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La dictadura de la inercia: la anatomía oculta de la IED y el estancamiento competitivo

En la ciencia económica contemporánea, el triunfalismo estadístico suele ser el peor enemigo de la política pública. Tras la reciente divulgación de las cifras agregadas de inversión extranjera directa (IED) correspondientes al primer trimestre de 2026, el ecosistema oficialista corrió a celebrar los flujos totales como un síntoma inequívoco de dinamismo estructural. Sin embargo, desde la perspectiva de la economía de la información y la teoría de señales que defendemos en el Signaling Lab (S-Lab), el análisis riguroso exige aplicar el bisturí metodológico para separar la señal del ruido informativo.

Cuando se realiza un análisis depurado, excluyendo el impacto distorsionante de la venta de los negocios de bebidas, alimentos y venta al detalle de FIFCO, emerge una lectura distinta sobre el atractivo del país para captar nueva IED. La realidad que se devela no es necesariamente la de un país rompiendo récords de competitividad, sino la de una economía que corre el riesgo de quedar atrapada en la dictadura de la inercia.

El primer hallazgo que matiza el relato oficial aparece al analizar la composición interna del flujo, sin el peso de transacciones extraordinarias. Al restar ese choque exógeno, la cuenta de capital, que mide el ingreso de inversión nueva, el nacimiento de infraestructura fresca y el desembarco de nuevos jugadores corporativos, muestra una contracción importante en su peso relativo. En el primer trimestre de 2025 el capital representaba un 35% de la estructura de la IED; para el primer trimestre de 2026, esa participación se redujo a un 18%.

¿Qué significa esto en términos de señales de mercado? Significa que, desprovisto de maquillajes contables por fusiones y adquisiciones de empresas que ya operaban localmente, el atractivo del país para atraer inversión verde (greenfield) o capturar nuevos eslabones de las cadenas globales de valor requiere una lectura mucho más cuidadosa. El motor de tracción orgánica de capital fresco no debe evaluarse a partir de un titular agregado, sino de la composición real de los flujos.

La contrapartida de esta debilidad relativa en el capital nuevo es el aumento en la dependencia de las utilidades reinvertidas, especialmente dentro del régimen de zona franca. Al contrastar ambos períodos y aislar el efecto de la transacción extraordinaria, los montos que las multinacionales deciden reinvertir se mantuvieron prácticamente idénticos, calcados en su comportamiento inercial. No obstante, debido a que el ingreso de capital nuevo pierde peso relativo dentro de la matriz analizada, la importancia de estas utilidades escaló del 82% en 2025 al 85% en 2026, según los cálculos del S-Lab.

Esta es la señal de alta fidelidad que el triunfalismo ciego se niega a leer. El andamiaje macroeconómico del país no se sostiene únicamente porque estemos ofreciendo nuevas ventajas competitivas, infraestructura ágil o reformas estructurales capaces de seducir al capital global. También se sostiene por la inercia del éxito pasado. Las empresas que ya operan en suelo nacional, que conocen las reglas del juego y poseen costos hundidos, reinvierten sus ganancias para mantener y ampliar sus operaciones. Esa confianza importa, pero no basta.

Depender crecientemente de la reinversión de utilidades existentes demuestra que el atractivo país puede estar concentrándose en una zona de confort para quienes ya están adentro, mientras se vuelve más difícil convencer a nuevos jugadores de entrar al tablero.

Lo verdaderamente preocupante es el silencio complaciente que impera en el entorno nacional. Pocas voces están haciendo estos análisis estructurales; pocas parecen notar la pérdida de tracción orgánica en sectores de alta complejidad cognitiva, como los servicios del conocimiento tradicionales, que ya registran caídas netas en sus flujos de IED. Nos conformamos con validar un espejismo estadístico agregado sin entender que el modelo se ha vuelto peligrosamente vulnerable.

Si el atractivo real del país se reduce cada vez más a la rentabilidad inercial de las zonas francas ya establecidas, ¿qué sucederá cuando la automatización cognitiva y la IA generativa erosionen los márgenes de utilidad de esas operaciones globales de servicios, como ya lo estamos investigando en el S-Lab? Sin capital nuevo que refresque la matriz productiva y eleve la complejidad de nuestro capital humano, el país quedará atrapado en un equilibrio de bajo esfuerzo.

El tablero nos está enviando una advertencia nítida. Seguir ignorando la letra menuda de los datos para sostener un relato político no es optimismo; es una peligrosa ceguera estratégica que el país pagará en términos de productividad y empleo futuro.