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OES-UNA: Actividad económica, exportaciones y créditos crecen a menor ritmo

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Fuerza de trabajo se redujo en 70.615 personas en el último año y en 203.047 personas desde el 2020, con una importante brecha de género que denotan la mayor participación de las mujeres en la labores de cuido.

Costa Rica crece en sus principales indicadores económicos, pero a un ritmo que tiende a desacelerarse. Y esto ocurre en un contexto donde las presiones inflacionarias se incrementan, la deuda pública aumenta, los ingresos disminuyen y los conflictos internacionales generan incertidumbre del efecto local que pueda percibirse.

La actividad económica –medida por el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) del Banco Central de Costa Rica (BCCR)—, las exportaciones y la colocación de crédito al sector privado reflejan esa ruta de crecimiento que se desacelera, si se compara la situación actual con la de hace un año.

El más reciente informe del Observatorio Económico y Social (OES) de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional (UNA) así lo determina en su informe El país que recibe la administración Fernández Delgado: balance económico y social, presentado este martes, por parte de los investigadores Roxana Morales y Fernando Rodríguez.

La actividad económica en el país creció de manera interanual (abril 2025-abril 2026) un 3.41%, impulsada por las actividad financieras, la construcción, la administración pública y las profesiones científicas y técnicas. Sin embargo, ese crecimiento es 0.87 puntos porcentuales menos que hace un año.

Un dato relevante es el comportamiento, según los regímenes. Por ejemplo, el régimen especial (donde se ubican las zonas francas) y que venía mostrando un desempeño superlativo (con un incremento de hasta un 17.2% en julio 2025), solo creció un 3.7% este año. Para el OES-UNA la desaceleración en las exportaciones de dispositivos médicos y la salida de empresas trasnacionales explican este comportamiento.

Por su parte, el régimen definitivo (donde se ubica el resto de empresas) sí subió de un 2.3% a un 3.3% en abril 2026. No obstante, dicho ascenso, no compensó la desaceleración mostrada en la actividad económica.

La misma situación vivió el sector exportador. Aunque las ventas totales de bienes al exterior aumentaron un 6.9%, este porcentaje es menor al 12.3% del año anterior.

Uno de los riesgos que identificó el estudio es la alta concentración en cinco productos que tiene el sector exportador costarricense. Bienes que forman parte del sector de equipo de precisión y médico (Otras agujas y catéteres, cánulas e instrumentos similares; Otros dispositivos de uso médico y Prótesis de uso médico), más la piña y el banano, conforman el 49.9% del flujo exportador nacional.

El otro ámbito donde el crecimiento se ha ralentizado es en la colocación crediticia (un 1.3% a febrero 2026). El OES-UNA determinó que desde marzo 2025 se muestra una desaceleración gradual, en un contexto donde las reducciones de la Tasa de Política Monteria (TPM) definida por el Banco Central, no se ha reflejado en el resto de tasas de interés que cobran las entidades financieras por los préstamos aprobados.

En el último año, el BCCR rebajó la TPM en 0.75 puntos porcentuales (p.p.). No obstante el promedio ponderado de tasas activas en el sistema financiero, aumentó de 11.4% a 12.1% p.p.

Para los investigadores del OES-UNA, estos datos reflejan una transmisión incompleta y asimétrica de la política monetaria a las tasas de interés activas. El informe indica:

Esta situación limita los efectos esperados sobre el crédito, la inversión y el consumo, y reduce el impacto de la política monetaria sobre la actividad económica”.

A diferencia de estas tres ramas (actividad económica, exportaciones y crédito), el sector turístico vive un auge. A seis años de la pandemia de la covid-19, el Observatorio retrata que a abril de 2026 la visitación mostró un aumento del 9.2%, lo que representa 108.205 turistas más; es decir, una recuperación plena a la situación vivida por la pandemia.

A pesar de ello, el comportamiento del sector enfrenta una paradoja, en vista de que en el último año se han perdido 9.643 empleos, la mayoría en los ámbitos de alimentos y bebidas, alojamiento y actividades deportivas y recreativas.

Esas mismas distorsiones suelen reflejarse al extrapolar el comportamiento en todo el mercado laboral. La fuerza de trabajo (que comprende a personas ocupadas y desempleadas) se redujo en  70.615 personas en el último año y en 203.047 personas desde el 2020.

Esa contracción afecta en mayor medida a las mujeres: en los últimos seis años se redujo su participación en 141.534 plazas, frente a 61.513 entre hombres.

La brecha de género se hace más notoria al analizar la composición de quienes están fuera de la fuerza de trabajo (FFT). El 68.6% de las mujeres entre 25 y 59 años en esta categoría no participan en el mercado laboral por obligaciones familiares. Entre los hombres, el 7% deja de trabajar por esa razón.

Los investigadores destacaron:

Esto revela que las tareas de cuidado continúan recayendo sobre las mujeres. Esa carga desproporcionada les cierra oportunidades, restringe su autonomía económica y limita su participación plena en la vida laboral y productiva del país”.

En términos generales, aunque el país tiene una tasa de desempleo baja (7.1% al primer trimestre del 2026), esto no se debe a una mayor creación de fuentes de empleo, sino a que menos personas están trabajando. Es lo que el OES-UNA califica como un achicamiento del mercado laboral.

Inflación y tipo de cambio

El país acumula ya 37 meses consecutivos en que su inflación está fuera del rango meta establecido por el BCCR, de +- 1 punto porcentual en el rango de 2% a 4%. A mayo de este año, el indicador se situó en -0.97%.

En un análisis de tendencia, entre enero de 2022 y mayo de 2026, la inflación acumulada es de 4.89%. Sin embargo, el análisis hecho por el OES-UNA determina que esta situación castiga en mayor medida a los estratos con ingresos más bajos. Estos últimos perciben un impacto inflacionario del 6.9%, mientras que los de ingresos altos es solo del 3.2%.

A la luz de los acontecimientos externos, el país se encuentra en un estado de vulnerabilidad. “El entorno internacional presenta riesgos crecientes para Costa Rica. La persistencia de conflictos geopolíticos podría generar mayores presiones inflacionarias, encarecimiento de combustibles, aumento de costos de producción y una desaceleración de la economía mundial”, indica el estudio.

Con respecto al tipo de cambio, entre junio de 2022 y mayo de 2026, el precio promedio de compra-venta mensual se redujo en un 34%, hasta ubicarse en 454,4 colones por dólar. Esta apreciación de la moneda local afecta a sectores como el exportador, el turístico y otras actividades que compiten con las importaciones.

Para el Observatorio, si bien en los últimos días se presentaron algunos aumentos en el valor del dólar después de registrar mínimos históricos, “el tipo de cambio ha mantenido un comportamiento relativamente  estable, con fluctuaciones diarias normales de algunos colones al alza o a la baja”.

Finalmente, el balance fiscal muestra un panorama turbio. El deterioro en los ingresos tributarios bajaron de un 15.69% del producto interno bruto en el 2021 a un 14.4% en el 2025, situación que se mezcla con una deuda pública del 60.4% del PIB, superando el umbral más restrictivo de la regla fiscal.

Para el OES-UNA, la sostenibilidad de las finanzas públicas representa uno de los mayores retos de las autoridades económicas actuales “al limitar la capacidad del Estado para impulsar la inversión pública, atender demandas sociales y fortalecer el crecimiento económico de largo plazo”.