El coordinador del Informe Estado de la Región conversó con Delfino.CR sobre las razones detrás del deterioro democrático regional y el atractivo que han ganado gobiernos que prometen resultados rápidos a costa de controles institucionales.
El desencanto de amplios sectores de la población con la capacidad de los Estados para resolver problemas cotidianos está creando condiciones favorables para el surgimiento y consolidación de liderazgos autoritarios en Centroamérica.
Así lo planteó Alberto Mora, coordinador del Informe Estado de la Región, durante una entrevista reciente con Delfino.CR en la que analizó las causas del creciente escepticismo hacia la democracia y el respaldo que han recibido modelos políticos dispuestos a concentrar poder o debilitar controles institucionales.
Para Mora, una de las claves se encuentra en una promesa incompleta de las transiciones democráticas centroamericanas: la región logró consolidar las elecciones como mecanismo legítimo para acceder al poder, pero no necesariamente construyó instituciones públicas capaces de responder con eficacia a las necesidades de la ciudadanía.
La transición permitió que las elecciones se consolidaran como el mecanismo para acceder al poder, pero no necesariamente esos procesos llevaron a construir Estados con capacidades suficientes para responder a las necesidades de la población”.
Ese desfase, explicó, ayuda a entender por qué parte del electorado termina respaldando opciones que prometen orden, seguridad o soluciones inmediatas, incluso cuando esas propuestas implican debilitar reglas y contrapesos democráticos.
El autoritarismo también puede avanzar desde las urnas
Mora señaló que el deterioro de una democracia ya no debe asociarse exclusivamente con golpes de Estado o rupturas militares. En la actualidad, explicó, algunos de los procesos de autocratización avanzan mediante gobiernos electos democráticamente que posteriormente concentran poder, reducen controles institucionales o limitan libertades.
Los datos utilizados por el Estado de la Región muestran que entre 2018 y 2024 todos los países de Centroamérica y República Dominicana experimentaron procesos de autocratización en distintos grados. Los casos más profundos son Nicaragua y El Salvador, donde el deterioro democrático ha alcanzado niveles comparables con las peores épocas de inestabilidad y conflicto político de la segunda mitad del siglo XX.
La región presenta, sin embargo, realidades distintas: Costa Rica conserva características de una democracia liberal, mientras Honduras y Guatemala presentan regímenes híbridos y Panamá y República Dominicana muestran democracias con mayores debilidades institucionales.
Alberto Mora Román, coordinador de investigación del Informe Estado de la Región del Programa Estado de la Nación (PEN).
Voto de castigo y búsqueda de resultados
Según Mora, el respaldo a nuevas opciones políticas no debe interpretarse necesariamente como un desplazamiento ideológico permanente hacia la derecha o la izquierda. En muchos casos, explicó, la ciudadanía castiga a quienes gobiernan cuando considera que no han logrado resolver problemas concretos y posteriormente busca alternativas que prometen mayor eficacia.
En Costa Rica, por ejemplo, los patrones electorales recientes muestran un respaldo importante a las opciones triunfadoras en zonas periféricas y territorios que acumulan mayores rezagos socioeconómicos y problemas de violencia. Ese comportamiento puede abrir espacio a liderazgos que se presentan como capaces de actuar rápidamente frente a instituciones percibidas como lentas, ineficientes o alejadas de las necesidades de la población.
El atractivo del modelo salvadoreño
Uno de los ejemplos más claros para Mora es El Salvador.
Datos del Barómetro de las Américas correspondientes a 2023 muestran que un 55,2% de la población salvadoreña respaldaría a un líder dispuesto a incumplir normas democráticas si con ello logra resolver los problemas del país. En República Dominicana ese apoyo alcanza el 32,8%, mientras que en el resto de los países analizados se mantiene por debajo del 23%.
Mora considera que la popularidad del modelo salvadoreño está estrechamente relacionada con la reducción de los homicidios y la percepción de que el Gobierno logró responder a un problema que durante años afectó profundamente a la población. Ese resultado, sin embargo, ha venido acompañado de la suspensión de garantías fundamentales y una creciente concentración de poder. Para el coordinador del Estado de la Región, el riesgo aparece cuando los resultados inmediatos llevan a normalizar el debilitamiento de las reglas democráticas.
Además, advirtió que problemas como el crimen organizado no pueden resolverse únicamente mediante políticas represivas, pues requieren acciones simultáneas en materia judicial, policial y de cooperación e intercambio de información entre países.
“El voto no es un cheque en blanco”
Mora insistió en que la democracia no termina con la elección de autoridades y que la ciudadanía mantiene una responsabilidad de vigilancia y exigencia de rendición de cuentas después de depositar el voto.
El voto no es un cheque en blanco”.
En ese contexto, subrayó la importancia de preservar la libertad de prensa, la libertad de organización y la libertad de expresión, incluso cuando existen demandas legítimas por mayor seguridad o mejores resultados del Estado.
La tensión que atraviesa actualmente a buena parte de Centroamérica, según su lectura, surge precisamente de esa disyuntiva: sociedades frustradas con instituciones que no siempre producen respuestas suficientes y liderazgos que ofrecen eficacia inmediata a cambio de reducir controles democráticos.
