¿Qué es lo que hace que un escrito literario sea valioso? Algunas personas podrían afirmar que según su número de ventas o su posición en el ranking de “libros en tendencia” en plataformas tales como Amazon. Pues, si se busca equiparar el valor de la obra por sí misma (es decir, su contenido) con su valor de mercado, es correcto afirmar que mientras sea tendencioso y bien vendido, es una buena obra.
Podría decirse que ahora las personas leen mucho, más que todo los jóvenes. Al menos en España, las personas jóvenes (entre 14 y 24 años) son las que más leen, llegando a un 76,9% de la población; en lo que atañe a la población en general, dos de cada tres personas leen en su tiempo libre, lo cual es una cifra bastante alta. Pues, muy bien, podría decirse que, tomando de ejemplo a España, tenemos personas jóvenes que leen mucho. Ahora, vale la pena preguntarse qué es lo que leen y si tienen las herramientas suficientes para interpretar y procesar lo que se lee. Esto lo comento en razón de que si revisamos las obras más vendidas, al menos en plataformas como Amazon, nos encontramos con “best-sellers”, en su mayoría novelas románticas y de autoayuda, de vez en cuando si se puede colar algún escrito literario o de filosofía, vale la pena mencionar.
El tema de la lectura y los libros resulta bastante interesante, debido a que podría decirse que principalmente con el auge de las redes sociales, en gran parte esto se da debido al “fetichismo de la lectura”. Esta tendencia se puede decir que se manifiesta en que algunas personas pueden llegar a leer no necesariamente porque les guste el acto de leer, sino por el concepto que conlleva leer, desde el espectro social.
Leer, para algunas personas, otorga un estatus intelectual o bien la pertenencia a un grupo. De la mano con lo anterior, esta afirmación sobre el fetichismo que se le ha otorgado a los libros y al acto de leer se expresa de múltiples formas, tanto por aquellas personas que leen -o aparentan leer- para destacar o formar parte de un determinado entorno social, lo cual desnaturaliza la práctica, convirtiendo un espacio personal para gusto propio en una competencia de libros leídos, la complejidad de lo que se lee o qué ediciones se poseen.
Por otro lado, el libro también es un símbolo de estatus, o bien, como desarrolla Bourdieu, es una manifestación de capital cultural. A partir de la idea del libro como sinónimo de estatus, ha obtenido creciente popularidad dentro de las redes sociales el contenido relacionado libros; sea mediante libros con portadas bonitas, separadores ingeniosos, un libro con un café, etc. Cabe mencionar que no hay que satanizar el contenido en redes sociales de libros, debido a que existe contenido muy valioso de este tipo. Este “culto al objeto”, símbolo de estatus o instrumento para destacar en un entorno social desnaturalizan la belleza que conlleva el leer una buena obra de la cual se puede disfrutar.
Es por eso que al retornar a la pregunta planteada al inicio, puede decirse que (en la opinión de quien suscribe) que la buena literatura existe o es valiosa, cuando da un paso más en el desarrollo de las posibilidades de la razón humana. Este paso más, va estrictamente ligada al progresismo y al desafiar al status quo.
La buena literatura es por naturaleza controversial o desafiante. Desafiante, principalmente con las nociones actuales que se tengan sobre la libertad en la época en que fue escrito. Lo anterior se sustenta en que las buenas obras que consisten en verdadera literatura van más allá en lo que la sociedad concibe como un acuerdo intersubjetivo, yendo más allá dentro del racionalismo humano, ampliando las posibilidades de libertad. Lo valioso de la literatura reside en hacernos cuestionar, pensar y procesar, el razonar de la forma más amplia y diferente, otorgándonos herramientas para avanzar hacia el progreso.
Me gustaría afirmar que la historia es un péndulo de libertades, donde lo que hoy es prohibido y permitido, mañana podría no serlo. Es por esto que la libertad nunca es algo que se puede dar por sentado, siempre es algo que se puede perder.
En lo que compete al Derecho, la historia ha demostrado que las sociedades avanzan en medida que las ilegalidades se legalizan; la historia es el triunfo de las ilegalidades. Visto esto, me gustaría plantear al lector si hace 30 años todo lo que hoy es permitido lo era en los años 90. En este lapso de 30 años han existido una serie de reformas que ahora sancionan lo que antes era permitido y considerado como normal, incluso como habitual.
Por otro lado, también existen conductas o situaciones que anteriormente eran prohibidas o rechazadas, que ahora son permitidas, aceptadas e incluso promovidas, hasta por el propio Estado (queda a manos del lector realizar dicho ejercicio histórico).
Continuando con la idea, puede afirmarse que el Derecho siempre se queda corto contra la libertad. La verdadera libertad, o el mayor acercamiento a esta, siempre está un paso más allá de lo que la ley permite hacer, por eso algunos autores, como Jesús G. Maestro afirma que los que obedecemos al sistema y acatamos las leyes no somos verdaderamente libres, más bien, estamos sometidos. Por otro lado, son aquellos que infringen la ley (o criminales, como gusten llamarlos) aquellos que ejercer verdaderamente la libertad.
En lo que compete a la literatura y la libertad, estos van más ligados de lo que dentro de las aulas se enseña. Los avances sociales van esencialmente ligados a los avances literarios y la literatura valiosa, la cual plantea y exhibe reflexiones de la razón humana, que nadie antes de haber revisado esa obra hubiera pensado. Es aquí el motivo por el cual se realiza la afirmación sobre que los avances regulatorios llegan posteriormente a una serie de hechos sociales y de ideas que se entrañan dentro del imaginario social que hacen necesario la regulación de los hechos sociales en determinadas condiciones.
Cabe decir que la historia siempre mantiene una constante, el cambio. Ninguna sociedad es igual a la otra, es por esto que la buena literatura es tan valiosa, porque impulsa el cambio, no es casualidad que en los regímenes autoritarios prime la censura o se quemen libros.
También cabe decir que leer mucho no equivale a ser mejor persona o a ser más inteligente. Más bien, en lugar de concentrarse en leer la mayor cantidad de textos posibles, se debe hacer énfasis más bien en leer una buena obra y verdaderamente comprenderla. Nada se logra leyendo cientos de textos si se carece de las herramientas mentales para poder comprenderlo y procesarlos de manera adecuada para aplicarlos. Es de resaltar también que la lectura académica es un privilegio de clase, por lo que, mientras algunos se plantean como objetivo el comprender y analizar La Odisea, otros se ven obligados a levantarse de madrugada y llegar en la noche para ganarse el arroz y los frijoles.
Por último, leer más no equivale a ser más inteligente, influye qué se lee, cómo se lee, y las herramientas con que se cuentan para procesar lo leído. Vale más leer una vez El Quijote bien leído, que quince libros de superación personal, en mi opinión. Esto con mayor razón, ahora donde se redactan libros que dejan por lado el sentido crítico o que tratan a los adultos como niños que no comprenden nada, subestimando a las personas lectoras, como en los libros clásicos traducidos a español moderno.
