
El Colegio de Médicos advierte que la acumulación de tensión puede disminuir la capacidad para manejar situaciones que normalmente no generarían una reacción agresiva.
Una maniobra en carretera, un cambio de carril, un conductor que no cede el paso o unos segundos de espera en medio de una congestión pueden parecer situaciones menores. Sin embargo, estos incidentes pueden convertirse rápidamente en discusiones y enfrentamientos entre personas que, hasta unos segundos antes, ni siquiera se conocían.
Para el Colegio de Médicos y Cirujanos, los constantes actos de violencia en sitios públicos deben llevar a reflexionar sobre qué ocurre antes de que una molestia se transforme en una reacción agresiva. La respuesta no está únicamente en el incidente que desencadena el enojo, sino también en el nivel de estrés y frustración con el que cada persona llega a ese momento.
Las dificultades económicas, la incertidumbre, los problemas personales y otras cargas acumuladas pueden disminuir la tolerancia ante nuevas situaciones frustrantes. En las calles, además, la congestión vial, los problemas de señalización y las características del diseño de algunas vías pueden incrementar esa sensación de frustración.
El Dr. Elliott Garita Jiménez, presidente del Colegio de Médicos y Cirujanos, señaló que la violencia no puede convertirse en una respuesta automática ante las molestias o diferencias que forman parte de la convivencia cotidiana.
Tenemos que recuperar la capacidad de hacer una pausa antes de reaccionar. No todo lo que nos molesta constituye una agresión personal y no toda diferencia necesita convertirse en una confrontación. Una reacción impulsiva puede transformar una situación cotidiana en un problema con consecuencias mucho mayores”.
La manera en que se interpreta lo ocurrido también puede determinar el rumbo que toma un conflicto. Una persona puede asumir que otro conductor se incorporó para perjudicarla, aprovecharse de ella o pasar por encima de ella, aunque en realidad desconozca las circunstancias o las intenciones del otro.
El Dr. Andrea Mesén Fainardi, psiquiatra, explica que este proceso es especialmente relevante en carretera, donde el anonimato puede hacer que se pierda de vista que detrás de cada vehículo existe una persona.
Si alguien anda en un carro y se mete, yo no le pongo cara a ese individuo. Veo nada más ese carro que se me metió, ese carro que no me dio campo o ese carro que hizo una imprudencia. Se me olvida que hay una persona dentro de ese auto y que esa persona puede estar frustrada igual que yo. A esa sensación de anonimato se suma la interpretación que hacemos de la conducta de los demás. Cuando una maniobra se entiende como una provocación deliberada, el enojo puede aumentar, aunque no exista información suficiente para concluir que esa fue la intención”.
Por eso, una de las herramientas más importantes es no personalizar inmediatamente lo ocurrido. Preguntarse si realmente hubo una intención de provocar, considerar que la otra persona puede estar atravesando sus propias circunstancias y valorar la importancia real del incidente puede ayudar a recuperar el control antes de reaccionar.
El psiquiatra plantea que, en muchas ocasiones, la diferencia entre dejar pasar una situación y confrontar puede representar apenas unos segundos, mientras que las consecuencias de una confrontación pueden ser mucho mayores.
“Si yo puedo darle campo a otra persona, probablemente no va a pasar nada. No voy a llegar diez minutos más tarde. Voy a llegar, si acaso, cinco segundos más tarde. No debería interpretarlo como algo personal”, indicó el Dr. Mesén Fainardi.
El especialista también advierte que la frustración no necesariamente comienza en la carretera o en algún sitio público, sino que es producto de una carga emocional previa. Esta acumulación explica por qué una situación aparentemente pequeña puede provocar una reacción mucho mayor de lo esperado. No necesariamente se está reaccionando únicamente ante el vehículo que se incorporó o ante la persona que no cedió el paso, sino ante un conjunto de frustraciones que ya estaban presentes.
Para las autoridades del Colegio de Médicos, reconocer este proceso es fundamental para prevenir que los conflictos cotidianos escalen. La responsabilidad individual comienza por identificar el enojo, hacer una pausa y evitar tomar decisiones desde la impulsividad.
El Dr. Garita Jiménez enfatizó que manejar la frustración no significa ignorar una situación que molesta, sino decidir cómo responder ante ella.
Manejar la frustración también es una forma de prevenir la violencia. Ceder el paso, dejar pasar una situación o simplemente continuar nuestro camino pueden parecer decisiones pequeñas, pero pueden marcar una diferencia enorme cuando estamos frente a una situación que comienza a escalar. La confrontación, además, puede producir exactamente lo contrario de lo que se buscaba. Una persona que reacciona para defender lo que considera su espacio, su derecho de paso o su tiempo puede terminar perdiendo mucho más de todo ello si el conflicto escala".
Asimismo, el Dr. Mesén Fainardi señala que la persona puede pensar que una reacción agresiva se mantendrá dentro de los límites de una discusión, sin considerar que el otro conductor también puede reaccionar y que la situación puede trasladarse rápidamente fuera de los vehículos.
Por ello, los médicos hacen un llamado a la población a no asumir que cada acción de otra persona constituye una provocación, evitar la confrontación y recordar que detrás de cada vehículo hay una persona cuyas circunstancias se desconocen.
Manejar la frustración no significa que nada deba molestarnos. Significa reconocer el enojo, cuestionar la interpretación que estamos haciendo de la situación y decidir que una molestia de segundos no determine nuestras acciones.
