Imagen principal del artículo: ¿Ha disminuido o aumentado la violencia contra las mujeres y niñas?

¿Ha disminuido o aumentado la violencia contra las mujeres y niñas?

En setiembre de 2020, la policía sorprendió a un hombre dentro de un supermercado ubicado en el sureste de Francia mientras filmaba a mujeres por debajo de sus enaguas. Ese hombre fue identificado como Dominique Pelicot. Sin embargo, aquellos hechos solo representaban la punta del iceberg. Cuando la policía realizó una investigación a fondo, encontró más de 20.000 imágenes y videos de la señora Gisèle Pelicot, persona adulta mayor, mientras hombres abusaban sexualmente de ella en estado de inconsciencia.

Así es: durante el juicio realizado ante un tribunal con sede en Aviñón, Francia, se descubrió que Dominique Pelicot suministraba somníferos y drogas a su esposa para que otros hombres pudieran acceder sexualmente a ella, sin que ella se diera cuenta.

Lamentablemente, la investigación arrojó que Dominique fue más allá e influyó para que otros hombres replicaran su conducta. Así lo demostró el caso de Anthony Eissenmenger, guarda de seguridad privada de 39 años, quien recibió una condena de 15 años de prisión por violación y agresiones sexuales contra su esposa. La Fiscalía logró demostrar que Eissenmenger le pedía consejos a Pelicot sobre cuáles dosis de sedantes suministrar a su propia esposa.

Este juicio no tuvo como imputado únicamente a Pelicot. Las autoridades identificaron a decenas de hombres vinculados con los hechos, de diversas profesiones, desde bomberos hasta periodistas y enfermeros. También se trataba de hombres de distintas edades, entre ellos personas jóvenes y adultos mayores, que vivían en un radio cercano a la casa de los Pelicot. Dominique Pelicot recibió una sanción de 20 años de prisión por estos hechos.

Estos casos no son aislados. En Italia, el caso “La mia moglie” —en referencia a una página de Facebook del mismo nombre— expuso cómo hombres compartían imágenes de sus propias esposas, parejas y amigas en momentos íntimos o sexualizados, sin su consentimiento. Algunas fotos eran reales y otras producidas mediante inteligencia artificial.

Lo preocupante es que este grupo permanecía abierto desde 2019 y tenía aproximadamente 32.000 integrantes. Resulta impresionante que transcurrieran seis años desde la creación de la página sin que Meta la cerrara antes. La plataforma procedió a eliminarla a raíz de denuncias presentadas ante la Policía de Roma. Como expresó una subdirectora de la Policía al periódico Corriere della Sera: “es increíble que en Facebook te banean por escribir ciertas palabras, pero por crear contenido desafiando los derechos de las mujeres, todo pasa sin que nadie mueva un dedo”.

No obstante, lo más grave es que sus creadores migraron a Telegram, bajo el argumento de que esa compañía resulta menos moralista. Incluso, parte de las personas involucradas afirmó que todo se trataba de una broma y que no entendía por qué se les juzgaba tan gravemente por este hecho.

Ahora viajemos a Portugal, a febrero de 2025, cuando las autoridades investigaron a jóvenes influenciadores por violar a una adolescente de 16 años, grabar la agresión sexual y subirla a TikTok.

Lo que genera más impresión es que unas 32.000 personas vieron la agresión y ninguna alertó a la policía. Las autoridades conocieron el caso hasta que la adolescente acudió al hospital y, junto con su madre, recibió asistencia para interponer la denuncia.

Los jóvenes recibieron penas de entre siete y ocho años de prisión por violación agravada y delitos vinculados con pornografía de personas menores de edad. Además, deben pagar 50.000 euros a la víctima, unos 26 millones de colones, y reembolsar a la unidad de salud local la asistencia prestada. Los condenados permanecen en prisión mientras esperan la resolución de sus recursos de apelación. TikTok no recibió ninguna sanción en este caso.

Estos casos tienen una resonancia particular por la agresión extrema que presentan y por el impacto exponencial que logran a partir del uso de plataformas digitales. En cada uno de ellos, no actuó un solo hombre. Se trata de agresiones sexuales en masa, acompañadas o amplificadas por miles de visualizaciones.

Los casos presentados son solo tres entre muchos que podríamos citar. Sin embargo, nos dan una idea de la situación actual en torno a la violencia contra las mujeres. Para tener una visión más completa, podemos revisar el estudio sobre violencia digital realizado por The Economist Intelligence Unit, el cual muestra que este tipo de violencia alcanza al 91% de las mujeres en América Latina y el Caribe, solo por debajo de Medio Oriente, donde llega al 98% de la población femenina.

Por ello, preocupan las palabras pronunciadas por la diputada Kathia Calvo Cruz, presidenta de la Comisión de la Mujer de la Asamblea Legislativa: “ha existido abuso de algunos derechos de las mujeres en perjuicio de los hombres”. Esa frase demuestra un desconocimiento sobre el nivel de violencia que vivimos las mujeres en la vida diaria y omite por completo que el feminismo nunca ha buscado la imposición o el poder de un género sobre otro.

No podría completar este artículo sin citar a la doctora Rita Segato, referente feminista latinoamericana, cuando dice que en nuestras sociedades existe un mandato de masculinidad tan dañino y violento para las mujeres como para los hombres. Este impone una serie de obligaciones inalcanzables a lo masculino: ser el más adinerado, el más musculado, el más exitoso. El patriarcado es dominancia, poder de una persona sobre otra. Quizá desde ese deseo de superioridad se genera tanta violencia, y por ello debemos atacarlo.

Concluyo con las cifras mostradas por la ONU: cada 10 minutos, una mujer o una niña muere en el mundo a manos de su pareja o de un miembro de su propia familia.