¿Debe Costa Rica limitarse a extraer oro o aprovechar esta oportunidad para construir una visión de país para las próximas generaciones?
La discusión del expediente legislativo 24.717 representa una de las decisiones más importantes que tendrá que tomar Costa Rica en los próximos años. No debe verse únicamente como un debate sobre minería; debe convertirse en una oportunidad para definir qué país queremos construir durante las próximas décadas.
Antes de una eventual votación en la Asamblea Legislativa o de un posible referéndum, vale la pena detenernos a analizar algunos aspectos que podrían fortalecer este proyecto. Si el país decide aprovechar este recurso natural, debemos hacerlo con inteligencia, planificación y pensando en las futuras generaciones, no únicamente en los ingresos de los próximos años.
El primer aspecto importante es que el proyecto de Crucitas se desarrolle bajo un modelo Build–Operate–Transfer (BOT). Esto permitiría que la empresa privada realice toda la inversión, construya y opere el proyecto durante su vida útil, estimada en alrededor de diez años, para luego entregar al Estado toda la infraestructura estratégica construida: planta de procesamiento, laboratorios, sistemas eléctricos, tratamiento de aguas, caminos y demás instalaciones.
Así, Costa Rica no solo recibiría impuestos y regalías mientras se desarrolla el proyecto, sino también un patrimonio que serviría para impulsar el desarrollo futuro de toda la provincia aurífera.
Precisamente por eso, la ley no debería limitarse únicamente al yacimiento de Crucitas. Lo más conveniente sería definir un polígono geológico oficial, respaldado por estudios técnicos, que abarque toda la provincia aurífera de la Región Huetar Norte. Los recursos minerales no siguen límites distritales ni cantonales; responden a la geología. Tener una visión integral permitiría planificar el desarrollo de nuevos yacimientos conforme se comprueben sus reservas, aprovechando la infraestructura heredada del proyecto inicial y reduciendo significativamente las inversiones futuras.
También resulta indispensable crear una Junta Administrativa de Desarrollo Minero, con características similares a las de JUDESUR o JAPDEVA. Su misión sería administrar y fiscalizar los recursos que genere la minería y, sobre todo, planificar el desarrollo del polígono geológico con una visión de al menos 25 años. No se trata únicamente de administrar dinero, sino de convertir una riqueza temporal en desarrollo permanente para la Región Huetar Norte y para Costa Rica.
Pero quizá el reto más importante sea garantizar que el oro no salga del país únicamente como materia prima. Debemos aspirar a mucho más. Parte de los recursos deberían invertirse en infraestructura, educación, salud, innovación, protección ambiental y fortalecimiento de la seguridad en nuestra frontera norte, contribuyendo al combate de la minería ilegal, el crimen organizado y otras actividades que amenazan la seguridad nacional.
Al mismo tiempo, debemos impulsar cooperativas, pequeñas y medianas empresas dedicadas a transformar ese oro en joyería y otros productos de alto valor agregado. En alianza con las universidades, el INA y los centros de investigación, podríamos formar diseñadores, orfebres y especialistas costarricenses capaces de crear una nueva industria nacional.
¿Por qué no pensar en grande? ¿Por qué no convertir a San Carlos en el principal centro nacional de diseño, fabricación y exportación de joyería de oro? En lugar de exportar únicamente el mineral, podríamos exportar talento, creatividad y productos terminados con mayor valor agregado.
Incluso podríamos desarrollar un Sello País que garantice que ese oro fue extraído y transformado bajo los más altos estándares ambientales, sociales y de gobernanza, posicionando una verdadera joyería verde costarricense, reconocida en los mercados internacionales por su calidad, sostenibilidad y trazabilidad.
La discusión del expediente 24.717 no debería reducirse a decidir si explotamos o no el oro de Crucitas. La verdadera decisión es qué legado queremos dejar. Las decisiones que tomemos hoy tendrán efectos durante muchas décadas. Por eso, debemos analizar este proyecto con serenidad y con visión de largo plazo, pensando no únicamente en la explotación rápida de un recurso finito, sino en las oportunidades que podemos construir para nuestros hijos, nuestros nietos y las futuras generaciones.
El oro de Crucitas se agotará algún día. Lo que no debería agotarse es la oportunidad de convertir esa riqueza en educación, infraestructura, industria, seguridad, empleo, innovación y bienestar para Costa Rica. Esa es la decisión histórica que hoy tenemos en nuestras manos.
