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El liderazgo ambiental de Costa Rica no está garantizado

¿Se nos olvidó el privilegio que tenemos? Costa Rica representa apenas el 0,03% de la superficie terrestre mundial, pero alberga cerca del 6% de la biodiversidad del planeta. ¿Dejamos de valorar la biodiversidad y el patrimonio natural que distinguen a nuestro país?

Durante décadas, Costa Rica ganó reconocimiento internacional por sus esfuerzos de conservación y por demostrar que la protección ambiental puede formar parte del desarrollo de una nación. La creación de áreas protegidas, la recuperación de ecosistemas y la apuesta por modelos más sostenibles construyeron una imagen de país comprometido con la naturaleza.

Sin embargo, vale la pena preguntarnos: ¿seguimos actuando de acuerdo con ese reconocimiento? ¿Defendemos los principios que nos llevaron a ser considerados un referente ambiental o confiamos demasiado en una reputación construida durante décadas?

Al observar el debate público, resulta evidente que la política ambiental sigue generando discusiones importantes. En ocasiones, algunas personas presentan a quienes defienden la protección de los recursos naturales como un obstáculo para el desarrollo. Pero, ¿realmente proteger el ambiente significa impedir el progreso?

Somos parte de la naturaleza. Nuestra calidad de vida, nuestra economía y nuestro bienestar dependen de los ecosistemas que nos rodean. El agua que consumimos, la biodiversidad que atrae turismo y los recursos que sostienen diversas actividades productivas forman parte de una misma realidad. Por eso, la protección ambiental no debería entenderse como una limitación, sino como una responsabilidad que debe acompañar nuestras decisiones.

Costa Rica enfrenta desafíos económicos y sociales que requieren soluciones concretas. No obstante, esas soluciones no pueden ignorar el impacto ambiental que tendrán. El desarrollo y la conservación no deben verse como caminos opuestos; el verdadero desafío consiste en encontrar un equilibrio que permita avanzar sin comprometer aquello que nos distingue como país.

La ciudadanía también tiene un papel fundamental en este proceso. Muchas personas sienten frustración al observar decisiones políticas o debates nacionales y creen que su participación no genera cambios. Sin embargo, una democracia necesita ciudadanos informados y activos. Analizar la información que recibimos, participar en espacios de discusión y exigir transparencia a las instituciones fortalece las decisiones que afectan nuestro presente.

En este contexto, vale la pena recordar las palabras del Himno Patriótico al 15 de Setiembre:

Sepamos ser libres, no siervos menguados; derechos sagrados la Patria nos da”.

Estas palabras nos recuerdan que los derechos y los logros de una sociedad no deben darse por garantizados. Debemos defenderlos y fortalecerlos constantemente. Lo mismo ocurre con nuestro patrimonio natural.

Entonces, ¿cómo queremos que nos reconozcan como país? Costa Rica proyecta internacionalmente una identidad verde y “pura vida”. Sentimos orgullo al hablar de nuestros parques nacionales, nuestra biodiversidad y nuestra historia de conservación. Pero esa identidad no puede quedarse únicamente en un símbolo o en un discurso. Haber sido líderes ambientales no significa que siempre lo seremos.

El liderazgo ambiental de Costa Rica no pertenece únicamente al pasado; sigue siendo una responsabilidad del presente. Mantenerlo requiere decisiones coherentes, participación ciudadana y voluntad de proteger aquello que durante años nos distinguió ante el mundo.