Imagen principal del artículo: UNED advierte que El Niño podría presionar el agua, el agro y la generación eléctrica en Costa Rica

UNED advierte que El Niño podría presionar el agua, el agro y la generación eléctrica en Costa Rica

La NOAA estima un 63% de probabilidad de un episodio muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027, mientras especialistas de la UNED piden reforzar las medidas de prevención ante posibles efectos en el país.

Las condiciones de El Niño ya están presentes en el Pacífico ecuatorial y podrían fortalecerse durante los próximos meses, según una actualización divulgada el 11 de junio por el Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA).

La entidad estimó una probabilidad del 63% de que el episodio alcance una intensidad muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027. No obstante, recordó que la intensidad global del fenómeno no determina automáticamente los efectos que experimentará cada país o región.

En ese contexto, especialistas de la Universidad Estatal a Distancia (UNED) advirtieron sobre los posibles efectos que una reducción prolongada de las lluvias podría tener en Costa Rica, especialmente sobre la disponibilidad de agua, la producción agropecuaria y la generación hidroeléctrica.

La UNED indicó que las proyecciones climáticas que cita apuntan a un escenario comparable con el fenómeno de El Niño ocurrido entre 1997 y 1998, considerado uno de los más intensos desde 1950.  El tutor e investigador de la UNED, Víctor Solano Quirós, señaló que el país ha enfrentado 11 episodios del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), incluidas fases de El Niño y de La Niña, durante las últimas tres décadas.

La pregunta no es únicamente qué tan fuerte será este nuevo evento, sino qué tan preparados estamos para reducir sus impactos".

Según Solano, históricamente los efectos asociados a El Niño pueden incluir un aumento de las temperaturas y una disminución de las precipitaciones, con consecuencias particularmente sensibles para Guanacaste, el Pacífico Central y la Región Norte.

Agua y producción agropecuaria

Uno de los principales riesgos señalados por los especialistas es una menor disponibilidad de agua para consumo humano, actividades productivas y generación eléctrica. En el sector agropecuario, una sequía prolongada puede reducir la disponibilidad de forrajes para el ganado, aumentar los costos de alimentación e hidratación y afectar el rendimiento de los cultivos.

Solano indicó que las personas productoras con reservorios, sistemas de riego y mayores recursos económicos cuentan con mejores condiciones para adaptarse. En cambio, pequeños emprendimientos y familias dedicadas a la producción agropecuaria enfrentan una mayor vulnerabilidad.

Miles de familias y pequeños emprendimientos agropecuarios siguen siendo altamente vulnerables a este tipo de fenómenos".

Posible presión sobre los precios

El director de la Escuela de Ciencias de la Administración de la UNED, Federico Quesada Chaves, advirtió que una reducción prolongada de las lluvias también podría afectar los precios de algunos productos agrícolas. El académico explicó que una menor producción, mayores necesidades de riego y un incremento en los costos operativos pueden presionar las cadenas de abastecimiento y trasladarse eventualmente a los precios pagados por las personas consumidoras.

Podría generar un shock externo capaz de modificar estas tendencias y ejercer presión sobre bienes sensibles a las condiciones climáticas".

Los especialistas también mencionaron posibles efectos sobre la generación hidroeléctrica, en particular en los sistemas que dependen de la disponibilidad de agua y de los niveles de los embalses.

Según las proyecciones citadas por la UNED, el fenómeno podría extenderse entre 10 y 16 meses, lo que aumentaría los efectos acumulados sobre la producción agropecuaria, el abastecimiento de agua y distintos sectores de la economía.

El Centro de Predicción Climática de la NOAA indicó que las condiciones de El Niño ya están presentes y que existe un 63% de probabilidad de un episodio muy fuerte entre noviembre de 2026 y enero de 2027. La entidad advierte que la intensidad del fenómeno no garantiza por sí sola los impactos locales, sino que modifica las probabilidades de determinados patrones climáticos.

Ante este escenario, los académicos recomendaron fortalecer la protección de nacientes y zonas de recarga acuífera, ampliar la construcción de reservorios, modernizar los sistemas de riego y mejorar la planificación productiva en los territorios más vulnerables.