Durante muchos años hablamos del talento humano como uno de los principales desafíos para las empresas. Hoy debemos reconocer que se convirtió en un desafío país.
Costa Rica enfrenta una paradoja que merece toda nuestra atención. Mientras miles de personas buscan una oportunidad laboral, numerosas empresas tienen dificultades para encontrar el talento que necesitan para crecer, innovar y competir. Esa brecha no responde únicamente a la cantidad de personas disponibles, sino a una creciente desconexión entre las competencias que demanda el mercado laboral y las que ofrece nuestro sistema de formación.
A ello se suma otro fenómeno que preocupa cada vez más a las organizaciones: la alta rotación del personal. Las empresas invierten tiempo y recursos en desarrollar a sus colaboradores, pero retener ese talento se ha convertido en un reto permanente. En este contexto, la formación y la capacitación ya no son únicamente herramientas para mejorar la productividad; también son un factor decisivo para fortalecer el compromiso de las personas y favorecer su permanencia en las organizaciones.
Pero quizá el cambio más importante que estamos viviendo es que las competencias técnicas, por sí solas, ya no son suficientes. Hoy las empresas buscan personas capaces de comunicarse, trabajar en equipo, resolver problemas, ejercer liderazgo, adaptarse al cambio, asumir responsabilidades y aprender de forma continua. Estas habilidades, tradicionalmente conocidas como habilidades blandas, se han convertido en competencias estratégicas para la productividad y la innovación. Sin embargo, aún no forman parte de manera transversal de buena parte de la oferta formativa del país.
Por ello, desde la Cámara de Industrias de Costa Rica hemos insistido en la necesidad de evolucionar hacia una oferta formativa más integral, que combine conocimientos técnicos con el desarrollo de estas competencias esenciales para el trabajo. El reto ya no consiste únicamente en formar personas para desempeñar un oficio, sino en preparar profesionales capaces de desenvolverse en entornos productivos cada vez más dinámicos, colaborativos y tecnológicos.
En ese esfuerzo, el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) tiene un papel estratégico. El país necesita un INA cada vez más ágil, flexible y conectado con la realidad productiva; una institución capaz de responder oportunamente a las necesidades de las empresas y de cumplir plenamente su mandato de formar el talento que Costa Rica requiere para crecer y generar más oportunidades.
La formación dual representa uno de los mejores ejemplos de esa transformación. Desde hace varios años, la Cámara de Industrias ha sido una de sus principales impulsoras, convencida de que constituye una de las herramientas más efectivas para cerrar la brecha entre la educación y el empleo. Esta modalidad permite que los estudiantes desarrollen experiencia en entornos reales de trabajo, facilita su inserción laboral y brinda a las empresas la posibilidad de formar talento acorde con sus necesidades. Por ello, resulta indispensable continuar fortaleciendo este modelo, dotarlo de mayor flexibilidad e impulsar iniciativas como Conexión Dual, que acercan a las empresas y a los futuros trabajadores.
Igualmente importante es ampliar el acceso de las empresas a servicios como la capacitación, la certificación por competencias y la asistencia técnica. Muchas organizaciones, especialmente pequeñas y medianas empresas, aún desconocen estas herramientas, que pueden convertirse en un apoyo importante para desarrollar a sus colaboradores y aumentar su productividad.
Otro reto ineludible es reducir las brechas regionales. Las necesidades de talento no son las mismas en todo el país y la infraestructura de formación debe responder a esa realidad. Existen regiones donde la demanda empresarial en especialidades como mantenimiento industrial, electromecánica, metalmecánica o aire acondicionado supera ampliamente la capacidad instalada para formar ese talento. Cerrar estas brechas permitirá generar más oportunidades de empleo fuera de la Gran Área Metropolitana y fortalecer el desarrollo económico de todas las regiones del país.
El talento humano no puede seguir viéndose como un tema exclusivo de recursos humanos o de educación. Es, probablemente, la principal condición para que Costa Rica aumente su productividad, atraiga inversión, genere empleo de calidad y fortalezca su competitividad en un entorno cada vez más exigente. También conviene decir que las empresas deben cumplir con el ordenamiento jurídico vigente, para lo cual resulta necesario contar con un Ministerio de Trabajo y Seguridad Social que brinde orientación, estímulos y dirección en los asuntos jurídico-laborales.
Fortalecer el talento humano significa construir un país con más oportunidades, mayor movilidad social y mejores condiciones para el desarrollo de las personas y de las empresas. Pero ese objetivo requiere decisiones concretas. Por eso resulta fundamental avanzar en la aprobación de iniciativas como el Proyecto de Ley de Educación y Formación Dual (expediente 24.283), que permitirá fortalecer este modelo, agilizar la capacidad de respuesta del INA y acercar la formación a las necesidades reales del sector productivo.
Preparar a Costa Rica para el futuro exige modernizar la forma en que desarrollamos el talento. Ese es un desafío que no admite más espera.
