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No conozco Guanacaste con rótulos en inglés

Hay canciones que envejecen. Otras parecen crecer con el paso del tiempo. "Retahíla", de Malpaís, pertenece a esta última categoría. Cada cierto tiempo uno vuelve a escucharla y descubre que algunos versos adquieren nuevos matices conforme cambia el país.

La canción está tejida con referencias profundamente nuestras: el chicheme, el sol nicoyano, las fiestas de San Blas, el jocote tronador, Cuajiniquil, los refranes que pasan de generación en generación y esa manera tan guanacasteca de contar el mundo a través de una retahíla. Todo ello construye un paisaje cultural reconocible para algunos costarricenses. Quizá por eso hay versos que, con el paso de los años, adquieren una fuerza particular.

Hace algunos meses recorrí varias costas de Puntarenas y Guanacaste. En cada viaje hubo una frase que regresó insistentemente a mi memoria: "No conozco Guanacaste con rótulos en inglés".

En Santa Teresa de Cóbano entendí el peso de esas palabras.

En algunos sectores del pueblo ya resulta una sorpresa encontrar meseros costarricenses. Gran parte de quienes atienden restaurantes, cafeterías y hoteles son argentinos que trabajan en negocios pertenecientes a inversionistas extranjeros. Los rótulos en inglés abundan y, en algunos casos, aparecen letreros en hebreo. Uno sigue caminando sobre suelo costarricense y, sin embargo, la sensación de extrañeza es inevitable.

Nada de esto surgió de un día para otro. La transformación de muchas comunidades costeras lleva décadas gestándose. El turismo, la inversión extranjera y el incremento del valor de la tierra han ido modificando el paisaje físico y humano de nuestras costas. La discusión suele concentrarse en las cifras de crecimiento y en la cantidad de visitantes que llegan al país. Mientras tanto, otras escenas pasan inadvertidas: familias que ya no pueden sostener o adquirir una vivienda en la comunidad donde crecieron, trabajadores que deben desplazarse cada vez más lejos para poder vivir y poblaciones enteras que dejan de reconocerse en los lugares que durante generaciones llamaron hogar.

Una canción construida a partir de nombres, comidas, fiestas, dichos y paisajes termina adquiriendo un significado distinto cuando los lugares que les dieron origen empiezan a transformarse a una velocidad que dificulta reconocerse en ellos.

La discusión sobre la gentrificación no gira únicamente alrededor de la economía o el turismo. También trata sobre la permanencia de las comunidades, el derecho a pertenecer y la posibilidad de que las futuras generaciones hereden algo más que paisajes convertidos en marcas internacionales.