Imagen principal del artículo: No queremos un “Maximato” en Costa Rica

No queremos un “Maximato” en Costa Rica

El Maximato fue un período de la historia mexicana (entre 1928 y 1934) llamado así debido a que, durante estos seis años, el expresidente Plutarco Elías Calles (apodado “El Jefe Máximo de la Revolución”) gobernaba sin ser presidente. Calles fue elegido para gobernar entre 1924 y 1928. En aquel México posrevolucionario, la reelección era inconcebible, por lo que al terminar su período debía entregar la presidencia. La revolución de la que había participado comenzó en 1910 con la consigna de Francisco I. Madero de “Sufragio efectivo, no reelección”. Sin embargo, en la práctica Calles continuó teniendo el poder en México por medio de Emilio Portes Gil, Pascual Ortíz Rubio y Abelardo Rodríguez, tres presidentes considerados como “títeres” del Jefe Máximo.

Con ese marco conceptual como referencia, vale decir que en Costa Rica se pueden identificar algunas señales que deben causarnos preocupación. En primer lugar, la designación de Rodrigo Chaves como ministro de Hacienda y Presidencia, que guarda una gran similitud con el intercambio temporal de roles de Vladimir Putin y Dimitri Medvédev en Rusia. En 2008, ante la imposibilidad de reelegirse para un nuevo período como presidente, el partido putinista Rusia Unida impulsó al vicepresidente Medvédev, quien fue presidente hasta 2012 con Putin como vicepresidente. En 2012 volvieron a intercambiar los roles, para posteriormente efectuar una reforma que permitió a Putin más períodos consecutivos.

De alguna manera, si observamos con detalle el traspaso de poderes del 8 de mayo, pareciera como si el expresidente (actual ministro) y la exministra de la Presidencia (actual presidenta) hubieran intercambiado sus roles, mientras que los seguidores del movimiento jaguar auguran un retorno triunfal de su líder. Algo así como un segundo período de revancha, donde podrá gobernar sin aquellos límites al poder que tanto le estorbaron en su primer período.

Si hacemos caso a la anécdota narrada por el diputado frenteamplista José María Villalta, en la reunión de su fracción con la presidenta Laura Fernández y el ministro de la Presidencia, este segundo se refirió a la señora presidenta como “señora ministra”. Pareciera que el señor ministro resbaló en una cáscara de banano, como suele decir él en su jerga característica; tuvo un lapsus, lo que Freud llamaba traiciones del inconsciente. Sin duda, lo mejor que podría desearle la ciudadanía a Doña Laura en el inicio de su gobierno es que tenga autonomía. La señora presidenta ha manifestado que le pedirá cuentas al expresidente como uno más de sus ministros, esperamos que así sea.

Doña Laura, la persona designada para gobernar fue usted, nadie más. Indistintamente de si se está a favor o en contra de este gobierno, todos y todas los y las costarricenses deberíamos estar de acuerdo en algo: que siempre gobierne la persona que fue elegida por la ciudadanía. Que una persona gobierne a través de otra no es democracia. Definitivamente, quienes queremos ver siempre una Costa Rica libre y democrática, no queremos ver un “Maximato” en nuestra patria.