Bajo la superficie del océano existe un paisaje tan complejo como el terrestre: montañas y volcanes, enormes cordilleras, extensas planicies, cañones y fosas ocultas bajo kilómetros de agua. Tanto en tierra como en el océano, el relieve controla procesos físicos, climáticos y ecológicos que sostienen la vida de nuestro planeta e influyen directamente en nuestro día a día. Sin embargo, existe una gran diferencia entre ambos: mientras contamos con mapas detallados y precisos de prácticamente toda la superficie terrestre, aún sabemos sorprendentemente poco sobre el fondo marino.
Imaginemos intentar predecir el clima de Costa Rica sin conocer la existencia de la cordillera de Talamanca. Sería mucho más difícil entender los patrones de lluvia, viento y temperatura del país. Lo mismo sucede con nuestros océanos. El poco conocimiento del relieve submarino nos deja con un “rompecabezas” incompleto del océano y una pregunta fundamental: ¿cómo podemos tomar decisiones verdaderamente informadas para la exploración, investigación y conservación de nuestros océanos si todavía no conocemos completamente sus profundidades?
La ciencia encargada de medir la profundidad y representar la topografía submarina se conoce como batimetría. La batimetría de alta resolución nos permite estudiar y comprender con mayor precisión las corrientes y los procesos oceánicos que regulan el clima global, así como determinar la distribución de hábitats y ecosistemas marinos profundos que hoy enfrentan crecientes amenazas por actividades antropogénicas, como la pesca ilegal y no regulada, la minería submarina y la contaminación. Aun así, explorar nuestros océanos sigue siendo uno de los mayores desafíos científicos y tecnológicos de nuestra era. La presión extrema, la oscuridad y las grandes profundidades imponen enormes barreras físicas para observar directamente el suelo marino.
Esta falta de conocimiento representa una limitación crítica para la ciencia, la exploración, la conservación y la toma de decisiones informadas sobre el manejo sostenible de nuestros océanos, particularmente en una de las regiones ecológica y oceanográficamente más estratégicas del planeta: el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR). El CMAR conecta las aguas de Costa Rica, Panamá, Colombia y Ecuador, y es reconocido mundialmente por su extraordinaria biodiversidad, conectividad ecológica y rutas migratorias clave para numerosas especies marinas.
Considerando la batimetría como una variable fundamental para el CMAR, y dentro del marco de la iniciativa regional “Alianza Océano Profundo del Pacífico Tropical Oriental”, desarrollamos una compilación de datos batimétricos ya existentes, obtenidos mediante ecosondas multihaz, la tecnología moderna utilizada actualmente para mapear el fondo marino con gran detalle. El objetivo fue comenzar a construir una visión más clara y completa del relieve submarino de la región y entender cuánto conocemos realmente de este tesoro.
Hasta la fecha, aproximadamente un 45% del fondo marino del CMAR ha sido mapeado con gran detalle. Esto significa que más de la mitad de la región todavía permanece representada mediante estimaciones o información limitada, lo que dificulta nuestra capacidad para comprender plenamente muchos de los procesos oceánicos y ecosistemas vulnerables de la región, así como su influencia sobre el resto del planeta.
El desafío ahora es continuar completando este “rompecabezas” submarino mediante nuevos datos y futuras expediciones, fortaleciendo colaboraciones regionales e internacionales que permitan hacer avanzar la ciencia y la exploración de la región. Porque completar este rompecabezas no implica únicamente producir mapas más detallados, sino darle a la ciencia una base más sólida para futuras investigaciones y descubrimientos.
Implica también seguir incorporando información que nos ayude a entender mejor los procesos oceanográficos y las migraciones de especies marinas clave, que no reconocen fronteras y que conectan nuestra región con el resto del mundo. Al mismo tiempo, nos permite identificar ecosistemas vulnerables y fortalecer la toma de decisiones destinadas a la conservación, el manejo y la gestión de áreas marinas protegidas existentes, así como a la ampliación y creación de nuevas áreas de conservación marina.
Porque el futuro de nuestros océanos, y también el nuestro, dependerá en gran parte de cuánto logremos comprender sus profundidades.
