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Ecuador: de la cancha al país real

Durante un Mundial, millones de personas conocen un país sin haber puesto nunca un pie en él. Pasó con Cabo Verde y su sorprendente arquero. Y, por supuesto, ocurrió también con Ecuador, vecino de Costa Rica en el Pacífico oriental.

Durante semanas, millones de personas aprendieron a reconocer una camiseta amarilla, a celebrar la velocidad de Moisés Caicedo, la solidez de Willian Pacho o la entrega de un equipo que jugó con disciplina, carácter y una admirable unidad. Ecuador dejó de ser un punto en el mapa para convertirse en un país con identidad. Y quienes conocen Ecuador saben que aquello que el mundo vio en la cancha no fue una casualidad. Fue el reflejo de un país. Porque esa disciplina, esa capacidad de levantarse después de cada golpe y esa convicción de avanzar incluso cuando el marcador parece adverso —como ocurrió en el encuentro contra Alemania— forman parte también del carácter de los ecuatorianos.

Ecuador vive hoy uno de los procesos de transformación más importantes de su historia reciente, que merece ser conocido más allá de sus fronteras. Bajo el liderazgo del presidente Daniel Noboa Azín, Ecuador decidió enfrentar de manera frontal desafíos que durante demasiado tiempo parecían inamovibles. La recuperación de la seguridad, el fortalecimiento de la institucionalidad y la estabilización de la economía han comenzado a devolver confianza a los ciudadanos, a los inversionistas y a la comunidad internacional. No es casualidad que el riesgo país del Ecuador haya pasado de más de 2.000 puntos cuando el presidente Daniel Noboa asumió el Gobierno a menos de 378 puntos en la actualidad, su nivel más bajo desde septiembre de 2014, y que la inversión extranjera haya crecido 85.7% frente al 2025, reflejando una renovada confianza de los mercados internacionales en el país.

No ha sido producto del azar. Ha sido el resultado de decisiones gubernamentales firmes, trabajo constante y de la confianza de una sociedad que se negó a aceptar que la crisis definiera su futuro.

Ecuador es una de las naciones con mayor biodiversidad del planeta. Quizá por eso comparte con Costa Rica algo más profundo que una excelente relación bilateral: una misma convicción por proteger aquello que hace único a nuestro continente. Ecuador es el hogar de las Islas Galápagos, un patrimonio natural cuya conservación constituye un compromiso con el mundo entero y que nos convierte en vecinos marítimos a través de la Isla del Coco. Es también la tierra donde nació el cacao hace más de cinco mil años, mucho antes de que el chocolate conquistara el mundo. Es un país donde conviven la Costa, la Sierra, la Amazonía y el Archipiélago de Galápagos, ofreciendo diversidad natural y cultural.

A esa riqueza se suma una economía que se estabilizó, abierta al mundo, reconocida mundialmente por la calidad de sus exportaciones, por el talento de su gente y por una creciente vocación de innovación y emprendimiento.

Quizá por eso Ecuador y Costa Rica tienen mucho más en común de lo que la distancia continental hace pensar. Ambos creen en la fuerza de sus instituciones. Ambos entienden que el desarrollo solo es posible cuando se protege el patrimonio natural. Ambos han hecho del talento humano uno de sus principales activos y comparten la convicción de que el tamaño de un país nunca determina la magnitud de sus oportunidades. El potencial de esa relación apenas comienza a desplegarse. Comercio, inversión, turismo, cultura, innovación, cooperación académica y sostenibilidad son algunos de los espacios donde Ecuador y Costa Rica pueden construir una agenda compartida capaz de generar oportunidades para nuestros ciudadanos y fortalecer la relación de dos democracias que comparten valores y una visión de futuro.

Con ese espíritu nace esta columna. No para hablar únicamente de Ecuador, sino para acercarlo a Costa Rica. Cada mes recorreremos una historia distinta: regiones, cultura, gastronomía, empresas, oportunidades, gente y los proyectos que hoy están transformando al país. Porque las relaciones entre las naciones también se construyen conociéndose mejor.

El Mundial permitió que millones de personas descubrieran a Ecuador durante noventa minutos. Que estas páginas permitan descubrirlo mucho más allá del fútbol.