones de Naciones Unidas señalaron que Israel comete crímenes de guerra y de lesa humanidad en la Franja de Gaza, Cisjordania y el sur del Líbano, el Gobierno costarricense hizo oídos sordos y busca estrechar las relaciones diplomáticas con Israel. Por eso, la pregunta toma relevancia, más aún al comparar dos momentos en las Naciones Unidas que marcan el nuevo rumbo de la política exterior tica. En diciembre de 2024, Costa Rica votó a favor de solicitar una opinión consultiva a la Corte Internacional de Justicia sobre las obligaciones de Israel frente a las Naciones Unidas, donde se establece que, como potencia ocupante, debe facilitar el ingreso de ayuda humanitaria, que la ONU trabaje sin problemas en el territorio palestino y respetar su derecho a la autodeterminación.
Incluso, meses antes de la solicitud a la CIJ, el 24 de abril de 2024, la Cancillería había solicitado “un alto al fuego inmediato y sostenido”; además, exigió la liberación de los rehenes, condenó los ataques cometidos por colonos en Cisjordania y exhortó a adoptar todas las medidas necesarias para garantizar el ingreso “continuo, expedito, seguro e incondicional” de ayuda humanitaria a todas las regiones de la Franja de Gaza” (Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica, 2024). Hasta este punto, la posición costarricense parece ser consistente: se pide la protección de los civiles, el acceso a la ayuda humanitaria y que las partes involucradas cumplan con el derecho internacional. Sin embargo, el panorama cambió en diciembre de 2025.
El 12 de diciembre de 2025, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó una resolución relacionada con la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia sobre las obligaciones de Israel frente a las Naciones Unidas, pero Costa Rica se abstuvo, un cambio de posición que merece la atención de todos los ticos por la falta de congruencia del Gobierno. A pesar de que no se está rechazando el ingreso de ayuda humanitaria a Gaza, el texto hace referencia a las obligaciones de Israel como potencia ocupante. Es por eso por lo que la crítica va más allá: ¿por qué Costa Rica pasó de respaldar el recurso de la CIJ a abstenerse cuando la Asamblea General actuó sobre la opinión consultiva resultante? Este cambio de postura puso el foco sobre si el discurso tico de defender los derechos humanos es real o si los intereses pesan más que los principios.
El dilema costarricense no consiste en escoger entre Israel y Palestina, tampoco en condenar solo los ataques perpetrados por Hamás o Hezbollah, sino en que una política exterior que durante años se caracterizó por la defensa de los derechos humanos también debería condenar los ataques hechos por Israel, exigir que respete el derecho internacional y que cumpla con el derecho humanitario. A diferencia de los grupos extremistas en Medio Oriente, Israel es un Estado miembro de las Naciones Unidas y tiene obligaciones. La ofensiva dejó más de 72.000 muertos, de los cuales aproximadamente el 30% son niños; el sistema sanitario está colapsado, el acceso a la ayuda humanitaria es limitado y la falta de lugares seguros hace que la vida en la Franja de Gaza sea un reto todos los días. Las investigaciones realizadas por la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos informaron de múltiples víctimas civiles, incluidos menores de edad, que murieron en circunstancias que ponen en duda si los ataques israelíes son defensivos o sistemáticos. Por eso, preocupa nuestro silencio.
Un país puede modificar su posición, puede abstenerse, puede considerar que una resolución es parcial, incompleta o políticamente inconveniente. Incluso podemos continuar manteniendo relaciones diplomáticas con Israel, de la misma forma que se hace con Rusia o Irán, y, al mismo tiempo, defender los derechos de la población palestina. Lo que resulta difícil de conciliar con una política exterior basada en principios es que las decisiones cambien sin que el Gobierno explique claramente por qué. ¿Será que ahora los intereses políticos condicionan la defensa de los derechos humanos?
A pesar de que no existen elementos suficientes para afirmar que la posición costarricense obedeció a presiones externas o intereses económicos, es difícil no pensar que así es. No solo es la abstención, sino también el hecho de estrechar las relaciones con un Estado acusado de genocidio y con un primer ministro contra quien la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto por presuntos crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad. Esto no coincide en lo absoluto con la imagen de un país que defiende los derechos humanos y la paz. Durante años, nuestro prestigio se construyó gracias a la idea de que somos un país con principios, porque su pueblo los tiene, pero esa reputación se mantiene teniendo coherencia entre lo que se proclama y lo que realmente se apoya.
Por eso, quizá la pregunta correcta no sea si Costa Rica abandonó los derechos humanos, porque no es así, sino si nuestra política exterior está comenzando a cambiar para defender los derechos humanos solo cuando no interfieren con sus intereses internacionales.
