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Sazú: la historia de un emprendimiento que transformó un helado en un alimento saludable

Proyecto inició como un pasatiempo tras la jubilación y ahora es un emprendimiento familiar que apuesta por la nutrición, la innovación y el bienestar.

Maribel Zúñiga Díaz se pensionó como maestra de primaria y no imaginó que años después estaría al frente de una pyme de alimentos funcionales. Su idea inicial era mantenerse activa con algún proyecto personal, pero hoy lidera una microempresa familiar herediana que produce helados y que busca abrirse espacio en un mercado dominado por grandes marcas.

"Yo quería tener un proyecto personal, no quería solo pensionarme y quedarme ahí sentada viendo novelas, eso no es mi estilo", recordó Zúñiga Díaz, que hoy es gerente y fundadora de Sazú.

Lo que empezó en la cocina de su casa con helados de yogurt artesanales terminó convirtiéndose en un emprendimiento enfocado en el bienestar, la salud y la nutrición.

Mucho más que un helado

Sazú nació oficialmente en 2018 como un emprendimiento de helados de yogurt. Sin embargo, con el paso de los años evolucionó hacia el concepto de alimentos funcionales, es decir, productos que además de alimentar aportan beneficios adicionales para la salud.

Actualmente, la empresa desarrolla helados y gomitas elaborados con ingredientes como yogurt, probióticos, proteína, fibra prebiótica, colágeno y frutas naturales.

"Nuestro objetivo es hacer productos que sean saludables y nutritivos, pero que sobre todo ofrezcan bienestar a los clientes", explicó la emprendedora.

La empresa funciona como un proyecto familiar. Maribel se encarga de la administración y la proyección de la marca; su hijo lidera el control de calidad, la inocuidad y la logística; su hija diseña los empaques; y su esposo apoya en las tareas operativas y el abastecimiento de materias primas. Solo ella y su hijo se dedican 100% al emprendimiento.

Adicionalmente, cuentan con una nutricionista y un ingeniero en tecnología alimentaria. Ambos están contratados por servicios profesionales.

Es una empresa totalmente familiar. Mi hijo y yo somos los que llevamos la batuta de la empresa".

Su experiencia como docente también influyó en la visión del negocio. Tras décadas observando los hábitos alimenticios de niños y adolescentes, comenzó a preocuparse por la calidad nutricional de muchos productos disponibles en el mercado.

"Había visto lo que comían los niños en las escuelas. Todo el montón de azúcar y todo ese montón de cosas me tenía muy preocupada", recordó.

2021: el año que cambió el rumbo

La pandemia representó uno de los momentos más difíciles para Sazú, pero también el punto de inflexión que redefinió el negocio.

Hasta 2020, la empresa operaba principalmente mediante ferias y ventas ocasionales. El cierre de actividades obligó a detener operaciones durante más de un año. Durante ese periodo, Maribel participó en un seminario virtual sobre alimentos funcionales organizado por la Universidad de Costa Rica (UCR).

Aquella capacitación le permitió poner nombre a la idea que venía desarrollando desde hacía años.

"Empiezo a escuchar eso y era lo que yo tenía en la cabeza", dijo. En ese espacio se le recomendó la contratación de profesionales en nutrición e ingeniería en tecnología de alimentos.

Estos especialistas ayudaron a dar ese salto para rediseñar por completo sus productos. Lo que inicialmente era un helado de yogur bajo en azúcar evolucionó hacia una merienda con proteína, fibra prebiótica, probióticos y otros componentes orientados al bienestar.

"Postpandemia fue el momento oportuno para empezar con la idea que ya teníamos", afirmó.

Desde entonces, la empresa ha continuado perfeccionando sus recetas. Más recientemente dio el salto a la confitería funcional con el desarrollo de gomitas nutritivas y nuevos proyectos de investigación.

GS1: una guía para dar el siguiente paso

Desarrollar un producto innovador fue solo una parte del desafío. La otra ha sido aprender a posicionarlo en el mercado, comentó Zúñiga Díaz.

En ese proceso, encontró apoyo en GS1 Costa Rica, organización conocida por administrar los códigos de barras, pero que también ofrece programas de capacitación y acompañamiento empresarial.

Ahorita con GS1 ha sido mi mejor aliado en estos últimos meses".

La empresa forma parte del plan piloto de GS1 Digital Link, una iniciativa que permite incorporar códigos QR inteligentes con información ampliada sobre los productos, desde datos nutricionales hasta información de trazabilidad.

Para la emprendedora, el principal valor de GS1 no ha sido únicamente la tecnología, sino el acompañamiento recibido en áreas como mercadeo, finanzas y planificación estratégica.

"Me están ayudando con la parte de hacer un plan correcto para crecer, porque me ha costado crecer en el sentido de que a veces no sé para dónde tengo que ir", explicó.

Crecer sin perder la esencia

Actualmente Sazú distribuye sus productos principalmente mediante entregas a domicilio, gimnasios, macrobióticas y pequeños comercios especializados. Aunque el crecimiento ha sido más lento de lo que desearía, Zúñiga Díaz tiene claro que el objetivo es avanzar paso a paso.

Uno de los principales obstáculos es competir contra grandes empresas con mayores recursos económicos y capacidad de distribución.

"Todos los días me levanto pensando, ¿qué hago para que la gente me conozca más?", contó.

Actualmente están en seis puntos diferentes y no tienen un punto fijo de venta. Sazú trabaja mediante entregas y asociaciones con otros comercios. Si alguna persona desea adquirir sus productos, puede establecer el contacto a través del correo: [email protected]

Aun así, la emprendedora considera que los años de esfuerzo han valido la pena. Recientemente la empresa obtuvo el aval de la Asociación Costarricense de Dietistas y Nutricionistas (ACDYN), una certificación que respalda la calidad nutricional de sus productos, afirmó.

No obstante, sus mayores satisfacciones llegan cuando escucha las historias de quienes consumen sus productos.

Cuando un diabético dice que puede comer el helado o cuando un anciano que no come, pero sí se come el helado, o un niño que tal vez no le permiten comer azúcar, pero sí se puede comer el helado, todas esas cosas me hacen sentir muy orgullosa".

Los sueños que vienen

La comerciante reconoce que no tienen todavía todos los mecanismos de logística que quisiera para llegar más allá de la Gran Área Metropolitana (GAM). Afirma que le gustaría llegar a Guanacaste por ser un punto de alto turismo, "pero no tengo un carro de congelado para llevar productos, o no tengo una logística de cómo llevar el producto".

Uno sabe que tiene que ir paso a paso. Yo quiero aspirar a llegar ahí, pero primero tengo que tener una buena administración en la GAM; saber que estoy haciendo bien las entregas, que estoy haciendo un buen servicio antes de irme, por ejemplo, a la zona de Guanacaste".

Además de desarrollar nuevos alimentos funcionales, Sazú mantiene un componente social que ha acompañado al proyecto desde sus inicios. Parte de sus ingresos se destina cada mes a Aldeas Infantiles SOS, una causa que Maribel eligió por su vínculo de toda la vida con la niñez.

La empresa también impulsa iniciativas de compostaje con los residuos orgánicos generados durante la producción y trabaja en nuevos proyectos relacionados con sostenibilidad.

Mientras tanto, ya piensa en la siguiente generación.

"Tengo la fe de que este producto va a ser un producto de éxito", y esa confianza también se sustenta en saber que el proyecto familiar tendrá continuidad.

Mi hijo es el que quedaría cuando yo ya esté cansada. Eso también me llena de mucha satisfacción, de que algo que hicimos en familia va a seguir en familia".

Después de años de aprendizaje, obstáculos y momentos en los que estuvo cerca de renunciar, Maribel sigue encontrando razones para continuar. Ahora, además de los helados, trabaja en nuevas gomitas funcionales y en futuras líneas de productos.

"Vivo muy emocionada cuando cuento de lo que hemos hecho con Sazú y me encanta lo que hago", cerró Zúñiga Díaz.