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Tomando el pulso al planeta: los siete puntos de inflexión del cambio climático

Entre tanta noticia de desastres naturales y políticos, acontecimientos, “fake news”, noticias que quizás sean ciertas, y reflexiones sobre la vida; podemos perder el pulso del planeta donde vivimos. El planeta está mostrando señales claras de deterioro climático y las acciones actuales no son suficientes. Aquí pretendemos tocar siete puntos clave de inflexión del planeta: el aumento promedio de temperaturas, cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera, uso mundial de energías alternativas versus el consumo actual de combustibles fósiles, cobertura forestal, estado actual de los mares y los suelos como fijadores de carbono.

En primer lugar, el aumento promedio mundial de temperaturas, desde los acuerdos de París, los científicos determinaron que no se debería pasar de 1.5 grados centígrados en el promedio mundial por encima de las temperaturas del nivel preindustrial. Se habla de nivel preindustrial porque se considera que fue la revolución industrial cuando empezó a cambiar aceleradamente la composición atmosférica. Los 2 grados es un punto de no retorno para muchos ecosistemas en el mundo. La realidad es que del 2023 al 2025 el promedio mundial anual ya supera los 1.5 grados centígrados.

La cantidad de carbono en la atmósfera es otro indicador, ya que es el gas de efecto invernadero más abundante, e importante causal del cambio climático. Antes de la revolución industrial los niveles de carbono eran de 280 partes por millón. Para mayo del 2025 el Observatorio de Mauna Loa registró 430.5 ppm: un aumento de 53%. El límite considerado seguro por algunos expertos es de 350 ppm. Esta meta ya fue alcanzada desde 1980.

Esto nos lleva a tomar el pulso a los mares, los suelos y los bosques, quienes absorben el carbono, cuando están sanos.

En primer lugar, los mares, están sufriendo excesos de calor. Desde 1982, se han duplicado la cantidad de olas de calor marinas. El calentamiento del mar, junto con escorrentías de nitrógeno y fósforo procedentes de los ríos, ha generado 500 “zonas muertas” en los océanos. Sumado a esto, se ha medido que baja el nivel de oxígeno del mar. La desoxigenación, la acidificación y cambios de temperatura, todo junto, probablemente implican cambios en la capacidad de absorción de carbono de los mares.

En referencia a los suelos se sabe que alrededor de 33% de los suelos a nivel mundial están deteriorados. Un suelo degradado pierde su capacidad de fijación de carbono. Un suelo sana puede capturar desde 5% a 15% del carbono.

Volviendo nuestra mirada a los bosques, importantes fijadores de carbono, las tasas anuales de deforestación han disminuido de 17,6 millones de hectáreas del 1990 al 2000 a 10,9 millones del 2015 al 2025. Aún así: el planeta se sigue deforestando, en lugar de ir recuperando sus bosques. Un estudio suizo publicado en Science (2019), afirma que la siembra de 1 trillón de árboles teóricamente podría fijar dos terceras partes del carbono de origen humano.

Es una buena noticia que actualmente el crecimiento en energía renovable se ha acelerado de forma impresionante en algunos lugares del mundo. Al final del 2025, las fuentes renovables ya representaban casi la mitad de la capacidad eléctrica en el mundo (un 49.4%). Sin embargo, el consumo del petróleo no ha bajado: más bien aumenta, llegando a más de 100 millones de barriles por día, casi el doble usado en 1980. Aunque se use menos en la producción de energía, aumenta la demanda para la producción del plástico y con el gas natural se produce el amoniaco-base de los fertilizantes.

En resumen, las temperaturas siguen en aumento, el carbono atmosférico aumenta, disminuye la salud de los suelos,mares y bosques. Aumenta el consumo del petróleo, aunque haya aumentado la producción de energía sostenible. Claramente, no se está haciendo lo suficiente a nivel mundial.

Las consecuencias ya se sienten en el planeta y de seguir estas tendencias, no podemos esperar más que el aumento en afectaciones a la agricultura, el agua, la biodiversidad y la vida humana. Esta “toma de temperatura” del cambio climático, no es con el fin de asustar o entristecer, sino de impulsar a la acción desde cada persona, cada comunidad, y especialmente, desde el gobierno de Costa Rica donde la mitigación, adaptación y la justicia climática, ojalá sean prioridad.