Esta es una época muy difícil donde casi todo parece medirse por números, indicadores, patrocinios o visibilidad, sin embargo, aún existen personas que escogen el silencio para trabajar de manera continua y positiva.
Hay personas que se echan al hombro comunidades enteras y las sostienen desde la ternura, la sensibilidad, la escucha atenta, la palabra, el arraigo y la dignidad que solo la memoria nos otorga y abriga. Una de ellas es Salvatore Campus, Salvatore "Sacu".
Escribe, pinta, actúa y además es instructor literario. Pero quienes lo conocen saben que esas palabras apenas alcanzan para describir lo que realmente hace: tender hilos, tejer puentes y encender voces.
Desde hace muchos años, Salvatore convirtió la literatura en una herramienta de encuentro humano en esa provincia. No desde el elitismo ni desde la academia distante, sino desde la más cómplice cercanía. Desde la paciencia de quien acompaña a otra persona a descubrir que sí tiene algo que decir. Y esto, en tiempos de tanto ruido, es profundamente humano y muy valioso.
A través de su proyecto Alive Writer's Society - Escritores sin Frontera, ha impartido talleres literarios gratuitos y abiertos al público desde el año 2018.
Lo continúa haciendo sin financiamiento, sin patrocinadores y, muchas veces, poniendo de su propio bolsillo materiales y recursos para que niñas, niños, jóvenes y personas adultas puedan acercarse al universo de la escritura. Y lo hace de esta manera porque para Salvatore la literatura nunca ha sido un privilegio, ha sido una posibilidad, ha sido y será un espacio de encuentro.
No importa si usted tiene experiencia previa o si jamás ha escrito un poema o un relato corto. Lo único que se necesita es la intención y las ganas de expresarse, empezar a descubrir que su historia importa. Descubrir en el proceso que las palabras también son hogar y que otras personas pueden habitarlas desde las emociones, desde las heridas y los vínculos que, como seres humanos, nos unen y acompañan.
Quienes han pasado por sus espacios hablan de acompañamiento, de escucha atenta, de respeto y de una enorme calidez humana. Salvatore no impone la escritura ni las técnicas, Salvatore comparte la escritura viva. Y esto transforma vidas.
Sus talleres han tenido sede en espacios emblemáticos como el Centro Alajuelense de la Cultura y el Museo Histórico Cultural Juan Santamaría. Allí ha desarrollado procesos como: Conceptos Básicos de los Géneros Literarios, Alajuela escribe desde el Edificio Rosado, Tardes de Sábado con Tinta Alajuelense y Viajando en las Páginas de la Escritura.
El impacto de su trabajo puede verse en las publicaciones colectivas nacidas desde el seno de estos talleres. Libros escritos por aquellos participantes quienes en la mayoría de las veces, jamás imaginaron verse publicados. Cada uno de los siguientes títulos representa algo más grande que una publicación, más grande que el libro mismo, representa una voz que salió del anonimato.
Destacan: Sueños Literarios en el Aula 31, Plumas Literarias sobre la Mesa Redonda, Ecos Literarios en el Museo, La Ventana Literaria, El Balcón Literario y Mujeres entre Letras.
Mientras muchas expresiones culturales luchan a diario por sobrevivir, él continúa apostando por la palabra escrita como refugio, memoria y posibilidad colectiva. Continúa hilando relatos, poemas y encuentros humanos con una constancia silenciosa que rara vez ocupa titulares, pero que deja huellas profundas en quienes participan. Tal vez por eso su trabajo resulta tan urgente y necesario.
Porque en medio de un mundo absurdamente acelerado, todavía existen personas capaces de sentarse a escuchar lo que una niña, en voz alta, escribió en una "simple hoja". Seres humanos capaces de decirle a una joven, a un adulto mayor, que su historia merece ser contada. Cuando alguien enseña a escribir, también enseña a no desaparecer.
Y a veces, justamente ahí, inicia todo...
