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Cómo ser claro: el reto del supervisor

Cuando estudiamos finanzas en la universidad y seguimos una carrera enfocada en mejorar nuestras habilidades técnicas y gerenciales, nadie nos prepara para lo que se convierte en el reto más importante de una carrera profesional: ser un comunicador efectivo.

Ser profesor universitario nos proporciona algunas herramientas valiosas para desarrollar la capacidad de transmitir conocimientos; pero, de nuevo, estas se quedan cortas cuando se requiere explicar a la población la razón de ser de la regulación y la supervisión de la actividad de intermediación financiera en el país.

La existencia de reguladores y supervisores responde, principalmente, al modelo de negocio que caracteriza a este tipo de entidades. En términos simples, de cada 100 colones que presta un intermediario financiero, aproximadamente 90 provienen de recursos de terceros, principalmente depósitos, y solamente 10 corresponden al patrimonio de sus propietarios.

Dado que la mayor parte del dinero que prestan las entidades financieras pertenece a terceros, el regulador y el supervisor tienen el deber legal de procurar que los intermediarios financieros entiendan y gestionen adecuadamente los riesgos que enfrentan al otorgar créditos. Además, deben procurar que cuenten con las reservas —llamadas técnicamente estimaciones— necesarias para hacer frente a los impagos que se producirán en esas carteras de préstamos.

En consecuencia, cuantos más riesgos asuman las entidades, más estimaciones deberán constituir. Esto se relaciona directamente con la necesidad de proteger el dinero de los ahorrantes, pues esos son los recursos que principalmente prestan los intermediarios financieros.

El regulador establece las reglas que los intermediarios deben seguir en esta materia y el supervisor revisa permanentemente si las cumplen.

Recientemente, utilicé una metáfora para explicar las funciones de regulación y supervisión que me funcionó medianamente bien. Por ello, y dado que el Mundial de fútbol acaba de terminar, la utilizaré de nuevo, pues se refiere a un tema que estará muy presente en la mente de los lectores.

El supervisor se parece a un árbitro de fútbol. No escribe las reglas del juego, pero su labor consiste en asegurarse de que se cumplan en el campo. El árbitro no puede —ni debe— sustituir a ningún jugador, plantear la estrategia de juego ni tomar decisiones por el entrenador o los jugadores.

Son los integrantes de cada equipo, junto con su entrenador, quienes tienen en sus manos —o en sus pies, en este caso— la responsabilidad por la forma en que se desarrolla el juego.

En el caso de las instituciones financieras, esas responsabilidades recaen en el órgano de dirección —Junta Directiva o Consejo de Administración— y en la alta gerencia.

El árbitro puede amonestar a quien haga una jugada peligrosa o golpee a un rival, pero no puede evitar que eso suceda.

En el fútbol, el International Football Association Board (IFAB) es el organismo responsable de las reglas del juego. Este define qué constituye un fuera de juego, qué debe considerarse una falta y qué conductas ameritan una tarjeta amarilla o roja. Ese es el papel que, en el sistema financiero costarricense, corresponde al regulador.

En Costa Rica, el Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (Conassif) establece las reglas que deben seguir los intermediarios financieros —como el IFAB— y la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef) —como el árbitro— supervisa permanentemente su cumplimiento.

Recientemente, el Conassif sometió a consulta el Acuerdo SUGEF 1-26 que busca asegurar que el nivel de estimaciones con que cuentan las entidades financieras sea suficiente para absorber las pérdidas derivadas de los riesgos que asumieron. Una reserva suficiente representa una protección para el ahorrante.

Tal como ocurre en el fútbol, resulta muy importante actualizar las reglas para adaptarlas a realidades que cambian constantemente. En el sistema financiero, también resulta indispensable actualizar las reglas para definir niveles adecuados de estimaciones y proteger a todos los ahorrantes.

Una vez que el Conassif apruebe estas nuevas reglas, la Sugef deberá velar por que las entidades cumplan esos requerimientos. Esa es la labor de supervisión permanente que realiza.

Las nuevas reglas no les gustarán a todos. Pero recordemos que la función del árbitro consiste en proteger el juego. En el sistema financiero, proteger el juego significa proteger a los ahorrantes.