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El verdadero costo de las jornadas de 12 horas: las personas deben trabajar para vivir, no vivir para trabajar

El diputado Nogui Acosta, de la fracción de Pueblo Soberano, volvió a poner sobre la mesa el proyecto de las jornadas 4x3, por lo que, a partir del martes 11 de agosto, el expediente 24.290 volvió a tener prioridad en el Plenario y los diputados retomaron su trámite para votar las miles de mociones pendientes. Mientras tanto, el resto de la agenda legislativa quedará postergada hasta nuevo aviso.

Para sorpresa de nadie, este proyecto dio bastante de qué hablar a nivel mediático, pero considero que acá hay mucho más para conversar que únicamente sobre un proyecto que promete generar inversión extranjera.

Si bien la idea de trabajar doce horas durante cuatro días a la semana puede resultar atractiva para muchos, teniendo en cuenta beneficios como una mejor distribución del tiempo de descanso o el dinero ahorrado en transporte hacia el lugar de trabajo, existe algo que aún no se ha tomado muy en cuenta.

Más allá de los días libres, ¿cuánto cuesta trabajar doce horas seguidas?

Costa Rica ya es un país que cuenta con una jornada laboral extremadamente intensa. Según datos de la OCDE, una persona empleada a tiempo completo en el país trabaja, en promedio, alrededor de 47,9 horas a la semana, una cifra bastante alta frente a la jornada estándar de 40 horas común en muchos países de la organización.

Sumado a esto, para nuestra desgracia, tampoco somos un país competitivo en materia de productividad respecto a los demás integrantes. Según el estudio OECD Compendium of Productivity Indicators 2024, Costa Rica ocupa el lugar 36 de los 38 países evaluados, siendo únicamente superiores a México y a Colombia en este ámbito.

Teniendo en cuenta el factor del producto interno bruto (PIB) por hora trabajada, en Costa Rica únicamente generamos $29,6, mientras que el promedio de la OCDE fue de $67,5 y en Irlanda fue de $162,5. Entonces, acá aparece la paradoja: nuestro problema país, en realidad, nunca fue que trabajábamos menos y le costábamos más a la corporación; es que sencillamente no producimos lo suficiente en nuestra actual jornada.

Y para estas comparativas aún tenemos deficiencias importantes en temas como el dinamismo corporativo, el acceso a las tecnologías emergentes, las brechas que aún existen en relación con el sistema de educación pública y el mercado laboral contemporáneo, e incluso la falta de infraestructura necesaria para albergar proyectos de inversión internacional.

Entonces, más allá de intentar dinamizar la economía por medio de jornadas que extienden los tiempos de trabajo y buscar contratar más personal, deberíamos concentrarnos en los factores que realmente limitan la capacidad corporativa costarricense a mediano y largo plazo.

Y, de igual forma, es de suma importancia tomar en cuenta el hecho de que no todos los trabajadores viven en circunstancias similares. Las personas se desplazan, comen, duermen, atienden sus necesidades residenciales y, a su vez, deben encargarse, en muchas ocasiones, de sus familiares dependientes.

Datos presentados por estudios como la última Encuesta Nacional de Uso del Tiempo indican que aún existe una distribución sumamente desigual entre el tiempo trabajado y las actividades domésticas no remuneradas. A su vez, según el informe Igualdad de género en Costa Rica, de la OCDE, se evidencia que las mujeres costarricenses dedican alrededor de 23 horas semanales más que los hombres al trabajo doméstico y de cuido no remunerado, superando con creces las 15 horas promediadas por la organización.

Entonces, justo por ello, es que hay que ser tan cautelosos con la apertura del trabajador objetivo para una jornada 4x3, porque para una persona sin ninguna responsabilidad familiar o doméstica esta puede ser extremadamente beneficiosa, mientras que para una persona, padre o madre de familia, esta puede traer consecuencias que incluso los tres días libres de trabajo no pueden resolver, siendo el cuido de sus hijos una de ellas.

A su vez, existe el factor importantísimo de no caricaturizar el proyecto, porque este no busca normalizar el uso de dichas jornadas, sino establecer una excepción para casos determinados. Dicha excepción busca responder a necesidades como las de procesos continuos e ininterrumpidos de 24 horas, por lo que se puede buscar una reorganización de horarios laborales para responder ante esa necesidad.

El problema recae cuando la solución a un problema particular empieza a tratarse como una fórmula general para intentar exprimir utilidad a costa de la necesidad de los trabajadores.

Porque es un hecho que las jornadas 4x3 de 12 horas pueden funcionar. El tema es: ¿a costa de qué?

Factores como la falta de concentración, el cansancio crónico, el estrés y las presas influyen directamente en el bienestar de las personas trabajadoras, y eso también implica un costo para el Estado costarricense, que debe velar por la salud de su ciudadanía.

El objetivo país debería ser buscar un balance entre bienestar y productividad, uno que tenga como objetivo reducir la jornada, pero hacerla provechosa, y esto, por más utópico que parezca, es una realidad en gran cantidad de países. Considero que ahora más que nunca es cuando deberíamos aprender de los mejores y empezar a construir la patria que buscamos desde el trabajo digno y eficiente.

Nuestro progreso laboral no solo debería medirse por cuánto tiempo trabajamos a la semana, sino por cuánto valor podemos producir por hora, cuánto tiempo nos queda para vivir y cuáles son los desafíos nacionales que enfrentamos respecto a temas como transporte, familia y vivienda.

Porque, al final, el tiempo también es una forma de riqueza, y las personas merecen calidad de vida. Las personas deberían trabajar para vivir, pero no vivir para trabajar.