Cuando un estudiante abandona las aulas, no solo pierde un año lectivo; muchas veces pierde oportunidades, proyectos y hasta la esperanza de construir un futuro diferente. El Ministerio de Educación Pública reportó que 18.969 estudiantes permanecieron fuera del sistema educativo público durante 2025 y que entre las principales razones se encuentran la pobreza y la necesidad de trabajar. Esta realidad demuestra que el problema no siempre es la falta de interés, sino también la falta de oportunidades.
Siempre hemos escuchado que para combatir la delincuencia hay que fortalecer a la policía, reforzar las penas y mejorar las cárceles. Y sí, todo eso es importante. Pero también debemos preguntarnos qué lleva a una persona, especialmente a un joven, a involucrarse en la delincuencia.
Muchas organizaciones criminales saben cómo acercarse a los jóvenes. Les ofrecen promesas de riqueza, dinero y oportunidades que muchas veces no encuentran en sus hogares. Por eso, si queremos combatir realmente este problema, debemos entender que la educación puede ser una de las herramientas más importantes para prevenirlo.
Necesitamos implementar cursos sobre las drogas y sus consecuencias, crear más becas y buscar a quienes necesitan una oportunidad para estudiar. No podemos esperar a que un joven encuentre esa oportunidad por casualidad. Tenemos que acercarnos y demostrarles que también existe otra manera de salir adelante.
El dinero puede parecer una solución rápida, pero cuando una persona busca trabajo y descubre que necesita preparación o estudios para acceder a mejores oportunidades, pueden surgir necesidades y frustraciones. Esas situaciones deben atenderse antes de que alguien encuentre en la delincuencia una supuesta salida.
También debemos enseñarles a nuestros jóvenes a ver las narconovelas y las historias que muestran una vida llena de lujos como lo que realmente son: entretenimiento. La delincuencia no es una fantasía ni un espectáculo. Detrás del dinero y el poder existen consecuencias reales: violencia, miedo, prisión, separación familiar e incluso la muerte.
Las becas son una de las ayudas más importantes, porque no todas las personas cuentan con las mismas posibilidades para estudiar. También debemos pensar en la alimentación, los cuadernos, los bultos, los zapatos, el uniforme y el transporte. Que una escuela o colegio sea público no significa que todas las familias puedan cubrir fácilmente esos gastos.
Por eso, no podemos pensar que nuestros jóvenes no estudian simplemente porque no quieren. También debemos preguntarnos qué situaciones están viviendo. Necesitamos más apoyo psicológico para quienes enfrentan problemas familiares, bullying, ansiedad u otras dificultades que pueden hacer que un estudiante abandone las aulas. Los centros educativos deben ser espacios seguros y el personal debe estar atento a las señales de cambio.
La educación no debería tratarse únicamente de sacar buenas calificaciones. También debe ayudar a construir una vida con más oportunidades y enseñar valores como el respeto, la responsabilidad, la tolerancia y la capacidad de resolver conflictos sin recurrir a la violencia.
En Costa Rica, durante los últimos meses, hemos visto diferentes procesos de extradición relacionados con el narcotráfico. Estos casos nos recuerdan que la delincuencia no solo destruye la vida de quienes deciden involucrarse en ella, sino también la de sus familias y comunidades. Además de perseguir a quienes ya delinquen, debemos invertir en prevenir que más jóvenes sean atraídos por estas organizaciones.
El informe Juventudes y Violencias 2019-2023 señala dificultades relacionadas con el acceso a educación de calidad, empleo y otros derechos fundamentales entre las problemáticas que enfrentan las personas jóvenes. Además, en 2024, el exdirector del Organismo de Investigación Judicial, Randall Zúñiga, señaló que la pobreza, la baja escolaridad y la educación inconclusa forman parte de las condiciones que pueden facilitar el reclutamiento de menores por grupos criminales, especialmente en provincias como Limón, Puntarenas y Guanacaste.
Estos datos deberían hacernos reflexionar.
Si sabemos que existen situaciones que pueden aumentar la vulnerabilidad de nuestros jóvenes frente a la violencia y el crimen, ¿por qué esperamos a que el problema ocurra para actuar? La prevención debe comenzar mucho antes de que aparezca un delito.
También debemos aprovechar los medios de comunicación y las redes sociales. Nuestros jóvenes pasan mucho tiempo en internet y sabemos que puede influir en ellos. Entonces, ¿por qué no utilizarlo también para hablar de educación, oportunidades, salud emocional, prevención de drogas y las verdaderas consecuencias del crimen?
Vemos miles de anuncios todos los días, pero ¿cuántos hablan de la importancia del estudio? ¿Cuántos les dicen a nuestros jóvenes que no necesitan tener dinero hoy para construir un futuro mañana?
Tenemos que cambiar el mensaje
No se trata solamente de decirles que no se involucren en la delincuencia. También debemos mostrarles que existen otras posibilidades y ayudarles a encontrarlas.
Por supuesto, fortalecer a la policía, mejorar las cárceles y aplicar la ley son acciones necesarias. No podemos ignorar la responsabilidad del Estado de proteger a la población. Pero una estrategia de seguridad no puede limitarse a reaccionar cuando el delito ya ocurrió. Costa Rica no necesita elegir entre seguridad y educación. Necesita ambas.
Necesitamos combatir a quienes ya están involucrados en el crimen, pero también trabajar para que menos jóvenes lleguen hasta ese punto. Porque castigar puede detener un delito, pero prevenir puede evitar que ese delito ocurra.
La delincuencia no se combate únicamente llenando cárceles. También se combate llenando aulas, dando oportunidades y evitando que nuestros jóvenes lleguen a pensar que el dinero fácil es la única forma de construir un futuro.
Si queremos un país más seguro, tenemos que llegar antes: antes de la droga, antes de la violencia, antes del reclutamiento y antes del delito.
Y llegar antes significa educar.
