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Intereses contrapuestos, conocimiento y amor

Es responsabilidad de los ciudadanos y de sus instituciones proyectar a nuestro futuro lo mejor de la construcción social de nuestra historia y construir una sociedad más justa, que elimine la pobreza y abra oportunidades de superación personal y familiar.

Para ello debemos actuar con moderación, balanceando intereses diversos y contrapuestos en pro de equilibrar objetivos razonables y válidos, pero que llevados al extremo deterioran otras metas igualmente convenientes. Debemos hacerlo con consciencia de nuestras limitaciones, pero llenos de esperanza en las extraordinarias capacidades de las personas.

Para lograrlo se requiere participación, diálogo y liderazgo democrático respetuoso. Solo así o por mandato despótico es posible el equilibrio entre válidos objetivos, que aparentemente son casi irreconciliables.

Nuestra sociedad demanda equilibrio entre:

  • Libertad y solidaridad: de la libertad de todas y cada una de las personas depende la vigencia de su dignidad como seres independientes; de la solidaridad entre nosotros depende la paz social.
  • Innovación y oportunidades: de innovar depende el progreso basado en eficiencia y requerido por la escasez, pero la creatividad de unos no puede darse a costa de eliminar posibilidades a los demás.
  • Justicia social y eficiencia económica: es preciso practicar la opción preferencial por personas dejadas de lado por el progreso, pero con el uso de instrumentos que no limiten la eficiencia.
  • Equilibrio entre mercado y Estado: tanto mercado como sea posible, tanto estado como es necesario, incluso para facilitar el orden económico competitivo.
  • Estabilidad financiera y equilibrio fiscal por una parte y por otra la demanda por gasto creciente del Estado: con inflación castigamos en mayor medida a las familias más pobres, pero las demandas de gasto público son crecientes para educación de primaria a universitaria, seguridad ciudadana, para salud, pensiones, infraestructura, y para otros rubros muy importantes.
  • Derechos individuales y valores de vida y familia: la dignidad y la libertad es de cada persona, pero la familia es la célula esencial de la sociedad en la que se trasmiten valores y tradiciones.
  • Producción y conservación: estamos llamados a promover armonía entre el bienestar de la generación presente y el de hijos, nietos y bisnietos.
  • Gobierno y comunidad: control territorial centralizado y normas de convivencia básicas comunes a la par de diversidad creativa y subsidiariedad en favor de las regiones.
  • Tradiciones locales que nos dan arraigo y pertenencia y la consciencia de nuestra responsabilidad global; somos vecinos de nuestro cantón y ciudadanos de Costa Rica, pero también habitantes de la Tierra.
  • Seguridad ciudadana y justicia incluida la rehabilitación de quien ha delinquido: hoy más difícil y necesaria que nunca en nuestra historia.

Cada persona y cada grupo tienen interés propio en alguna de cada una de esas potenciales disyuntivas.

¿Cómo armonizar intereses a menudo con enorme oposición entre sí?

Como es evidente el conocimiento puede iluminar soluciones y alternativas frente a los casos concretos.

Actuar con seriedad, eficiencia y eficacia para tener éxito en la construcción de esos acuerdos no es fácil y requiere conocimiento y la humildad que nos da reconocer nuestra ignorancia.

Pero eso no es suficiente. Requerimos además virtudes de moderación, apertura y respeto a quienes piensan diferente. Son virtudes que forman parte de la coraza de convicciones que nos puede proteger frente a la incertidumbre, el desarraigo y el miedo al cambio, que hoy aceleradamente, casi precipitosamente, vive el mundo

Con independencia de que esas virtudes se originen de una fe trascendente, o sean fruto de la sabiduría acumulada por la humanidad, para que ellas predominen en las relaciones humanas debemos practicar el amor a las demás personas. Solo así, por convicción de que mi bienestar depende del bienestar de los demás, podremos dominar el egoísmo innato en nosotros, escuchar puntos de vista diferentes con capacidad de entenderlos y actuar con moderación y consideración a las demás personas.

En el tesoro de nuestra historia encontramos lo que he llamado la solución costarricense. La capacidad demostrada desde la propia llegada de la noticia de nuestra independencia para prever los problemas que nos traería el futuro con sus cambios, y acordar y ejecutar juntos las soluciones.

Estoy convencido de que esa solución fue posible porque en la pequeña y aislada pobre comunidad costarricense muchas familias se conocían y había consciencia de que sus relaciones deberían ser regidas por el amor y no por la confrontación y la enemistad. Lo creo no porque fuesen santos ni sabios, ni porque siempre lo pusieran en práctica, sino por los resultados de sus acciones. Posiblemente les facilitó esa manera de actuar su precaria condición que hizo posible que, en medio de constantes violaciones al mandato del amor, por conocerse muchos personalmente al menos sabían que deberían practicarlo.

Es hora de rescatar la solución costarricense para recuperar la relación armónica entre ciudadanos y dirigentes políticos.

Es una tarea esencial para unirnos armónicamente, con amor fraterno y sus virtudes, con conocimiento, con la fuerza de ciudadanas y ciudadanos, en la interminable y siempre imperfecta búsqueda y lucha por practicar la verdad, el bien común y la justicia y de admirar la creación y la belleza.

En el amor fraterno y no la confrontación radical de intereses contrapuestos encontramos camino para resolver los difíciles problemas que enfrentamos, venciendo el antagonismo e incluso la enemistad que nos divide y con moderación equilibrando los intereses válidos contrapuestos.

Repito mi pregunta, ¿cómo conciliar tan válidos y enfrentados intereses?

No veo otra solución que actuar uniendo conocimiento y amor.