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¿Qué tiene Costa Rica de especial para atraer a tantas empresas de industria médica?

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Hay cifras que deberían invitarnos a reflexionar, en el mejor sentido. Costa Rica es hoy el mayor exportador de dispositivos médicos per cápita del mundo. Este sector representa cerca del 48% de todas las exportaciones de bienes del país, agrupa a más de un centenar de empresas y genera más de 63.000 empleos directos.

En apenas una generación pasamos de ensamblar componentes a fabricar y desarrollar tecnología que transforma y salva vidas en quirófanos alrededor del planeta.

Y, sin embargo, una parte importante de nuestros profesionales aún no mira hacia esa oportunidad. Algunos porque desconocen cómo incorporarse a esta industria; otros porque todavía no dimensionan el enorme potencial que representa para su crecimiento profesional y para el desarrollo del país.

El pasado 11 de junio, en el Colegio de Microbiólogos y Químicos Clínicos de Costa Rica decidimos contribuir a abrir esa puerta. Junto al Clúster de Dispositivos Médicos organizamos un foro sobre la evolución del rol del profesional en microbiología dentro de esta industria. La principal conclusión fue contundente: ingresar y crecer en este sector exige mucho más que conocimiento técnico.

Por supuesto, son indispensables competencias como la esterilización, el control de biocarga y el dominio de normas internacionales de calidad. Pero hoy tienen el mismo peso habilidades como el pensamiento crítico, la comunicación efectiva, el trabajo interdisciplinario, la capacidad de adaptación, el liderazgo y el aprendizaje continuo.

Ese, precisamente, es el nuevo perfil profesional que demanda nuestro tiempo. No es una realidad exclusiva de la microbiología; es una transformación que atraviesa prácticamente todas las profesiones. El conocimiento técnico abre oportunidades, pero son las competencias humanas las que permiten permanecer, liderar, innovar y generar verdadero impacto.

Por eso este llamado trasciende a los profesionales en microbiología. Es un llamado a la academia, para que forme personas tan sólidas en lo técnico como en lo humano. Es un llamado también a otras disciplinas —ingenierías, ciencias de la vida, química y muchas más— que tienen frente a sí las mismas oportunidades y que, en ocasiones, aún no logran visualizarlas. Y es un llamado a la sociedad en su conjunto, para comprender que muchas de las oportunidades de desarrollo profesional de mayor valor agregado ya están en Costa Rica, esperando talento preparado para asumirlas.

Vale la pena recordar cómo llegó Costa Rica hasta aquí. No fue gracias a la abundancia de recursos económicos ni al tamaño de su territorio. Llegó por la calidad de su talento humano. Esa ha sido la verdadera ventaja competitiva que nos posicionó como referente mundial en dispositivos médicos y, al mismo tiempo, es la ventaja que más rápidamente podríamos perder si dejamos de fortalecerla.

Atraer nuevas inversiones y sostener el crecimiento de esta industria dependerá, sobre todo, de nuestra capacidad para seguir desarrollando personas: formarlas, actualizarlas y acercarlas a las necesidades reales del sector productivo. El día que dejemos de hacerlo, otra geografía ocupará el lugar que hoy hemos conquistado con esfuerzo y visión.

La iniciativa del Colegio de Microbiólogos y Químicos Clínicos de Costa Rica representa apenas un primer paso, pero uno profundamente significativo: el inicio de una alianza entre la industria, el Colegio y la academia para construir ese talento que el país necesita. Tenemos el mercado. Tenemos la capacidad científica. Tenemos el talento. Lo que ahora necesitamos es la decisión colectiva de prepararlo, impulsarlo y brindarle el espacio que merece.

Costa Rica ya demostró que puede competir entre los mejores del mundo. La próxima frontera no está únicamente en una zona franca ni en una nueva inversión; está en nuestras aulas, en nuestros colegios profesionales, en la articulación entre sectores y, sobre todo, en la decisión de no dejar escapar el talento humano que ha sido, desde siempre, nuestra mayor fortaleza.

Escrito por: Angie Cervantes Rodríguez vocera del Colegio de Microbiólogos y Químicos Clínicos de Costa Rica