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El valor de lo tangible

Hace unas semanas, mientras celebraba mi aniversario de bodas, me encontré con un puesto de ventas de discos compactos y vinilos al salir del hotel. Me llamó poderosamente la atención que aún existan copias físicas de música, en una sociedad que ya valora el streaming por sobre todas las cosas. No lo dudé ni un segundo y me puse a buscar mi disco favorito a ver si, por pura casualidad, lo encontraba. Luego de mucho mover los dedos entre tanto CD, finalmente apareció, aún empacado, en todo su esplendor, "El viaje de Copperpot" de La Oreja de Van Gogh (Team Amaia antes de que me pregunten). "¿Dónde lo vas a reproducir?" me preguntó mi esposa y, por un momento, tuve un mini infarto porque me había ido al lado digital hacía mucho tiempo. Toda mi librería de 300 películas en Blu-ray la había vendido y el Apple TV era mi nuevo amigo.

Sin embargo, luego de pensarlo por medio segundo, recordé que mi sistema de audio Dolby funciona por medio del Blu-ray, por lo que iba a poder escuchar a Amaia cantar Dicen que Dicen en 5.1 Dolby Surround. Y tengo a Amanda, mi hija, como testigo de la cantidad de veces que he escuchado ese disco. Luego de mucho escucharlo también comencé a cuestionar el porqué se me hacía más disfrutable que simplemente pedirle a Alexa que reprodujera el disco en streaming. La energía y la experiencia eran diferentes. La dopamina que liberaba mi cerebro, definitivamente, era otra con la experiencia de sacar el disco de su caja, ponerlo en el reproductor y subir el volumen.

Pasé por lo menos un mes cuestionándome sobre este hecho hasta que, un día sin más, me llegó un correo electrónico que me abrió el panorama a algo que ya venía pensando, pero que, extrañamente para un escritor, me costaba poner en palabras. Mauricio Jiménez, director ejecutivo de Pejibaye Consulting, escribió sobre cómo el futuro es analógico y dialogaba sobre la necesidad de la desconexión de la red y el valor de lo tangible. Mauricio, en su extensa sabiduría, mencionaba algo que me impactó mucho, y eso era que "el aburrimiento es un sistema de mantenimiento para nuestro bienestar mental", frase que me puso a pensar sobre la cantidad de horas que pasamos pegados a nuestros dispositivos.

Todo este contexto para decir primero que soy un artista de antaño. De esos que más bien huyen de los avances cuando amenazan la integridad humana. Por ejemplo, esos librillos escritos por IA que no tienen corazón, ni intencionalidad y son planos. Y segundo, para decir que me parece importante seguir manteniendo espacios que fomenten el aburrimiento, en pocas palabras, dejar el celular de lado y tomar un libro físico, no el Kindle. Agarrar el Blu-ray y reproducir una película, o bien, poner ese CD a todo volumen, que de todos modos la calidad del audio y video en streaming es de dudosa procedencia.

Mi conclusión es más espacio para poder volver a ese estado de aburrimiento mental, que es el que nos libera la creatividad, porque, de todos modos, con el boom de la IA, el valor de lo analógico y lo manual será imperante en todo lugar a partir de ahora. Y ya no falta mucho para volver a una época en donde apreciemos más vivir como se vivía en el pasado.