Estamos acostumbrados a oír hablar de las finanzas públicas como una simple ecuación entre ingresos y gastos, déficit y deuda, y olvidamos a menudo que detrás de cada decisión tributaria hay personas, hogares y realidades que no siempre aparecen reflejados en esos cálculos. Por eso, cuando leí la frase “Las cuentas del Estado no pueden equilibrarse desequilibrando la mesa de las familias”, pronunciada por el padre Jeison Víquez, de la diócesis de Tilarán-Liberia, pensé que el tema merecía una reflexión más allá del ámbito religioso, situada en el terreno de la economía y la justicia social.
Gravar con el 13% la canasta básica podría generar efectos contraproducentes desde una perspectiva económica. Cuando las familias pierden poder adquisitivo, disminuye el consumo interno, uno de los motores de la economía nacional. Los pequeños comercios venden menos, los productores enfrentan una menor demanda y el dinero circula con mayor lentitud. Es decir, una mayor recaudación inmediata podría traducirse en una desaceleración económica que, al final, afecte el crecimiento y el empleo.
En las circunstancias actuales, el costo de vida ya representa un desafío para miles de hogares en Costa Rica. La alimentación, la vivienda, el transporte, los servicios públicos y la educación consumen una parte importante de los ingresos familiares. Aumentar el precio de los alimentos esenciales no solo afecta la nutrición y la calidad de vida, sino que también obliga a muchas personas a sacrificar otros gastos igualmente importantes, como medicamentos, educación o ahorro.
La solución fiscal no debería buscarse mediante un aumento de la carga sobre el consumo básico. Antes de recurrir a esa medida, deberían fortalecerse otras vías, como combatir con mayor eficacia la evasión y la elusión fiscal, mejorar la eficiencia del gasto público, eliminar duplicidades institucionales, revisar exoneraciones que ya no cumplen un propósito social o económico y promover un crecimiento que amplíe naturalmente la base tributaria.
Hay que entender que el verdadero equilibrio fiscal no consiste únicamente en cerrar brechas contables, sino también en mantener un balance entre la sostenibilidad de las finanzas públicas y la capacidad de las familias para vivir con dignidad. El presupuesto de un país puede mostrar números positivos mientras miles de hogares enfrentan una realidad cada vez más difícil para llenar su refrigeradora.
