No existe un dato exacto sobre cuántos médicos especialistas se necesitan en un país según su población. Pero existen parámetros según organizaciones médicas que sugieren una cantidad estimada según cada especialidad. Por ejemplo en la especialidad de anestesiología que es una de las llamadas críticas en nuestro país en cuanto a inopia, ¿Cuántos médicos anestesiólogos debería tener un país o una región determinada? Según datos de The World Federation of Societies of Anaesthesiologists (WFSA) debería existir, como mínimo, una disponibilidad de cinco anestesiólogos por cada 100.000 habitantes, es decir, 50 por cada millón. En los países desarrollados, esta cifra suele oscilar entre 15 y 25 anestesiólogos por cada 100.000 habitantes.
Si aplicamos estos parámetros a Costa Rica, el país requeriría un mínimo aproximado de 250 anestesiólogos y podría llegar a necesitar cerca de 1.000 para satisfacer plenamente la demanda quirúrgica de su población.
Ahora bien, ¿cuántos anestesiólogos tiene actualmente Costa Rica? Según el Colegio de Médicos y Cirujanos, existen 431 anestesiólogos activos inscritos. De ellos, de acuerdo con datos de la Dirección de Recursos Humanos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) a junio de 2026, 253 laboran en esa institución.
Si la CCSS cuenta con un número de anestesiólogos que alcanza el mínimo recomendado para todo el país, la pregunta obligada es otra: ¿dónde está realmente el problema de la producción quirúrgica? ¿Por qué el sistema continúa colapsándose? ¿Por qué el debate público se centra casi exclusivamente en traer especialistas del extranjero o formar especialistas con pocos controles y no en mejorar las condiciones laborales para retener a quienes ya fueron formados en Costa Rica?
Con frecuencia, las autoridades hablan de listas de espera y de la falta de especialistas. Pero, ¿adonde queda el problema de Gestión Hospitalaria y de la institución? Hace unos días un diario nacional publicó, que los cirujanos en la Caja destinan solo el 20% de su tiempo en la institución a operar. El restante tiempo se dedica a consulta externa, y tiempo administrativo. Si aumentamos la cantidad de especialistas aumenta el tiempo de consulta externa, por ende aumenta la cantidad de personas que se ingresan a las listas, osea, cada día se meten mas personas a la lista pero se opera menos. Por otro lado, existe mucha falta de infraestructura y de personal de sala de operaciones. Entonces la pregunta es realmente, ¿por qué se busca producir especialistas en masa, cuando igual no hay adonde ponerlos a trabajar?
Muchas de las personas que toman decisiones estratégicas nunca han trabajado dentro de un quirófano y desconocen la complejidad de su funcionamiento. Un quirófano no depende únicamente del cirujano y del anestesiólogo. Es un ecosistema donde participan enfermería, asistentes, personal de recuperación, laboratorio, banco de sangre, imágenes médicas, esterilización, limpieza, ingeniería, mantenimiento y muchas otras disciplinas. Además del recurso humano, se requiere infraestructura adecuada, equipamiento funcional, disponibilidad de camas (sin camas después de una cirugía, no puede operarse la cirugía electiva) y procesos administrativos eficientes.
La productividad quirúrgica no se incrementa únicamente aumentando el número de especialistas. De poco sirve operar diez pacientes en un día si, en ese mismo período, ingresan veinte nuevos pacientes a la lista de espera. Y no se puede operar más, de lo que la cantidad de camas dentro del hospital lo permita. Sin resolver los cuellos de botella del sistema, las listas continuarán creciendo.
Los altos directivos y muchos responsables de la formulación de políticas públicas deben comprender que numerosos especialistas continúan trabajando en la CCSS no por necesidad económica, sino por compromiso con la institución y con la población costarricense. No obstante, el hostigamiento laboral, la sobrecarga de trabajo, la burocracia, las malas decisiones administrativas y la falta de condiciones adecuadas han impulsado una migración constante hacia el sector privado. Para muchos profesionales, esta decisión responde más a la búsqueda de una mejor calidad de vida que a un incentivo salarial.
Esta situación comenzó a agravarse tras la aprobación de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas durante la administración de Carlos Alvarado y, desde entonces, no se ha logrado construir una estrategia integral que permita recuperar la motivación del recurso humano y fortalecer la capacidad resolutiva de la institución.
Reducir la crisis quirúrgica a una supuesta falta de especialistas es una simplificación que impide atacar las verdaderas causas del problema. Antes de insistir en importar talento, el país debería preguntarse por qué tantos especialistas formados con recursos públicos prefieren abandonar la institución que los formó.
Costa Rica no necesita únicamente más especialistas; necesita una gestión hospitalaria moderna, eficiente y basada en evidencia. Necesita quirófanos que funcionen a su máxima capacidad, procesos ágiles, infraestructura adecuada y condiciones laborales que permitan retener a sus profesionales. Cuando el diagnóstico es equivocado, el tratamiento también lo será. Y mientras se continúe culpando exclusivamente a la falta de especialistas, seguiremos aplicando el remedio incorrecto a un sistema que requiere una transformación mucho más profunda.
