Medir para competir mejor
El preparador físico costarricense Edgar Cordero Hernández impulsa el uso de evaluaciones físicas y mediciones objetivas como una herramienta para mejorar los procesos de entrenamiento de atletas nacionales, desde el alto rendimiento hasta etapas juveniles y recreativas.
Cordero, quien trabaja en el Comité Olímpico Nacional de Costa Rica y acumula experiencia con atletas de distintas disciplinas del ciclo olímpico, sostiene que el rendimiento deportivo necesita seguimiento, control y datos específicos para tomar decisiones con mayor precisión.

Su vínculo con esta área nació durante su etapa como atleta, cuando participó en procesos de selección que incluían controles físicos, pruebas de campo y evaluaciones especializadas. Esa experiencia le permitió conocer el valor de medir el estado real de un deportista.
Con el paso de los años, Cordero pasó al rol de entrenador y preparador físico. En ese proceso identificó una necesidad dentro del deporte costarricense: contar con datos comparables que permitan saber si un atleta mejora, se estanca o necesita ajustar su preparación.
Al no haber datos específicos no existe comparación que nos diga si estás rindiendo o no, y muchos de estos datos lo generan las evaluaciones”
Actualmente, el especialista realiza evaluaciones neuromusculares, de fuerza, potencia, movilidad y control del movimiento mediante tecnología utilizada en entornos de alto rendimiento. Estas pruebas permiten analizar cómo responde el cuerpo del atleta ante distintas exigencias físicas.

Entre las variables que mide están la fuerza máxima, potencia de salto, explosividad, velocidad de aplicación de fuerza, asimetrías, movilidad articular, estabilidad y fatiga neuromuscular. Con esa información, el atleta recibe un panorama más claro de su condición actual.
Según Cordero, estas mediciones permiten pasar de decisiones basadas únicamente en sensaciones a un entrenamiento apoyado en información cuantificable. El objetivo consiste en identificar fortalezas, corregir limitantes y reducir factores de riesgo asociados a lesiones.
Ese es precisamente el mayor valor de una evaluación: convertir los datos en decisiones prácticas”, afirmó el preparador físico al explicar cómo los resultados pueden modificar cargas, ejercicios o prioridades dentro de una planificación deportiva.
El especialista señaló que una asimetría entre extremidades, una baja producción de fuerza o signos de fatiga acumulada pueden orientar cambios concretos en el entrenamiento. Esa información ayuda a ajustar el trabajo diario antes de que aparezca una lesión o una baja de rendimiento.

Cordero también considera que las evaluaciones no deben aplicarse solo después de un problema físico. Para él, la medición periódica funciona como una herramienta de prevención y monitoreo continuo, capaz de detectar señales tempranas y verificar si el entrenamiento genera las adaptaciones esperadas.
Durante su trayectoria, trabajó y trabaja con atletas de gimnasia, voleibol, atletismo, baloncesto, balonmano, karate y taekwondo, entre otras disciplinas. Más recientemente desarrolló procesos de evaluación con selecciones de la Federación Deportiva de Gimnasia y Afines de Costa Rica.
El preparador físico también inició un trabajo similar con selecciones nacionales de rugby, como parte del acompañamiento hacia los Juegos Centroamericanos y del Caribe y otras competencias internacionales programadas para este año.

Aunque estas herramientas suelen asociarse con el deporte de élite, Cordero afirma que también pueden beneficiar a deportistas juveniles, recreativos y personas que entrenan por salud. En todos los casos, el objetivo central consiste en entrenar de forma más segura, eficiente y acorde con las necesidades individuales.
Edgar destaca que los datos adquieren mayor valor cuando se integran al trabajo de entrenadores, fisioterapeutas, médicos deportivos y preparadores físicos. Esa coordinación permite convertir los resultados en una estrategia común para el rendimiento, la recuperación o la prevención.
Los datos por sí solos no generan cambios; lo importante es cómo se interpretan y cómo se utilizan dentro del proceso de preparación, rehabilitación o seguimiento del atleta”
De cara al futuro, Cordero plantea que las organizaciones deportivas del país deben entender la evaluación como una herramienta de trabajo y no como un lujo. Para él, todo proceso deportivo necesita saber dónde está el atleta y hacia dónde debe avanzar.
La base de cualquier proceso, ya sea de rendimiento, recuperación de una lesión o incluso salud, comienza por saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Para eso necesitamos datos objetivos que nos permitan orientar el camino y medir si realmente estamos avanzando en la dirección correcta”, concluyó.
